El estreno de Soy ella fue uno de los acontecimientos de la cultura LGBTIQ+ del año: la previa a la Marcha del Orgullo 2026. Fue un circo queer y freak, preferentemente una fiesta para las drags y las travas, pero también para los putos y las tortas. La ópera prima documental de Cecilia Pinotti sobre La Kalo, verdadero ícono drag del Conurbano Bonaerense, es un hito en si mismo. Filmada durante varios años, la película da cuenta, a través de gestos, vínculos e incertidumbres, de la historia de una mujer trans que crece, como es habitual, en un contexto difícil y adverso. Furia drag y travesti, denuncia y subversión política, poesía, la identidad como una construcción permanente entre el pasado y el presente, y una película sobre las diversidades sexuales que se estrena a metros del Congreso parece reunir mucho de lo que incomoda al gobierno nacional.
“Estaba investigando para un guion de ficción sobre el mundo drag queen y conocí a La Kalo. En 2020, ella, durante la pandemia, hizo público un posteo donde anunciaba que iba a hacer su transición. Ese posteo lo vi en redes sociales y también ella me lo contó en privado, paralelamente. Entonces, ahí apareció la idea de hacer la película. Yo le pregunté si le gustaría contar su historia con relación a que pudiéramos hacer estas filmaciones en tiempo presente, un poco de todo lo que iba a empezar a ocurrir con esa transición”, señala la directora.

Para Pinotti, la transición de género de La Kalo fue el mero disparador de la película, porque enseguida entendió que lo que le interesaba de ella “era su mirada, su forma de pensar, el cuestionar siempre todo lo que pasaba y lo que había alrededor”.
Como puede ocurrir, directora y protagonista coincidieron en su “manera de mirar el mundo”. Entonces Pinotti comenzó a construir la película “desde la cercanía con la cámara y con nuestro vínculo, que empezamos a desarrollar. Nosotras, con La Kalo, teníamos muchas charlas en las que ella me expresaba esto, me decía: ‘Hay temas que estoy hablando con vos o en cámara que nunca hablé con mi familia’”.

Consultada sobre qué cuestiones le llamaron la atención de la biografía y el arte de La Kalo para hacer una película diferencial sobre las vidas trans, la directora señala: “Aparecen cuestiones de la experiencia trans que son recurrentes. El escaso acceso a la salud integral, la falta de trabajo que siempre lleva al mundo de la prostitución, las dificultades en los vínculos con la familia, las luchas por el derecho a la identidad… Pero nunca quisimos, desde un primer momento, que cargara con la representación de un colectivo. Por eso, al inicio de la película, ella dice una frase: ‘Yo no quiero mostrar cómo es la vida de las personas trans’. Para Kalo, se trataba de contar su historia singular, la de una persona única, con un pensamiento propio, con muchas contradicciones y una enorme capacidad de transformar todo lo que tiene alrededor”.
A la hora de retratar la relación entre La Kalo y su madre, Pinotti tuvo claro desde el principio que “era una relación compleja, que no se podía reducir a aceptación o a rechazo. Era como un vínculo que iba y venía todo el tiempo. Había momentos de rodaje en que ella estaba mejor o peor con la mamá. Había muchísimas cosas que ellas no habían hablado nunca y que las charlaron por primera vez frente a la cámara: sobre lo ocurrido durante la adolescencia, sobre la denuncia de la madre a la hija, sobre cuando ella se fue de la casa. Son esas charlas que siempre se postergan con las madres, y se dio totalmente ahí para el equipo que estábamos en ese momento, y fue realmente muy increíble. Ahí te das cuenta del poder impresionante que tiene el cine”.

Uno de los grandes méritos de Soy ella es mostrar una lucha activista interseccional contra el poder y las adversidades de turno, porque La Kalo es pobre, morocha, del conurbano, drag, trans. Pinotti agrega: “En general, las desigualdades nunca funcionan por separado. La experiencia está atravesada tanto por la situación económica y la clase social como por el territorio, el trabajo, la salud y la vivienda, y en todas esas dimensiones se juegan las posibilidades concretas de tomar decisiones. La identidad se construye con todos esos recursos. Las transiciones de género no ocurren en un lugar abstracto, sino en una vida concreta, en ese espacio del Conurbano con problemas familiares y con una capacidad económica por la que tiene que luchar y trabajar todos los días”.
Otro de los méritos de la película es lograr, a través de imágenes y breves retazos, un verdadero retrato del conurbano. “En cuanto al Conurbano como contexto, fue en realidad retratar el propio territorio donde ocurría su historia, las familias de General Rodríguez, del barrio Los Naranjitos, donde La Kalo pasó su infancia y adolescencia. Después está Morón, que es donde ella vivió en diferentes oportunidades. Ella se mudaba bastante durante el período de rodaje, lo cual intentamos condensar en esto de los viajes en tren al conurbano y mostrar condiciones concretas de existencia”.

A medida que se conocían, establecían un vínculo de amistad, directora y dirigida, y de descubrimiento mutuo. “Lo maravilloso de La Kalo es todo lo que puede construir desde los elementos que tiene y cómo, con lo que tiene, puede transformarse ella y transformar su alrededor. Cuando ella dice: ‘Esta es mi casa y yo la pongo linda con lo que tengo, me gusta que esté bien’, resume una mirada súper inspiradora y un posicionamiento siempre para adelante. En la película, ella dice la frase: ‘Las chicas trans no tenemos un buen pasar, todo tiene que ver con lo económico, a veces estamos bien, a veces estamos mal, yo hice lo que pude con lo que tenía’. Ahí La Kalo condensa el mensaje de la película. A pesar de los tiempos nefastos que se están viviendo, el mensaje es bastante inspirador. Porque La Kalo hizo muchísimo con lo que tiene y todo lo que va logrando lo hace a base de fuerza propia y de militancia colectiva”. «
Soy Ella
De Cecilia Pinotti. Con La Kalo. Funciones: lunes 5, martes 6 y miércoles 7 a las 20 en el Cine Gaumont, Rivadavia 1635 (CABA).