La mano invisible del Estado: el 92% de las empresas son privadas en China

Por: Fernando Capotondo

Su número se quintuplicó entre 2012 y 2024, y son consideradas la nueva columna vertebral de la economía. Cuáles son los problemas que enfrentan y los controles a las que son sometidas. La aclaración de Xi Jinping.

«Más del 92% de las empresas son privadas” es una frase previsible en un gobierno de fundamentalistas del mercado, dispuestos a promover a toda costa las supuestas bondades del capitalismo occidental. Pero la sentencia deja de ser obvia – y sorprende – cuando su autor es nada menos que un alto funcionario de un país gobernado históricamente por el Partido Comunista, bajo los lineamientos de un modelo político/económico que se autodefine como socialista.

Precisamente, este fue el caso del director de la Administración Nacional de Regulación Financiera de la República Popular China, Li Yunze, quien hace días se encargó de informar que el número de empresas privadas “representa el 92,3% de las entidades del mercado del país y su número se quintuplicó entre 2012 y 2024”, con un total de 56,7 millones al cierre de enero de 2025.

En este contexto, uno de los crecimientos más significativos se registró en el rubro de alta tecnología, donde las empresas privadas pasaron de aproximadamente 28.000 en 2012 a sumar más de 420.000 en enero pasado, según informó la agencia Xinhua

“La participación privada – explicó Li – es todavía mayor en el segmento de las micro y pequeñas empresas, por lo que China profundizará las políticas del sector para facilitar su financiamiento”.

En esa línea, la Asociación Bancaria y la Federación Nacional de Industria y Comercio hicieron un llamado a los bancos para mejorar el acceso al crédito para las empresas privadas, con una reducción de los costos de financiamiento y una diversificación de los servicios financieros a las compañías tecnológicas, según informó esta semana el periódico China Daily.

Los préstamos a las empresas privadas alcanzaron, hasta junio de 2024, los 71,8 billones de yuanes (9,93 billones de dólares), con un crecimiento interanual del 9% y un 0,8% puntos porcentuales más alto que la tasa de crecimiento general de créditos.

Estos últimos anuncios se sumaron a la batería de medidas que el gobierno chino viene impulsando en los últimos años con el objetivo de acelerar aún más el desarrollo del sector privado, la nueva columna vertebral de la economía china.

Al respecto, fuentes oficiales confiaron que avanza la redacción de una Ley de Promoción de la Economía Privada, como instrumento para “desmantelar barreras, liberar el potencial del sector y crear un entorno empresarial más justo y dinámico”.

El valor estratégico que las autoridades chinas le dan al sector pudo comprobarse durante el Simposio sobre Empresas Privadas, que se realizó en febrero en Beijing, con la participación de los máximos funcionarios del área económica y del propio presidente Xi Jinping. “Los principios básicos para el desarrollo del sector privado han sido incorporados a nuestro socialismo con peculiaridades chinas, y no pueden ni serán cambiados”, afirmó el líder chino, en una definición que sonó como música para los oídos de los cientos de empresarios invitados, entre ellos los CEO de Huawei, Xiaomi, BYD, Hangzhou Yushu Technology, Shanghai Will Semiconductor y New Hope Holdings Group.

Al parecer, las palabras de Xi no fueron una mera declaración política para la ocasión. Días después de aquel simposio, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (CNDR) – organismo considerado el máximo planificador económico de China –  ratificó que “ayudará a las empresas privadas a contribuir a las principales estrategias nacionales” con actualizaciones de equipos y programas de recambio de bienes de consumo a gran escala, al tiempo que profundizará las medidas reglamentarias para “imponer sanciones más estrictas a quienes incurran en prácticas comerciales deshonestas”.

Bajo control

Para advertir la magnitud de estos anuncios es fundamental entender que las empresas privadas suelen funcionar en China con reglas más estrictas en materia de marcos regulatorios y controles de parte del Estado. También es importante saber que el gobierno procura que las decisiones corporativas no tengan la más mínima posibilidad de atentar contra los grandes objetivos nacionales, por lo que prefiere mantener una férrea autoridad sobre sectores estratégicos como el transporte, la banca, la energía y las telecomunicaciones.

En un artículo publicado en la última edición de la revista Qiushi (virtual órgano oficial del Partido Comunista Chino), Xi Jinping reconoció la importancia del sector privado, pero aclaró que su crecimiento no debe soslayar “la consolidación y el desarrollo inquebrantables del sector público”.

“La rápida expansión del sector privado de China ha desempeñado un papel importante en la estabilización del crecimiento, el impulso de la innovación, el aumento del empleo y la elevación del nivel de vida”, recordó Xi.

“Pero tanto el sector público como el no público – agregó – son componentes importantes de la economía de mercado socialista, por lo que deben complementarse y desarrollarse en tándem”.

Vientos en contra

A pesar del apoyo que reciben desde el gobierno, las empresas privadas se encuentra en un momento crucial, como consecuencia de distintos problemas coyunturales que enfrentan tanto a nivel nacional como internacional.

Los vientos en contra a nivel nacional responden a una demanda considerada insuficiente para, por un lado, reforzar su recuperación económica y, por el otro, fomentar un desarrollo impulsado por la innovación, como ya ocurre con la estrella de la Inteligencia Artificial, DeepSeek; el pionero en robots humanoides, Unitree Robotics; y el líder en vehículos eléctricos, Build Your Dreams (BYD), entre otras empresas que se consolidan en la vanguardia china.

En efecto, China insiste en alentar el llamado desarrollo de alta calidad, una suerte de imperativo estratégico para avanzar en medio de un panorama global que se vislumbra cada vez más complejo y competitivo.

Ocurre que a nivel internacional las empresas deben enfrentar la última ola de la revolución tecnológica del siglo XXI, que no sólo está transformando las industrias, sino también los modelos de producción y estilos de vida en general. A ello se suman las tensiones comerciales que surgieron a partir de la guerra de aranceles que Estados Unidos decidió declarar a varios países, entre ellos China, desde la asunción del presidente Donald Trump.

“En un momento en que el entorno internacional se vuelve cada vez más complejo e incierto, la base para la recuperación económica aún no es firme y la demanda efectiva es insuficiente, China necesita redoblar los esfuerzos para respaldar a su sector privado”, es el diagnóstico del economista jefe del China Minsheng Bank, Wen Bin.

Este impulso al sector privado coincide con lo que se observa como una profundización de la apertura de la economía china, un proceso que avanza en sentido contrario a las medidas proteccionistas que hoy reflotan otras potencias económicas.

Algunos roles están cambiando en el tablero mundial. El 92% de las empresas privadas chinas es un ejemplo demoledor.

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  • El país más desarrollado y uno de los mejores del mundo para sus ciudadanos, después de 50 años, pasaron de ser uno de lo peores países y uno del los más pobres en ganarle al dueño de la pelota, para los de boca, china es el país más capitalista del mundo, sin tirar un tiro.

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