La historia de las secuestradoras sentenciadas a morir

Por: Juan Diego Britos

Yenifer vio como murieron su madre, su hermana y su sobrina en un traslado. El Tribunal y el Servicio Penitenciario miran para otro lado.

A Yenifer Leonela Engler la condenaron al olvido. Detenida en 2011 por secuestro extorsivo, la joven de 27 años arrastra tres cuerpos de los que nadie quiere hablar.

Quizás el destino se cobró las cosas antes de tiempo; aunque lo cierto, lo tangible y mensurable de esta historia, es que el mismo Estado que la sentenció a cinco años de prisión provocó la muerte de su madre, de su hermana y de su sobrina recién nacida.

La trama de la película se divide en dos secuencias. La primera ocurrió a las 6 de la mañana del 26 de noviembre de 2011, cuando Matías Granero fue interceptado por dos autos. Granero, hijo de un comerciante de zona norte, manejaba por la vieja Ruta 8 en dirección a José C. Paz. Lo mantuvieron en cautiverio hasta la medianoche. Lo liberaron en Escobar, en el KM 45 de la Ruta 9, luego del pago del rescate.

El 15 de diciembre del mismo año, Yenifer fue detenida junto a su hermana Vanesa Davico, su madre Justa Jimenez y otros hombres por haber participado del hecho. Fue alojada en la Unidad IV de Ezeiza hasta que logró el beneficio de la prisión domiciliaria y la trasladaron a su casa de Grand Bourg, Malvinas Argentinas. Por decisión judicial, quedó a disposición del Centro de Monitoreo del Servicio Penitenciario Bonaerense. Este organismo controlaba su situación y la trasladaba ante cada requerimiento del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Campana, a cargo de juzgarla. Vanesa y Justa estaban en idéntica situación. Varias veces viajaron hasta Campana. Siempre con oficiales del SPB y en condiciones irregulares.

-A veces viajaba sentada arriba de mi hermana porque no había lugar. Es más, el día que fuimos a firmar el abreviado, no nos querían llevar porque estaba la beba. Pero llamaron al tribunal y habilitaron el traslado.

Aquí comienza el segundo capítulo de la historia. El 6 de junio pasado, las tres mujeres y Malena, la beba de Vanesa, salieron de su casa; las esperaba el móvil no identificable del SPB. No era un viaje más: ese día firmarían el juicio abreviado que les proponía el fiscal. Era el cierre del proceso, el punto final a varios años de idas y vueltas. Un momento clave en sus vidas. Se prepararon para la ocasión y Vanesa alistó a su niña. Pero cuando llegó la camioneta de traslado, surgió el primer inconveniente con el oficial a cargo.

-La beba no puede viajar.

-Sin ella no viajo no tengo con quien dejarla.

El entredicho quedó en el olvido cuando -según Yenifer- el tribunal autorizó el traslado vía telefónica. Así fue que las tres viajaron en la Renault Kangoo, patente OME 755, junto a dos hombres y a una mujer del SPB. En total, eran seis más la beba, lo que violaba las normas nacionales de vialidad. Pero a las autoridades no les importó respetar las reglas. Querían cerrar el asunto lo más rápido posible. Y así fue.

A las 14:45, en la sede judicial de Campana, Yenifer y su madre firmaron una condena de 5 años, mientras que Vanesa acordó una pena de 10. Estaban presentes el fiscal José Luis Castaño, el defensor oficial Francisco Morell Otamendi y la auxiliar del tribunal María Victoria Bichara. Después del formalismo, las tres mujeres y la beba volvieron a subirse a la camioneta para regresar a su casa de Grand Bourg.

-A la vuelta venían los dos hombres adelante. Mi mamá y hermana, sentadas junto a la mujer. Yo en la parte de atrás con el teléfono celular. Fue cuando empezamos a dar vueltas.

El accidente ocurrió en la curva del KM 66 de la Ruta 9. La camioneta volcó y expulsó a Justa, a Vanesa y a la beba. También a dos oficiales: Gisela Aragon y Germán Penachi, ambos, con heridas múltiples, fueron derivados al Hospital de Campana. El otro penitenciario, Marcos Álvarez, y Vanesa siguieron sus pasos. Yenifer fue la única que se mantuvo en pie para contar la verdad.

-No chocó contra nada. Íbamos lo mas bien; yo venía con el teléfono y de repente empezó a dar vueltas. Cuando paró, salí y fui a ver a mi mamá que había salido despedida. Le hablaba y nada. Se murió ahí conmigo. A la beba la levanté yo. Me lo sacó una señora de los brazos y la llevó al hospital.

Yenifer quedó sola. La encerraron en un patrullero con su madre muerta a pocos metros. Al rato, llegó Luis Alberto Engler, su padre, pero no dejaron que hable con él. Se desesperó y empezó a golpear el móvil hasta que la llevaron al hospital. Allí se cruzó con el jefe del Centro de Monitoreo, que desde el principio dejó en claro las cosas.

-Sólo vengo por el personal.

La sobreviviente regresó en el auto de su padre. Sin custodia, pese a estar bajo supervisión del SPB, y sin ninguna explicación oficial sobre lo que había ocurrido. Los medios locales que cubrieron el accidente en ningún momento informaron que se trataba de un móvil de traslado y las autoridades judiciales jamás llamaron a Yenifer para escuchar su versión del accidente.

-Quedé peor que presa, olvidada. Tendría más derechos en un penal. Jamás nadie vino a verme ni me llamaron para declarar por el accidente. Para ellos, nunca pasó nada pero yo todavía no caigo. Estaba con psicólogo del Patronato de Liberados, vino tres veces y no vino más. Se lavaron las manos. Estoy loca. No duermo, son muchas cosas en la cabeza.

Justa y la beba murieron en el accidente. Vanesa permaneció en terapia intensiva dos meses. La cuidaba Luis, su padre.

-Vanesa estuvo internada en el hospital de Campana. El trato de los médicos fue bueno. Ella no estuvo monitoreada, quedó sin custodia. Nadie se comunicó conmigo. Siempre estuvo inconsciente, entubada. Tenía el hígado y el riñón comprometidos. El páncreas aplastado. Mirá que nivel de desidia –dice Luis Alberto-, que nosotros teníamos las máquinas que controlaban a mi mujer y a mi hija, y recién cuando murió Vanesa las vinieron a buscar.

El 24 de octubre, Yenifer fue liberada. Después de cinco años, pagó su condena. El destino quiso que sobreviva a la muerte de su familia, justo en la misma ruta, a sólo 17 kilómetros del lugar donde se cobró el rescate por el secuestro del que participó. La vida suele mostrar esas fatales coincidencias. En esta ocasión, alguien deberá pagar sus culpas. Tanto como Yenifer pagó las suyas.

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> Para el Tribunal, la responsabilidad es del Servicio Penitenciario

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