El problema es global: ante la fuerte demanda de sedantes, relajantes y otros medicamentos para pacientes graves, los productos escasean y los precios suben. El Estado intervino para poner precios máximos: desde la UAS cuestionan que llega tarde, mientras que Ceprofar propone que se avance hacia la producción pública.

Members of the medical staff hold a patient infected with Covid-19 at the intensive care unit of the Andre-Gregoire intercommunal hospital, in Montreuil, Seine-Saint-Denis, on the outskirts of Paris, on April 1, 2021 as the country adopted new measures to fight against the spread of the novel coronavirus. (Photo by BERTRAND GUAY / AFP)
“Desde el año pasado los prestadores y financiadores de la salud venimos advirtiendo públicamente acerca de la escasez y las distorsiones que se están dando en los precios de medicamentos analgésicos, sedantes y relajantes musculares indispensables para el tratamiento de pacientes en terapia intensiva. La pandemia de COVID-19 generó un inusual aumento en la demanda de estos productos a nivel mundial. Hasta el momento el mercado global tiene dos grandes proveedores principales de estos medicamentos críticos y sus principios activos: China e India. Este aumento en la demanda y las dificultades de movilidad por los aislamientos generaron dificultades de provisión y escasez en muchos países, así como distorsiones en los precios y el surgimiento de un mercado negro. En la Argentina esta situación se viene tornando crítica en el marco del aumento de casos por la segunda ola pandémica”, alertó este lunes la UAS mediante un comunicado. Y cuestionó que el acuerdo alcanzado la semana pasada entre el Ministerio de Salud de la Nación, laboratorios y distribuidores de fármacos indispensables para pacientes internados en terapia intensiva para establecer un precio máximo de referencia por un lapso de seis meses “llega tarde, y sólo después de que la industria ha asegurado aumentos discrecionales en insumos escasos y críticos. Pero aun así, incluso con estos aumentos ilógicos, los prestadores y financiadores continuamos teniendo problemas de aprovisionamiento. De continuar estos faltantes de productos, deberá recurrirse a medicaciones alternativas, situación que no es la ideal para la salud de nuestros pacientes”.
Al respecto, dieron algunos ejemplos: el midazolam para sedación de pacientes, que previo a la pandemia tenía un costo de 38,70 pesos, aumentó 1229%, fijándose luego del acuerdo en $514 (con IVA). El atracurium besilato, un relajante muscular, tenía un costo de 138,58 pesos. Tuvo un aumento anual de 428%, llegando a los $732 (con IVA) luego del acuerdo. El Bromuro de pancuronio, que costaba $53,65 había aumentado su precio un 362%. Se fijó en $205 ($248 con IVA).
“El problema central es que aumenta por diez mínimo el requerimiento (de medicamentos como relajantes musculares y sedantes, de uso básico en las terapias intensivas) y la producción e importación sólo se multiplicó por tres. Es un insumo escaso”, explicó a Tiempo Rubén Sajem, de Ceprofar. Y agregó que “lo que se propone con esa resolución conjunta (la original es de noviembre de 2020, complementada por la de la semana pasada) es dar un aumento y monitorear que se produzca más y no se exporte”. Según Sajem la medida “está reconociendo que (los laboratorios) se aprovechan de una situación de pandemia”. Por eso, sostiene que “en algún momento va a haber que plantear la necesidad de la producción pública. Es muy difícil en un momento de pandemia ir a controlar adónde venden los que producen. Estos mismos laboratorios tienen acuerdos con toda América latina. Son los que tienen los convenios con laboratorios internacionales que les proveen materias primas. Desde el Estado les están diciendo que tienen una licencia para producir en Argentina: que no se abusen”.
A mediano plazo, el planteo desde Ceprofar es que “a futuro esto requieren otro tipo de solución: implementar un mecanismo de producción pública”. Al respecto, recordó “¿qué pasó con las vacunas de calendario? El año pasado Argentina tuvo producción nacional. Porque en 2010 se tomó la iniciativa de empezar con producción nacional. Tarda, pero cuando tenés la infraestructura, ante la necesidad lo incentivás y lo producís. Es la iniciativa que ahora creemos que se puede tomar”.
Por su parte, el Observatorio de Costos de Salud de la UAS –presidida por Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical Group- indicó que va a realizar un monitoreo de la Resolución conjunta 1/2020 del Ministerio de Salud y la Secretaría de Comercio Interior durante el periodo que tenga vigencia a fin de verificar su cumplimiento en cuanto a los precios y el abastecimiento.
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