Una investigación paciente, colectiva y comprometida con la memoria que cruza archivos, testimonios y barrio para devolverles nombre, historia y pertenencia a los socios desaparecidos del club de La Paternal.

En el corazón de Argentinos Juniors, en ese entramado único que une potrero, barrio y tribuna, la memoria no es un ejercicio aislado ni una consigna repetida: es una práctica cotidiana que se construye con historia, con nombres propios y con la certeza de que un club también es lo que recuerda.
Desde 2020, en plena pandemia, cuando el mundo parecía detenerse, un grupo de socios y socias decidió empujar hacia adelante una idea que venía madurando desde hacía años, incluso antes de constituirse formalmente como espacio dentro del club. Con raíces en La Paternal No Olvida, comenzaron a trabajar para algo que parecía tan simbólico como urgente: devolverles a los desaparecidos su lugar en la historia del Bicho.
“Arrancamos en pandemia, con mucha creatividad, moviéndonos en redes, haciendo entrevistas, tratando de instalar en el club y en el barrio un laburo de derechos humanos”, cuenta Mariel Alonso, parte del espacio que impulsa estas iniciativas. No era menor el desafío: se trataba de inscribir esa agenda dentro de una institución profundamente atravesada por su identidad popular.
Porque el bicho no es cualquier club. Fundado en 1904, es reconocido como el “Semillero del Mundo”, cuna de talentos que marcaron la historia del fútbol argentino y mundial, con Diego Maradona como su máxima expresión. Pero además de formar jugadores, el club siempre fue —como tantos otros clubes de barrio— un espacio de pertenencia, de construcción colectiva, de identidad.
Y es justamente en esa identidad donde la memoria encuentra su lugar.
La idea de restituir los carnets a los socios detenidos desaparecidos venía desde hacía tiempo. Sabían que eran siete hinchas identificados dentro de un padrón más amplio de 68 vecinos desaparecidos de La Paternal. Pero el contexto no permitía hacerlo de inmediato. Hubo que construir primero las condiciones.
Ese trabajo silencioso, de hormiga, tuvo su momento clave en 2022. En el estadio Estadio Diego Armando Maradona, con el club abierto y el campo de juego como escenario, se realizó la restitución de los carnets.
“Fue a todo trapo, no faltó nadie”, recuerda Mariel. Estuvieron autoridades del club, referentes de derechos humanos, familiares. Entre ellas, Nora Cortiñas y Delia Giovanola.
Pero lo que se jugaba ahí iba mucho más allá de un acto formal.
“Nosotros entregamos los carnets a las familias, pero eso implica restituir una parte de su identidad. Porque si a vos te preguntan quién sos, decís tu nombre, de dónde sos y de qué club sos. Eso también les fue arrancado” afirma, marcando identidad Alonso.
En un país donde el fútbol es parte constitutiva de la cultura, devolverles la condición de socios es volver a nombrarlos en un lugar del que nunca debieron ser borrados.
“Así como hay cosas de la historia del club que nos gustan más o menos, estos compañeros también son parte de la historia de Argentinos Juniors. Y el club fue parte de sus vidas”.
Ese cruce entre memoria e identidad se fue consolidando también en la tribuna. Lecturas de nombres en los partidos cercanos al 24 de marzo, banderas con pañuelos, campañas que nacen desde el corazón del hincha.
Una de ellas, la estampación de pañuelos en camisetas, desbordó cualquier previsión.
“Hicimos 100 pensando que iban a sobrar. En dos semanas no quedaba ninguno. La gente nos paraba para pedir más”.
En un contexto nacional atravesado por discursos negacionistas, esa respuesta popular no es menor. “La gente, en su gran mayoría, no olvida lo que pasó. Y estas acciones ayudan a ejercitar la memoria” afirma con conviccion.
Claro que no es un camino sin tensiones. “No todos están de acuerdo, como pasa también con la agenda de género. Pero institucionalmente el club tomó una decisión. Y eso es muy importante”.
Esa decisión se consolidó cuando la subcomisión pasó a ser Comisión de Derechos Humanos. Cuando el club abrió sus puertas, cuando el presidente acompañó, cuando el estadio dejó de ser solo escenario de fútbol para ser también territorio de memoria.
En ese recorrido, este año sumó un nuevo capítulo: la aparición del octavo socio desaparecido, José Eduardo “Tucho” Feldman.
No fue casualidad. Fue resultado de años de trabajo y de una tarea minuciosa sobre archivos del club: viejos libros de socios, fichas en papel, registros que sobrevivieron al tiempo, a las mudanzas, a las inundaciones.
“Agarramos cada nombre y lo cruzamos con bases de datos como el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado y el Parque de la Memoria. Uno por uno”. detalla parte de l trabajo de investigación
Así apareció Feldman. Ya estaba registrado como desaparecido del barrio, pero no se sabía que había sido socio del club.
El siguiente paso fue encontrar a su familia. Y ahí apareció otra escena profundamente humana.
“Le escribí a un Carlos Feldman por Facebook. No sabía si era él. Le expliqué quién era, qué estábamos haciendo. Y a la hora me respondió: ‘Soy yo, el hermano de José’”.
El encuentro fue en el club. Llegó con sus hijos, con fotos, con recuerdos.
“Es imposible no emocionarse. Siempre lloro”, dice, sin vueltas.
De ese encuentro surgieron detalles que reconstruyen la vida de Tucho: estudiante de Derecho, militante de la Juventud Peronista, jugador de fútbol. Su apodo, por Norberto Méndez, goleador histórico de la selección.
Pero también apareció el barrio.
El potrero donde jugaba, frente a la llamada Plaza Pappo. Las calles de La Paternal. El día en que se asoció al club junto a sus amigos, todos juntos, como se hacía entonces.
“Vinieron en patota, todos del barrio. Eso también es lo que estamos reconstruyendo”.
Porque en definitiva, la memoria no se arma solo con datos: se arma con escenas, con vínculos, con pertenencia.
La historia de Feldman será incorporada en la nueva edición del libro El Bicho tiene memoria, que se presentará el 20 de marzo junto a la colocación de una placa y una nueva intervención: la octava mariposa.
Pero incluso eso es apenas una parte.
“El laburo es acumulación. Es de quienes investigaron antes, de quienes guardaron los archivos, de quienes sostienen la memoria en el barrio”.
Y también es una forma de entender qué son los clubes.
“Un club es un lugar donde te sentís parte. Donde sentís que eso también es parte tuya”.
En Argentinos Juniors, esa idea se vuelve concreta. En cada nombre que se recupera, en cada historia que vuelve, en cada gesto que une pasado y presente.
Ahí, donde nació el “Semillero del Mundo”, no solo se forman jugadores. También se cultiva memoria. Y esa, como el fútbol, se juega en equipo.
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