Las críticas a los dirigentes camporistas que participaron del lanzamiento político de Daniel Hadad son igual de rebuscadas que las que cuestionan a Axel Kicillof por tener un supuesto vínculo con el empresario Marcelo Mindlin. En un país capitalista, aun si es periférico y poco desarrollado, no se puede cuestionar que los dirigentes políticos mantengan relaciones con empresarios de todos los sectores. Da lo mismo si se trata de Axel o de Mayra Mendoza.

Lo que habría que mirar en el caso de Hadad es qué poderes más importantes que su portal de noticias, que es muy influyente, lo pueden estar impulsando. El libro de Santiago O’Donnell ArgenLeaks, que recopiló los cables filtrados por WikiLeaks sobre la Argentina, da algunas señales. Los reportes de la embajada de Estados Unidos sobre la primera década de este siglo señalan que Hadad era un visitante recurrente de la sede diplomática cuando el titular era Anthony Wayne. En esos encuentros era consultado por el escenario político local. Su posición era irreductiblemente antikirchnerista

El mismo Hadad suele jactarse ante otros colegas de que la embajada americana es su “segunda casa”. Quizás sea esto lo explica quién está detrás del globo de ensayo de su precandidatura.

La sombra de Estados Unidos no está sólo ahí. Está en todas partes. Guillermo Moreno tiene pocos votos, pero mucha presencia en medios y redes. Es el dirigente político peronista que en los últimos dos años desplegó el discurso más pro estadounidense. Repite la doctrina Monroe, “América para los americanos”, y hace una interpretación personal. Sostiene que se refería a todos los habitantes de continente. Es falso. Además, cuestiona a rajatabla la presencia de China en la región. Ataca a Luiz Inácio Lula da Silva. Habla de un acuerdo “país-país” entre EE UU y Argentina (lo mismo que impulsa Javier Milei). Hizo silencio sobre el secuestro de Nicolás Maduro. Al poner todas estas piezas juntas emerge algo claro: es todo lo que quiere escuchar la embajada.

Aquí no se cuestiona que dirigentes del peronismo construyan relaciones cercanas con sectores del poder estadounidense. Un partido de Estado debe tener cuadros que se ocupen de eso. Lo llamativo es que sean esos dirigentes los que se adjudiquen la potestad moral de medir el nacionalismo de los demás. .

El desafío más importante para un posible gobierno peronista será el manejo de la deuda y por lo tanto la relación con EE UU. Néstor Kirchner pudo hacer una quita de deuda que, según la economista Noemí Brenta, investigadora de la historia de la deuda, fue inédita. Esa gesta patriótica de Kirchner fue la piedra basal que permitió todo lo que vino después. Y tuvo un contexto. El presidente de Estados Unidos era George W. Bush. Había ganado las elecciones prometiendo que no haría más planes de rescate, como los que había hecho su antecesor Bill Clinton. Bush decía que no ayudaría a los países periféricos que entraran en default para que luego le pagaran la fiesta a la muchachada de Wall Street, que especulaba con bonos soberanos riesgosos y con altas tasas de interés. Era una pulseada dentro del propio imperio, entre una parte de la política y el sector financiero especulativo. El default argentino le sirvió a Bush para dar esa “lección”. Washington no boicoteó la reestructuración que propuso Argentina.

Confluyeron en un mismo momento un presidente peronista decidido a recuperar márgenes de soberanía, con la claridad de que si no se quitaba el yunque de la deuda era casi imposible hacer algo, con una ventana de oportunidad por las pujas internas en EE UU.

¿Podrá ocurrir algo así en el 2027? Hay una parte de la ecuación en la que nada puede hacer el pueblo argentino. Lo que sí es posible hacer desde aquí es activar la memoria reciente: qué se hizo cuando había un futuro.