El documental "Recuperar un futuro" retrata la valiente resistencia de 46 trabajadores y trabajadoras de Llavallol que, tras el vaciamiento empresarial en 2018, acamparon durante meses para salvar sus fuentes laborales y hoy gestionan con éxito su propia cooperativa.

Pasaron más de siete años desde que la empresa fue quebrada y abandonada por sus dueños. El registro del director Eduardo Schellemberg acompaña a los protagonistas en esa resistencia sostenida no solo contra la adversidad económica, sino frente a los duros embates de la justicia. El proceso legal fue un laberinto desgastante: el expediente tramitó en el Juzgado Comercial N° 2 de Catamarca, a cientos de kilómetros del conurbano bonaerense. Desde allí, siempre bajo la amenaza latente de ser desalojados, los laburantes pelearon a la distancia para que se dictara la quiebra con continuidad laboral, la única figura que impedía el remate de las herramientas. La cámara captura ese presente constante, la espera de la decisión del juez sobre el destino de los medios de producción, hasta llegar a la sentencia definitiva que consolidó a la cooperativa y que sucedió durante el mismo rodaje.
El camino hacia la recuperación estuvo marcado por una resistencia inclaudicable. La crisis estalló definitivamente el 31 de octubre de 2018, cuando recibieron los telegramas de despido que anunciaban el cierre intempestivo de la planta metalúrgica, históricamente dedicada a la elaboración de envases de hojalata. Ante el vaciamiento y la amenaza de perder sus ingresos, decidieron acampar en la vereda durante más de 130 días. Llegaron incluso a soldar los portones desde adentro para evitar que se llevaran las maquinarias. Sobrevivieron organizando un fondo de huelga, vendiendo comida en una parrilla solidaria y realizando changas, sostenidos por el inmenso apoyo de los vecinos, una comunidad que fue fundamental para acompañar la lucha. Tras una intensa disputa judicial, bajo la premisa irrenunciable de querer trabajar y llevar el pan a sus casas, lograron conformar la cooperativa y la justicia los avaló para volver a encender las máquinas.
Hoy se estrena «Recuperar un futuro» en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. El film que retrata la historia de estos laburantes tendrá funciones todos los miércoles de julio (1, 8, 15, 22 y 29) a las 20 horas en la sala Raúl González Tuñón, ubicada en Avenida Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires.
Para Nicolás Macchi, referente de Cotramel y uno de los protagonistas de la película, la cinta permite mostrar una dimensión que muchas veces queda invisibilizada por los fríos números económicos: «En los medios masivos se ve el cierre de una empresa, cuántos trabajadores quedaron afuera, cuántas pymes cerraron, pero detrás de esos números hay personas. La idea es humanizar qué sucede con la pérdida de un empleo: rompe la economía de una familia, genera incertidumbre y también rompe muchos lazos. Apuntamos a que la gente tome conciencia y entienda qué implica esa situación».
La relación de Macchi con la planta tiene además una profunda dimensión personal, ya que es la tercera generación de su familia vinculada a la fábrica. Su abuelo ingresó en 1950 y trabajó allí durante 45 años; su padre también forma parte de esa historia y él mismo ingresó en 2002. «Los momentos que más me emocionan son cuando se habla de mi abuelo, que fue un referente para mí, y recordar cuando despidieron a mi papá a los 63 años. Era una lucha personal y siempre me emociona mucho por lo que yo transité con mi hija chiquita en pleno acampe», relató conmovido.
Esa tristeza inicial hoy se transformó en fuerza: «También ver el contraste entre aquellos días de acampe y el momento en que volvimos a encender las luces de la fábrica y a producir junto a mis compañeros, eso me llena de orgullo», expresó.
En medio de un contexto económico siempre complejo para la industria nacional, la cooperativa continúa sosteniendo el trabajo y hoy atraviesa una nueva dificultad por la falla de una maquinaria que afecta los niveles de facturación. «Estamos inmersos dentro de ese lío pero con fuertes expectativas de reparar la máquina y volver a los niveles que teníamos. Sabemos que ha bajado la demanda y que a nuestros clientes también les bajó», explicó con el pragmatismo de quien sabe enfrentar tempestades.
Consultado sobre las sensaciones de cara al estreno en el día de hoy, el referente cooperativista dejó un mensaje que va más allá de la emoción personal y se convierte en una bandera para el sector obrero. «Vivimos este día con mucha ansiedad y grandes expectativas. Muchos de los que en su momento acompañaron la lucha sabemos que van a estar viviéndolo con enorme alegría. Nos llegaron felicitaciones de todos lados y la satisfacción de que se pueda contar esta historia, que seguramente va a ser el reflejo de un montón de trabajadores y trabajadoras que estén o que hayan atravesado una situación parecida de lucha y resistencia».
En ese sentido, Macchi reflexionó sobre el inmenso valor de la organización en tiempos difíciles: «Teniendo en cuenta el contexto actual, donde varias empresas se van del país o sus trabajadores son despedidos por las patronales, sentimos un orgullo inmenso de que después de tanto pelearla, esta es una historia que podemos decir que tuvo un final feliz. Podemos decir con todas las letras y con mucho orgullo que la fábrica es de los laburantes. Sentimos que esto que logramos es marcar un camino».
Y concluyó resaltando el poder de la unidad a lo largo de todos estos años de trinchera: «Tenemos la expectativa de que eso por fin se concrete en la pantalla y a la vez tenemos nervios, pero de los lindos. Son de esos nervios que son colectivos gracias a la lucha de todos y todas. Sobre todo sentimos mucho orgullo, tenemos el pecho bien inflado de que lo que nos está pasando es positivo, porque si nos organizamos, si dejamos las diferencias de lado y nos proponemos un objetivo común, se puede lograr algo hermoso».
La proyección de «Recuperar un futuro» no es solo el estreno de una película, es la celebración viva de una victoria colectiva. Cotramel demuestra que, frente a la desidia y el desamparo, la solidaridad de clase y la convicción inquebrantable pueden torcer el destino. Hoy, las máquinas de Llavallol suenan al ritmo de la dignidad, recordando a cada trabajador y trabajadora del país que cuando los brazos no se bajan, la fábrica es y será siempre de los que la trabajan.
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