La sociedad de los pañuelos vivos

Por: Ricardo Gotta

Nadie podrá olvidar este 2020. Año de terror, angustias y contradicciones.

Quién no recuerda cuando hace diez meses la irrupción trágica de la pandemia era elevada por algunos sectores (en general, con mucha honestidad, también con un alto grado de ingenuidad) a la teoría de que la crisis sanitaria y económica se traduciría en un cambio de paradigmas en la política y en la sociedad, que llegarían tiempos más humanistas, más solidarios, menos individualistas. Así como los aplausos de las 21 ocuparon un espacio demasiado efímero, las elucubraciones sobre que íbamos a salir mejores del Covid se aventaron como lo que fueron, puras fantasías.

Nos queda la impresión de un entendimiento un poco más generalizado y abarcativo sobre que el Estado debe ocupar un rol esencial en el cuidado de la salud (así como otros roles, claro) de la población y esta idea parece perdurar, al menos, hasta que pase el vendaval. Pero ya vimos y padecimos las insurrecciones de una parte de la sociedad argentina, cuando la pandemia iba in crescendo, lo que ayudó a provocar que se batieran los más nefastos récords de contagiados y fallecidos (entre nosotros: entre nuestros familiares, amigos, vecinos), así como la aparición de furiosos anticuarentena, antipandemia, antivacunas, antibarbijos, antidemocracia, antireflexivos, anti Estado, antiperiodistas, antiperonistas, antitodo, siempre con una brutal necesidad de descargar energía, o más bien furia. Tipas y tipos que se parecen tanto en modales, actitudes, referencias y violencia a los barrabravas, a los que tanto acusan y desprecian (nosotros también, claro) con la diferencia de que muchos de ellos participan de las manifestaciones con las cinco comidas diarias hechas, yendo vestidos de Versace a bordo de una 4×4 o al menos, un mero Audi.

No, no hay cambio: ¿cambiaron los que pelean a brazo partido por impedir que un racimo de multimillonarios aporten lo que para ellos es un vuelto, mientras firman a dos manos los avales para que el gobierno porteño se victimice aplicando un impuesto a las tarjetas de crédito que a los que más afligirá será a los que menos disponen?

¿Cambiaron los medios hegemónicos que esta semana dieron otra clara muestra de cómo se realiza un operativo mediático, en su rol de voceros ideológicos del poder represivo, o bien en su rol de influyentes actores del poder real, cuando proclamaron al unísono que la gente (esa entelequia) requiere que se reabra el debate sobre la imputabilidad de menores? De ningún modo se preguntan sobre la elemental cuestión de por qué delinquen los menores (también los mayores). En ninguna de sus notas se analizan las causas de la pobreza, la desigualdad, la marginación, la falta de posibilidades, la discriminación, en definitiva, el escenario que proponen e impulsan poderes y gobiernos representantes del neoliberalismo y sus alternativas, como se plasmó brutalmente en la Argentina, no solo en los cuatro años que precedieron al actual gobierno sino, también, en dictaduras y unos cuántos gobiernos democráticos anteriores. Como bien sintetizó hace unas horas Fernando Borroni, son “los responsables de generar un país más desigual. El neoliberalismo reprime pero no ataca los motivos del mal”. Es el modelo.

Es el mismo país del pelafustán que pelechó como periodista, que se animó a hablar de la vacuna “sospechosamente soviética” y al que tanto bobalicón le da la razón. Es el país en el que rige la Justicia del lawfare, la de los jueces que aceptaban ser puestos a dedo pero se erigen como los dueños de la moral. El mismo país de Lilita Carrió, raro prototipo de estandarte místico, la que hasta anoche (hoy no se sabe) se amigó con el “imbécil”, como llamó al expresidente más de una vez. Es el mismo mundo en el que sigue aumentando el gasto militar mientras no está claro si va a haber vacuna suficiente para suministrarle a toda la población del planeta.

La lista puede completar cada página de este diario y muchas más. También hay contracaras. Un soplo de aire puro, un estremecimiento de los sentidos, una alegría para nuestros corazones tan golpeados.

La legalización del aborto, una nueva muestra de ratificación de derechos individuales, nada menos, como corolario de un decisivo cambio de época, de la lucha proverbial, lucha por la igualdad de género, de una victoria sobre el oscurantismo y la clandestinidad, de una ratificación del rol protector del Estado y de la energía descomunal de esa ola verde configurada como una verdadera revolución de los tiempos modernos.

