Por Sebastián Salgado, corresponsal de Hispan TV en México.
En México no hubo palabras a la altura de la situación. Los pseudoanalistas de Televisa, enfrascados en su campaña pro-Hillary, solo practicaban muecas y posturas corporales, esperando el apocalipsis del recuento final.
Para los congresistas, que se tomaron selfies en el Senado, con remeras de la candidata, la noche del 8 de noviembre todavía no termina.
Culpando a encuestadoras, los algoritmos étnicos de la supremacía blanca asomaban detrás del muro que inició Bush y siguió Obama. Pero que el magante de pelo amarillo prometió terminar para defender sus fronteras de migrantes marrones.
Trump acusó a los mexicanos de ser violadores y criminales como parte de su campaña. Aunque obtuvo menos votos que Clinton, será el próximo presidente de EE UU.
Más allá de la posible ruptura del TLC, que convirtió a la frontera sur del Río Bravo en zona de maquilas y mujeres asesinadas, las nuevas defensas de industria israelí podrían romper también los lazos de sangre mezclada.
La palestinización de los mexicanos es la frase que para el analista Alfredo Jalife-Rahme puede expresar mejor el futuro de los hombres y mujeres que se ocultan de la migra y las patrullas fronterizas.
Invasión, colonización, estigmatización, campaña xenófoba, encarcelamientos masivos y muro fronterizo. Realidades que israelíes y estadounidenses impusieron en la convivencia con sus vecinos.
Pero los mexicanos nunca guardaron las llaves de sus casas. En las escuelas se enseña a memorizar las capitales de los Estados de Unión Americana, pero nada del territorio perdido. El deseo de pertenencia geográfica a Norteamérica parece haber sido más fuerte, al menos para los gobernantes, que la identidad latina de unión hacia el sur.
La supremacía blanca anglosajona y protestante aparece, una vez más, como gendarme del bien y del mal, capaz de realizar sus propios linchamientos. Por eso, el primer ingreso de capitales para México, que son las remesas de los migrantes, está en grave riesgo. No solo por la ausencia del Estado, que no crea un Ministerio que defienda a estos trabajadores quienes movilizan la economía de su país natal sino porque el temor a ser deportados, encarcelados, agredidos o asesinados por la Asociación del Rifle podría provocar un regreso masivo y voluntario.
Desde Arafat hasta hoy, el kufiye o pañuelo palestino se usa como el símbolo de la resistencia contra la opresión sionista en manifestaciones de todo el mundo. Por eso, el sombrero de charro, parece quedarle grande a un presidente pequeño como Peña Nieto, moldeado al calor de las pantallas de TV, e incapaz de manejar su propia agenda política. La pregunta entonces surge, ¿y ahora quién podrá ayudarlos? «
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