La motosierra sólo corta a los deportistas: con Milei ganan las SAD y los negocios privados

Por: Roberto Parrottino

El presidente degradó Deportes a subsecretaría y la derivó en Macri, quien eligió para el cargo a un empresario, puro símbolo de sus intereses: Ricardo Schlieper, representante de jugadores. El golpe al deporte sacude desde las inversiones en infraestructura hasta los paralímpicos.

En medio de una lluvia de insultos, silbidos y reprobaciones, Javier Milei se retiró el domingo pasado del campo de juego de La Bombonera, donde había ido a votar a Mauricio Macri en las elecciones de Boca. Le recordaron al presidente de la Nación que los clubes, en la Argentina, son de los socios. La paliza electoral de Juan Román Riquelme, su aura de líder popular, relegó a un segundo plano que ese día hubo seis elecciones en clubes del fútbol argentino. Tres, incluso, con récords de votantes (Boca, San Lorenzo y Colón). El miércoles por la noche, sin embargo, Milei metió al fútbol en el decretazo que pretende derogar y modificar más de 300 leyes: “Modificación de la Ley de Sociedades para que los clubes de fútbol puedan convertirse en sociedades anónimas si así lo quisieran”. Prohibidas las SAD en el estatuto de la AFA (el DNU la insta a incluir la figura en el plazo de un año), más que una “necesidad y urgencia”, la presencia de las sociedades anónimas deportivas responde a los negocios empresariales y a las promesas de los capitales extranjeros, pero sobre todo al pacto lascivo de Milei con Macri, tan derrotado en Boca que ni siquiera fue a votarse.

La mano derecha (y visible) de Macri en el deporte se extiende hasta la degradada subsecretaría de Deportes de la Nación (en el gobierno anterior integraba el Ministerio de Turismo y Deportes). Sin designación formal, el subsecretario es Ricardo Schlieper, representante de futbolistas, candidato a intendente de Rosario por el PRO en 2011 y a diputado por Santa Fe en las últimas elecciones en la boleta de Patricia Bullrich. Ex periodista deportivo, afiliado a la UCeDé hasta que el partido se alió al menemismo en los 90, Schlieper rompe con la tradición de ex deportistas. Si la saliente secretaria de Deportes es Inés Arrondo, Leona del hockey, el primer secretario de Macri había sido el ex futbolista Carlos Mac Allister, padre de Alexis. Schlieper aceptó el encargo de Macri, a quien se sumió cuando era presidente de Boca y él representaba desde Roberto “El Pato” Abbondanzieri hasta los hermanos Gustavo y Guillermo Barros Schelotto. De Milei, el 12 de octubre, Schlieper había opinado en X: “La Libertad NO Avanza cuando una de las características principales de su líder y candidato es la intolerancia a cualquier cosa que no sea su pensamiento. La primera libertad es la de opinar libremente. El liberalismo no es solamente economía”.

Macri ubicó durante su presidencia (2015-2019) -o en su “primer tiempo”- al representante de futbolistas Gustavo Arribas a cargo de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Arribas siguió en el negocio del fútbol mediante su hijo y sobrino. El pastiche mileísta es Schlieper, que continúa en la representación de jugadores a pesar de la función pública a través de Ricardo Schlieper hijo. “No terminé del todo bien con él. Hubo algunas deudas, números que no terminaron bien cerrados, cuestiones económicas que pasan con los clubes -dice un ex futbolista de un equipo grande en los 90 a quien Schlieper representó-. Sentí que no me había cuidado del todo. Pero dentro de lo que es un representante, fue un tipo serio. El piso es muy bajo en un ambiente complejo. No sé cuánta capacidad y conocimiento tiene para manejar desde un lugar tan importante. No es habitual un representante de jugadores en un cargo público. Me sorprendió. Dije: ‘Qué raro…’. No sabía que estaba tan metido, rodeado de gente con poder de decisiones”.

