Lagomarsino: indagatoria y tobillera

Por: Néstor Espósito

Basado en la controvertida pericia de Gendarmería, el fiscal Taiano consideró que a Nisman lo mataron y llamó a declarar como partícipe necesario al técnico informático que le entregó el arma. Podría ser detenido.

Diego Lagomarsino fue al departamento de Alberto Nisman, dejó un arma que tenía registrada a su nombre para que horas después, dos cómplices llegaran al lugar y asesinaran, con esa arma, al fiscal. Los custodios, que nunca se quedaban toda la noche custodiando a Nisman, incumplieron sus obligaciones de funcionarios públicos porque, justamente, no estuvieron custodiándolo esa madrugada.

Ese es el resumen del relato del fiscal Eduardo Taiano sobre lo que circundó la muerte de Nisman, que esta mañana presentó ante el juez Julián Ercolini y que incluye, eventualmente, la detención de Lagomarsino.

A Nisman lo mataron, según el fiscal (basado sobre un controvertido peritaje de la Gendarmería Nacional) adormilándolo con ketamina. Y además, lo golpearon. Es decir que Lagomarsino llevó su arma por la tarde, se fue, el arma quedó allí (tal vez Nisman ni sabía que estaba) para que horas después dos personas a las que el fiscal les franqueó la entrada le aplicaron (no se sabe cómo, ni por qué vía) una cantidad no precisada de ketamina, que tiene un efecto no superior a los 40 minutos. Como si fuera un zombie, lo llevaron al baño, lo mataron y fingieron un suicidio pero en lugar de dejar el arma en la mano apuntando a la sien la pusieron del otro lado. Lagomarsino voluntariamente aportó su arma para que pareciera que Nisman se había quitado la vida. Y, de esa manera, quedar implicado en una muerte que signaría (signará) el resto de su vida.

Los custodios estaban citados para las diez de la mañana. Esa era la misión que les había encargado Nisman. Llegaron a esa hora, pero Nisman no apareció, entonces hicieron un complejo recorrido de conocidos y colaboradores hasta que a las diez de la noche consiguieron acceder al departamento en el que estaba muerto.

Según el informe de Gendarmería, Nisman murió a la madrugada. Ni Lagomarsino, ni los custodios, estaban en el lugar. ¿Debían estar? No.

Además, el técnico informático deberá utilizar una tobillera electrónica con GPS e informar si planea desplazarse más de 100 kilómetros, según informaron fuentes judiciales. El magistrado dispuso también que debe presentarse cada 15 días ante su juzgado para demostrar que sigue a derecho y a disposición de los investigadores.

Diego Lagomarsino corre serio riesgo de perder la libertad. El fiscal sostiene que fue parte de un plan organizado vaya uno a saber por quién, ejecutado por desconocidos sobre quienes ninguna medida dispuso para buscarlos, para matar a Nisman.

Todo puede pasar en este singular momento del Poder Judicial argentino.

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