Columna de opinión

Pero más allá de algunos pormenores, el ambiente realmente se siente tenso. «¿Así que ahora vamos a meter presos a todos? ¿Así quieren proseguir? ¡Vamos!», le espeta un empleado del aeropuerto a otro. Finalmente me encuentro con mi anfitriona y tengo muchas preguntas. Pero no tiene muchas respuestas, acá nadie sabe bien para dónde van las cosas y en qué parte de la escala de grises pararse, dice. Lo que está claro es que hay mucha gente que vio la posibilidad de cambio y no la quiere desaprovechar.
En la calle, se ven muchos efectivos de la Guardia Civil (policía nacional), pero muestran una actitud afable, quizás exagerada. La brutal represión del 1-O todavía se mantiene fresca. Quizás un poco más de presencia que siempre, me dicen. Los planes y rutinas siguen su curso habitual, y por más que el tema político es el obligado, el entendimiento general es que la vida seguirá como siempre.
Las Ramblas, al menos, están abarrotadas de paseantes. «
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