Tiempos muy contradictorios. De cuarentenas e introspección. También de vindicaciones populares tan anheladas como la que se transita. Son ellas las que pagaron en su cuerpo las condiciones medievales de injusticias y sometimientos. Somos nosotros los que debemos pelear codo a codo, palmo a palmo por esos imprescindibles y enormes avances en términos de justicia social. Con el aborto legal no se solucionarán otros enormes flagelos, con aborto legal no se come ni se resuelven las deudas de salud, educación, vivienda, u otros factores que hacen a la dignidad de cada uno de nosotros. Pero el aborto legal atraviesa nuestros reclamos de vida y de libertad. Sí, claro, son conceptos que también enarbolan los que se paran del otro lado de la plaza; sí, claro, conceptualmente nos separa algo más que una vereda… Como bien dijo Gabriela Cerruti, somos los hijos de los pañuelos blancos de las Madres y somos los padres de los pañuelos verdes de nuestras hijas e hijos.


(Foto: diego martinez)


Impulsa los corazones, moviliza los cuerpos, sacude el alma. Esa generación “intermedia” que usó los pañuelos para llorar a sus muertos y secarse las lágrimas por sus frustraciones. Muchas de ellas no se acabaron. La ley del aborto tiene otro significado simbólico gigantesco, además de hacer que podamos abrazarnos y celebrar en un 2020 que se resiste a terminar de una buena vez, que tuvo muchísimo de espanto y bastante poco de amor.

Tal vez estemos celebrando antes de tiempo. Los futboleros sabemos que los goles no se gritan antes de que la pelota entre en el arco y que, en estas épocas de VAR, ni siquiera eso es definitorio. Habrá que aguardar, encendiendo velas y que, efectivamente, en las postrimerías de este año tan particular, el Senado ratifique la sanción de la ley, y que no se repita la frustración de 2018. Este es otro Senado. Lo preside otra señora. Hablando de definiciones, en esta Argentina maradoneana, donde todo es posible y todo es desmedido, en la gloria y en el infierno: ¿por qué no imaginarse un escenario en el que se produzca un empate en la votación y que sea la presidenta de la Cámara quien otra vez marque un hito en la historia? Que sea ella, nada menos, quien desnivele, quien produzca con su decisión, con su voto positivo, que finalmente el aborto legal sea ley.

Compartir

Entradas recientes

¿Qué gana Argentina en su escalada contra Irán y el apoyo a EE UU e Israel?

El gobierno de Milei involucró a fondo al país en un conflicto bélico que transcurre…

11 horas hace

Mientras el gobierno ajusta el gasto público, crece el pago por los intereses de la deuda

En el primer bimestre, el torniquete fiscal redujo las erogaciones en un 7,4%. Pero el…

12 horas hace

Las “prestamistas” y la escribana de Adorni en el foco de la Justicia

Esta semana tendrá que declarar en tribunales Adriana Nechevenko, la notaria que escrituró las propiedades…

12 horas hace

Slopaganda la técnica de inundar de contenido basura las redes sociales 

Estamos ante una mutación en la forma misma en que el poder habla, y lo…

12 horas hace

Adorni: un pobre diablo en su laberinto

El abrazo de Milei al jefe de Gabinete hace recordar el de Michael Corleone a…

12 horas hace

Adorni activa su defensa con un abogado conocido en Tribunales, que trabaja con empresarios y políticos

Matías Ledesma representa a uno de los empresarios investigado en la controvertida Causa Cuadernos.

12 horas hace

La nueva realidad de los programadores: la amenaza de la IA, despidos y salarios bajos

El ingreso de la inteligencia artificial genera olas de incertidumbre laboral y financiera. Las empresas…

12 horas hace

Presentan proyecto para alejar al país de los conflictos bélicos

UxP llevó adelante una iniciativa para mantener a Argentina al margen de las distintas guerras.

12 horas hace

Karina sigue apostando por Adorni mientras Milei se mete en la interna de la Corte

La hermana del presidente sigue convencida de que los ataques contra el jefe de Gabinete…

12 horas hace

No necesitamos a los rusos

Tiempo viene informando desde mucho antes de 2024 sobre el nefasto plan político de Milei.

12 horas hace

Agustín Salvia: «Hay una ficción metodológica detrás de la caída de la pobreza»

El especialista de la Universidad Católica Argentina remarcó que la percepción social no coincide con…

12 horas hace

Ley de Glaciares: llega el turno de los gobernadores de la mesa del litio y del cobre

El martes a las 14 asistirán a la Cámara baja para defender el proyecto de…

13 horas hace