La degradación de Deportes al rango de subsecretaría en la órbita del Ministerio del Interior acarrea la reducción a la mitad del presupuesto. El de 2023 alcanzó los 17.321 millones de pesos. Peligran por la motosierra la asistencia a los clubes de barrio, los juegos nacionales -como los Evita-, las inversiones en infraestructura y hasta los deportes paralímpicos, que dependen de las escuelas deportivas. Al frente de la dirección del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), que tuvo una partida en 2023 de 5.250 millones de pesos, estará Diógenes de Urquiza Anchorena, quien sucedió en 2018 a Mac Allister para “bancar” la degradación -vía DNU- de la secretaría en “agencia”. En 2017, Macri había desfinanciado al ENARD con la quita del 1% del impuesto a la telefonía celular, el ingreso que le daba autonomía, colocándolo dentro del presupuesto nacional. De Urquiza Anchorena -gerente de Le Coq Sportif, marca que vistió a los deportistas argentinos en los Juegos Panamericanos Santiago 2023, y cofundador junto a Macri de la Asociación de Pádel Argentino– les dijo en 2018 a deportistas de 21 años que reclamaban sus becas: “No puedo entender eso de ‘vamos a pedirle al Estado’. ‘Papá, dame plata’. No, andá a laburar, ya tenés 21 años”. De Urquiza Anchorena tiene 60. ¿Se venderán el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) y el Instituto Superior de Educación Física N° 1 “Dr. Enrique Romero Brest” para los negociados inmobiliarios de los amigos en Núñez, como se intentó entre 2018 y 2019, una avanzada frenada, en especial, por el ‘no’ y las marchas de un grupo de deportistas? En el entramado deportivo entre Milei y Macri, el ojo que a distancia todo lo ve es el poderoso empresario Gerardo Werthein, ex titular del Comité Olímpico Argentino (COA), nombrado embajador en Estados Unidos, y cuestionado ahora por una denuncia de estafa por 84 millones de dólares. ¿Se financiará el deporte de la caja nueva de las apuestas deportivas?

“Lo que se viene en el deporte no lo sabe ni el presidente ni mucho menos el señor Schlieper. Aparentemente no tienen gente para otra cosa que no sean las actividades financieras. De dónde se parte es difícil de saber dado que no se hace un análisis de la situación desde hace casi diez años. Lo negarán y dirán que tienen todo previsto y que hay otras prioridades y que el capital privado se hará cargo. Ya lo hemos escuchado antes. También habrá cooptados dentro del deporte que asentirán con unción bovina a lo que se diga por disparatado que sea y buscarán medrar desde su rinconcito”, dice Osvaldo Arsenio, ex director nacional de alto rendimiento de la secretaría, radicado en Alemania, donde despliega sus conocimientos. Entre los “cooptados”, nadie hizo mejor los deberes que el palista Ariel Suárez, olímpico en Londres 2012, que suele escupir en las redes sociales odios múltiples y que todavía rema por un cargo.

“Los resultados del deporte argentino en los Juegos de Tokio 2020 fueron malos, mostraron un retroceso, en parte por un recambio generacional y en parte porque se hizo poco y se planificó menos. Apenas se puso el piloto automático, con becas diluidas por la inflación, participación sin análisis técnico (ya casi no quedan expertos en periodización del entrenamiento) y con restricciones por la economía desfalleciente -explica Arsenio-. En París 2024, la situación puede ser parecida, aunque una o dos medallas en los deportes de equipo cambien la cara de la delegación y la ubicación del país, avanzando 20 o 30 lugares en la clasificación aunque todo esté mucho peor. En el deporte no hay muchos secretos: se puede llegar al éxito fundamentalmente por selección y desarrollo de talentos de una masa importante de niños y jóvenes a través del deporte escolar y social. Para ello, necesitás que existan y tener suficiente infraestructura pública y privada. No es el caso de Argentina”.

El subsecretario de Deportes Schlieper, lector de Juan José Sebreli (“los hinchas son unos estúpidos”), ya se había manifestado a favor de las sociedades anónimas: “Los mejores del mundo juegan en clubes que son SA. El fútbol en casi todo el mundo es de SA”. Y repasó que Aston Villa (Dibu Martínez) “pertenece a un empresario egipcio”, que Benfica (Nicolás Otamendi y Ángel Di María) es SA, que Tottenham (Cuti Romero) “a un grupo financiero inglés”, que Chelsea (Enzo Fernández) a uno “americano” y que Manchester City (Julián Álvarez) a Abu Dabi. Omitió a los clubes de formación, los que volvieron a abrirles las puertas después de Qatar 2022. A General Urquiza de Mar del Plata (Dibu), a San Lorenzo de Córdoba (Cuti), a Barrio Nuevo de Villa Devoto (Otamendi), a El Torito de Rosario (Di María), a La Recova de San Martín (Enzo), al cordobés Calchín (Julián). Hay 6.500 de todo el país inscriptos en el Registro Nacional de Clubes. Reciben apoyo para sobrevivir. Y para formar y contener, no sólo a chicos que fueron campeones mundiales.

“Las clases dominantes pueden quejarse de un gobierno de izquierdas, de un gobierno de derechas, pero un gobierno no les causa problemas digestivos, nunca les destroza la espalda, un gobierno nunca los lleva a ver el mar -escribe el francés Édouard Louis en Quién mató a mi padre (2018), una novela que expone la ausencia del Estado en Francia y las políticas que hunden aún más a los pobres-. La política no cambia sus vidas, o lo hace bastante poco. Esto también es curioso, ellos hacen la política, pero la política apenas tiene ningún efecto sobre sus vidas. Para las clases dominantes, la política es a menudo una cuestión estética: una manera de pensarse, una manera de ver el mundo, de construirse como individuos. Para nosotros, era vivir o morir”. El deporte, reza el lugar común, salva vidas. Puede también, por las clases dominantes, que no.

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