Es un secreto a voces en Brasil: Flávio Bolsonaro quería retirarle a la virgen de Aparecida el título de patrona del país, por postura evangélica, aunque el candidato de la derecha lo negó y acusó al PT de generar esa noticia con fines electorales. «Respeto todas las religiones y también a quien no tiene religión», dijo, aunque admitió que en general evita la veneración católica de santos. Lula es católico y no dudó en inmiscuirse en el debate ratificando: «Mientras sea presidente de la República, nadie va a burlarse de nuestra señora de Aparecida. Hay que aprender a respetar a todas las religiones». Lo dijo en un epicentro católico del país, la ciudad amazónica de Belém.
La controversia no es casual. Brasil siempre sostuvo una muy fuerte influencia religiosa, que en las últimas décadas sufrió un cambio: el predominio histórico de los católicos, que superaban el 90% de la población hasta fines del siglo XX, fue desafiado por el generoso crecimiento de distintas iglesias evangélicas.
Según los últimos trabajos de campo del Instituto de Estudios de la Religión, en la actualidad, la mitad de los mayores de 16 años sigue siendo adepto a la Iglesia Católica aunque los evangelistas son cerca de un tercio de la población.
Llevado al terreno electoral, casi la mitad de los católicos va a votar por Lula, un porcentaje que se acrecentó luego de la polémica por la virgen de Aparecida. A Bolsonaro lo sigue el 29% de la grey católica y por el contrario, entre la congregación de fieles evangélicos, el candidato de derecha supera al actual presidente en valores que rondan los 46 a 27 por ciento.
«La jerarquía (católica) se posiciona a partir de la doctrina social de la Iglesia y con eso tiene más afinidad con la izquierda», asegura la antropóloga Regina Novaes, quien participó de los informes mencionados. Por su parte, la Conferencia Episcopal Brasileña indicó en junio que evitaría apoyar a cualquier candidato o partido. Aunque, durante la campaña, miembros destacados del clero se mostraron indudablemente favorables a las políticas impulsadas por Lula. Justamente, el crecimiento de los sectores evangélicos se debió a haberse acercado a la derecha con lo que se denomina una «agenda moral» opuesta al aborto, los derechos de minorías sexuales y otras cuestiones. «