La madre de un preso lastimado en un penal, se encadenó en un juzgado de San Martín para que su hijo sea asistido

Lo hizo para que sea asistido. El muchacho de 26 años recibió facazos de otros presos y balas de goma del Servicio Penitenciario.

Mariana Celi, de 48 años, apenas puede con su cuerpo: tiene EPOC, nódulos en las mamas, dificultades motrices y un coágulo en la cabeza, entre otros problemas de salud. “Pero necesito estar pilas para seguir a mi hijo. Estoy llevando papeles de un lado a otro, pidiendo ayuda pero nadie me escucha”, explica la mujer que hoy se encadenó en una de las escaleras de los tribunales de San Martín en reclamo de mayores medidas de seguridad para su hijo, Alan Emanuel Gómez, de 26 años, quien se encuentra detenido en la Unidad 46 de San Martín y habría sido golpeado por agentes del servicio penitenciario.

“Me cansé de pedir para que lo trasladaran porque ya no podía ir a visitarlo. Por suerte ahora está cerca, en José León Suárez, pero de la Unidad 48 lo pasaron a la 46, porque lo habían golpeado mucho”, describe Mariana, quien aseguró que el muchacho “No es un tumbero ni mala persona. Fue víctima de una causa armada”. Es que hace siete años atrás, cuando Alan tenía 19, fue detenido acusado de haber cometido un robo con arma, por el que fue condenado a 8 años de prisión.

“El día que lo metieron preso a él le habían dado el coche para que pasara a buscar a unas pibas. Nunca le dijeron que era robado, pero eso lo quiero dejar atrás porque realmente me duele un montón recordar”, señala la mujer y agrega: “Ahora ya le falta un año para irse a la calle. Eso que no hizo ya lo pagó. Pero durante estos siete años padeció persecución y hostigamiento del Servicio Penitenciario”.

Uno de los últimos episodios del que habría sido víctima su hijo se registró hace unos días atrás en la Unidad Penal de Alvear, cuando a modo de represalia por la huelga de hambre encarada por gran parte de los presos de la provincia de Buenos Aires recibió una paliza. “Después de una requisa común, lo manotearon y lo mandaron a buzones. Lo cagaron a palos, lo amenazaron de muerte y de ahí lo mandaron a la Unidad 48 de San Martín”, precisa Mariana.

El joven no habría sido bien recibido en la Unidad 48, donde sufrió puntazos y torturas de otros presos, además de balazos de goma por parte del Servicio Penitenciario. Luego de que la defensa oficial del joven no hiciera demasiado por salvaguardar la integridad física de su pupilo, asumió la defensa el abogado, Juan Manuel Casolati, quien explicó a Tiempo que Alan fue finalmente trasladado a la Unidad 46 y tras mantener un encuentro con la jueza de Ejecución Penal 2 de San Martín, Valentina Olmedo, la justicia resolvió que reciba las curaciones en un hospital, ya que sus heridas no habían sido tratadas.

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