El diálogo es sólo protocolar. Los obispos reclamaron por los recortes en comedores, falta de alimentos y remedios. La visita del Papa sigue en agenda pero sin avances organizativos.

Hace dos semanas el obispo de Lomas de Zamora, Jorge Lugones, estuvo en el Vaticano. Es jesuita como el Papa Jorge Mario Bergoglio y una voz muy escuchada dentro del episcopado. Preside la Comisión de Pastoral Social de la CEA, uno de los termómetros políticos de la Iglesia sobre la pobreza y el impacto de la economía. No viajó por eso, sino para conmemorar los 25 años de su ordenación episcopal. «Con el Santo Padre estuve una hora hablando, él está bien, no de su locomoción, pero sí muy lúcido», escribió Lugones luego del encuentro en una carta para su diócesis. «Compartimos la situación social, política y económica de la Argentina; también le compartí mi discernimiento personal que he ido haciendo en los últimos años y que ha terminado con el deseo y la concreción de tener mi domicilio en la localidad lomense de Fiorito», escribió Lugones apenas regresó de Roma.
Lugones no cambió el libreto del episcopado sobre una visita papal a Buenos Aires. Al Papa ya lo invitaron formalmente, antes que Milei. Sin embargo, este diario pudo confirmar que todavía no llegaron los adelantados enviados por el Vaticano para organizar la gira. Suelen arribar seis meses antes. Del 2 al 13 de septiembre recorrerá la Polinesia, en su gira más extensa y después haría otra por Argentina y Uruguay, pero sigue sin aparecer confirmación oficial. Sin adelantados, advierten los conocedores, no habrá viaje y eso es lo que aguarda el gobierno, con cada vez menos expectativas.
Lugones es el mismo que le pidió en 2019 al gobierno de Mauricio Macri que declarara «la emergencia alimentaria y nutricional» en todo el país ante el incremento de la pobreza. El empeoramiento de las condiciones de vida en los barrios populares, la pérdida masiva de puestos de empleo y la fragilización de la clase media son tres indicadores que encabezan el inventario de cada obispado. «Hubo muchos despidos en todas las áreas del Estado y en el oeste y norte han causado estragos. Por ejemplo, el cierre del sector de agricultura familiar ha tenido un impacto muy duro en Salta, Mendoza y Catamarca», contó a Tiempo una fuente que es testigo de los reportes que llegan. «A nuestras preocupaciones se sumó la ola de despidos privados y públicos. En todas las parroquias tenemos personas desocupadas que se acercan a pedir ayuda», lamentó el sacerdote consultado.
La cuestión no sólo pasa por la falta de empleo y el incremento de la pobreza, sino por una política gubernamental agresiva y segregadora contra las personas en situación de vulnerabilidad social. En la Ciudad de Buenos Aires transcurre un caso paradigmático. La capital argentina es la gran añoranza del Papa. Desde que Bergoglio la dejó para transformarse en Francisco, los aires porteños nunca le pasan inadvertidos. Más ahora que se multiplica el malestar de sotanas con mando de tropa por la política del alcalde porteño Jorge Macri hacia las personas en situación de calle.
A fines de abril posteó en su cuenta de Instagram un presunto «operativo especial de orden y limpieza en Recoleta y Palermo». Estaba compuesto con la comparación temporal de dos fotos. En la primera había una persona durmiendo sobre el banco de una plaza. En la segunda estaba el mismo banco vacío y la palabra «ahora». Una clara forma de tratar a las personas sin techo como «basura» para recolectar con un «operativo de orden y limpieza».
«Entendemos que después los borró, pero cayó muy mal en las altas esferas de la Iglesia», confió una fuente vinculada al episcopado. En el arzobispado porteño también hay malestar por la campaña y el discurso que utiliza el exlegislador y ahora jefe de la Policía de la Ciudad, Diego Kravetz, quien aseguró que «la mitad de las personas que están en situación de calle tienen antecedentes penales y son peligrosas». Algunos prelados recuerdan que al alcalde fue uno de los pocos políticos que viajaron a Roma para participar de la canonización de «Mama Antula». Estuvo el 13 de febrero y dicen que se mostró «lleno de fe». «Después regresó y lanzó la política para que la policía junto a funcionarios de civil, como hacía su primo, se dedique a cazar personas en situación de calle por la Ciudad», espetó un párroco que conoce al clan Macri y encuentra similitudes con la oprobiosa Unidad de Control del Espacio Público (UCEP). «
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