La cantante interrumpió su set tradicional para homenajear a la música de dicha provincia. El público respondió coreando y zapateando.

La artista no se quedó ahí. Luego invitó a otros familiares músicos, entre ellos Ricardo Cianferoni, para brindar un set breve de folclore con zamba, gato y chacarera. La noche se transformó en una mini peña, donde Lali demostró respeto y afinidad por las raíces santiagueñas.
El clima era de celebración: bailarines se sumaron espontáneamente al zapateo, creando una peña escénica que combinó modernidad y tradición. Los presentes vivieron una experiencia única: pop y folklore fusionados a cielo abierto, con la artista en su rol más genuino y conectada con su tierra natal.
Este segmento folklórico se insertó de manera natural en un show que marcó su personalidad multifacética. La gira de Lali es conocida por su impacto visual, con escenografías espectaculares, bailarines, luces, fuego y cambios de vestuario, como se vio recientemente en el estadio de Vélez. Pero esta noche en Santiago del Estero, se dio un giro inesperado, lleno de emotividad, en una de las ciudades que vivió su infancia y formación.
Para Lali, el gesto fue un homenaje a su familia y al folklore: «Zamba para olvidar» fue cantada con complicidad, a la par de sus familiares en escena. Los usuarios de redes no tardaron en reaccionar: en TikTok se multiplicaron los registros del instante, y en X se la definió como «toda agitada en la primera estrofa».
La inclusión de este repertorio permitió, además, tender un puente entre sus fans del pop y los amantes de las raíces folklóricas, ampliando su alcance artístico. El diálogo con sus orígenes fue profundo: no sólo se limitó a cantar, sino que trajo consigo un pedazo de historia cultural a su show, abrazando con su voz historias que marcan la identidad argentina.
Fue una decisión poderosa: pocas artistas pop se animan a intercalar folklore en sus giras masivas. Y cuando lo hacen, el resultado puede ser tan impactante como en este caso: recibió aprobación espontánea y genuina de su público santiagueño, que reconoció en esa zamba un lugar propio, dicho desde el corazón de Lali.
En definitiva, la noche en Santiago fue más que un recital: fue un momento de comunión, de raíces, de sangre y canto compartido. Un reclamo de lo nuestro dentro de una gira de alto vuelo. Al cantar «Zamba para olvidar» junto a su familia, Lali no solo mostró versatilidad artística, sino también una veta humana que la mantiene cerca de su gente. Y eso, de todos modos, fue lo que más brilló esa noche.
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