Argentina activó el ritual del sacrificio para empatar con Colombia, en un clima alejado a la fiesta en el Monumental. La salida de Messi en el segundo tiempo fue parte de un cambio de época.

Un rato después de la expulsión de Enzo, el que salió fue Lionel Messi, y eso también resultó un episodio fuera de lo común, parte de un cambio de época. Aunque el partido anterior frente a Chile lo entró a jugar desde el banco, no es habitual que Messi sea variable de una modificación táctica como ocurrió esta noche de junio de 2025 en el Monumental. El capitán del equipo, que se había mostrado activo y participativo, dejó la cancha para el ingreso de Exequiel Palacios. Al mismo tiempo entró Juan Foyth por Facundo Medina. El que se quedó a cargo del fútbol del equipo, sin Messi en el campo, fue Thiago Almada. Lo hizo con un golazo, el 1-1.
Almada es un jugador formado por la selección. Atravesó distintas categorías, incluso jugó para el combinado olímpico Tokio 2020 y París 2024. Fue campeón del mundo en Qatar 2022 aunque como un actor secundario dentro del equipo. Hizo inferiores y debutó en primera en Vélez, pasó por la MLS, por el Brasileirao, ganó Copa Libertadores con el Botafogo y llegó a Europa, al Lyon, al fútbol francés. Como si cada uno de esos pasos fuera el peldaño de una escalera. En este año desplegó su repetorio en la selección, donde su influencia creció. Golazo frente a Uruguay en el Centenario, conducción y pase en el tanto de Julián Álvarez frente a Chile, y al rescate de lo que se presumía como una mala noche contra Colombia. Es también un mérito de Lionel Scaloni y del cuerpo técnico haberlo llevado sin apuro.
Almada es parte de lo nuevo que termina de nacer, sin necesidad de que lo viejo termine de morir. Lo nuevo se imbrica en lo viejo. Quizá, más allá del gol y importancia, la figura del equipo no haya sido Almada sino Leandro Paredes y esa red de pases que entretejió en la mitad de la cancha. Le tocó un desafío difícil, por lo áspero, por el juego físico, por ese trío compuesto por Castaño, Richard Ríos y Jefferson Lerma, y porque en el primer tiempo la Argentina sufrió el partido, desbordada en la zona de acción de Nahuel Molina y Rodrigo De Paul. Por ahí llegó el gol de Luis Díaz. Los dos salieron en el segundo tiempo. Entraron Nicolás González y Giuliano Simeone para las bandas. Y por adentro Paredes creció, importante tanto en la recuperación como en el reparto.
Fue hasta ese primer tiempo un gran partido de Colombia. Pero su falta de atrevimiento cuando ganaba y tenía un jugador de más le dio pasto a la Argentina. No supo o no quiso oler sangre el equipo de Néstor Lorenzo. Inició un repliegue en el campo de juego que resultó fatídico para sus planes. Dibu Martínez, es cierto, se anotó una doble tapada para salvar a la Argentina, y además hubo un cabezazo que se fue desviado. Pero Colombia le permitió a la selección ensanchar su ánimo, saber que el empate era cuestión de acelerar. Como aceleró Almada.
La Argentina supo que quizá la noche sólo daba para hacer lo que se podía, sin mayores exigencias para un equipo que ya está clasificado al Mundial 2026. Porque a veces es eso: se hace lo que se puede. Un mantra de esta época aplicado al fútbol y a la selección. Más allá de las apenas ocho derrotas que tiene el equipo con Scaloni al frente, lo que demuestra que a veces el plan puede fallar, esta Argentina tiene la característica de mimetizarse con el partido que le toca. Hay una búsqueda de preciosismo en el equipo, un ajuste de detalles para mejorar el fútbol de cada día, y también un abanico de planes alternativos si el original no funciona. Hay también interprétes que varían.
El empate que salvó la noche le permitió a la Argentina mantener algo que ya se repite cada vez que el micro del equipo deja la noche de Núñez: no hubo derrotas en el Monumental desde que Scaloni es el técnico. Recibió apenas dos goles en contra, uno de ellos este de Colombia. Queda sólo un partido oficial en la Argentina, frente a Venezuela en septiembre, el mes en el que se cumplirán siete años de Scaloni como entrenador. ¿Será el último partido oficial de Messi con la selección en la Argentina? No sabemos si será el último o, incluso, si será. Tampoco qué será del Mundial. Pero sí sabemos que estamos en la parte de los bises. Y por eso la devoción de los que estaban cerca cuando iba a patear un córner. O la ovación a su salida, el grito casi nostálgico de una noche que, al final, terminó para no hacerle demasiados reproches.
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