Laura Cilento: “Creo que el humor es siempre contracultural”

Por: Mónica López Ocón

La especialista en teatro publicó recientemente "Atlas Macocos", un libro en el que cuenta la trayectoria de 40 años del grupo, su relación con el Centro Cultural Rojas y que habla del humor en los '80 como forma de procesar el horror de la dictadura.

“Empecé a ir a ver a Los Macocos al Ricardo Rojas, a fines de los 80. Tenían una estética con mucho de banda de rock que me parecía distinta, atractiva, original”, dice Diego Capusotto en la contratapa de Atlas Macocos (Libros del Rojas. Universidad de Buenos Aires) de la docente, investigadora y crítica Laura Cilento. 

Esta “banda de teatro” cumplió 40 años en 2025, el Rojas también cumplió el año interior y sus historias está íntimamente ligadas.

“Esta sintonía temporal, dice Cilento en su libro, responde a un origen común: la primavera cultural de los años ochenta, ese momento tan esperado como vital, en el que la cultura se expandió como un río desbordado como un río desbordado tras años de silencio impuesto”.

Atlas Macocos narra cómo fueron esos “40 años de humor popular y contracultura”, de qué modo el humor fue una herramienta para exorcizar el sangriento pasado reciente por fuera de las estéticas tradicionales del teatro. Un libro que al contar la historia de un grupo humorístico y su relación con una institución universitaria, narra una parte de la historia argentina que no suele figurar en los manuales.

Laura Cilento

-En 2024 el Rojas cumplió 40 años y en 2025 los Macocos cumplieron 40 años en los escenarios. ¿Cuál es la relación entre la institución y el grupo de humor?

-La historia del grupo está muy ligada a la institución. Una de las ideas originales para para ver cómo encarar el libro fue pensar incluso los 40 años de democracia, porque eran tres patas interesantes, pero luego pensé que se a iba a abrir mucho. En el caso del Rojas, una cosa que me llamó mucho la atención cuando empecé a hacer la selección obligada para para armar este relato con una lógica espacial, pero relato al fin, es que todo reenviaba al momento de los orígenes: qué pasaba con el espacio, qué pasaba con el público, cómo se ordenaban esos ejes. Si bien todo está ligado a una trayectoria que empezó en algunos lugares under y a los maestros de los 80, coaguló en el momento en el que Los Macocos llegaron al Rojas. Ése es el momento en el que el grupo se consolida en la formación que luego fue definitiva. Más tarde sumaron a Javier Rama, pero eso también ocurrió durante el paso por el Rojas. Entonces el primer capítulo quedó como la prehistoria un poco más naif, si se quiere, de los recientes egresados del conservatorio que hacían shows de clown y que eran, Daniel Casablanca, Martín Salazar y un tercer integrante que luego se fue del grupo y entraron Gabriel Wolf y Marcelo Xicarts. Ese momento de composición del grupo también coincide con que decidieron experimentar en el Rojas con música en vivo sumando un elemento más.

-¿Cómo era el teatro que hacían?

-Era un teatro que se ofrecía a medianoche, que estaba al lado de una institución que albergó a buena parte del heavy metal de la época, que era Halley. 

Se empezó a crear así un circuito casi por ósmosis con todo lo que ofrecía la movida de los 80, pero ya no en relación sólo con esos egresados, esos jóvenes actores formados en el clown, sino también con otras variantes artísticas y todo eso ocurrió allí. Por eso en el libro hay un capítulo que habla del territorio, la imagen que se me ocurrió es que el Rojas es el metro patrón.

-¿Y qué mediría ese metro patrón?

-El trabajo con la voluntad de experimentar en distintas estéticas, consolidar un tipo de humor que fue un poco más negro y más ácido que el humor que ellos tenían antes de llegar al Rojas, un humor que procesó mucho de los duelos de la década del 80 que, además necesitaba experimentar y empezar en una hoja nueva, una trayectoria artística teatral que no tuviera tanto que ver con el mainstream teatral, que no tuviera que ver las estéticas de los grandes maestros de la dramaturgia como el realismo y con todas las estéticas que ya estaban consagradas. Todo eso ocurrió en Rojas.

-¿Cómo crees que fue todo eso para ellos?

-Creo que en ellos se produjo una profundización, un enriquecimiento con todo lo que fue esa experiencia fundacional. Es más, en el último espectáculo, Chau, Macocos, que no entró en el libro, hay una especie de vuelta a los orígenes, como si para hablar de la historia de Los Macocos tuviéramos que pararnos muy fuerte en esos orígenes de los 80 y no tanto en todas las etapas posteriores, es decir, como si pudiéramos encontrar siempre esa marca de origen a lo largo del tiempo.

Y hay un sketch en Chau, Macoco en el que aparece un profesor de teatro con sus jóvenes alumnos. Para mí es el más gracioso de la obra. Creo fue su forma de autocelebrarse. Ese sketch me pareció muy paradigmático porque es el único momento en el que se hace una referencia al tiempo histórico. Hay monólogos y una parodia del biodrama. Ellos cuentan cuándo se les despertó la vocación teatral, lo que es volver a los orígenes.

El profesor es una especie de tiranuelo, un personaje muy marginal dentro del plantel de gente que daba clases de teatro y formaba alumnos en los 80. La idea era elegir a alguien para estigmatizar y hacer sátira. Hay un momento en el que tiraniza a los alumnos, que son muy ingenuos y muy tontos y le creen y él dice: “son los 80 y yo hago lo que quiero.». Se les coló ese lema. A mí me pareció muy interesante porque es volver a ese momento.

-Por supuesto que el advenimiento de la democracia tuvo que ver, no sólo con Los Macocos, sino también con el surgimiento de muchos grupos under. ¿Se revitalizó el humor en general cuando terminó la dictadura?

-Sí. Hubo una reflexión muy fuerte acerca de cómo había que procesar ese pasado tan duro, tan sangriento, tan negro y tan de duelo. Fue una estrategia deliberada elegir formas de humor como modo de celebrar la vida. El humor fue también la forma de empezar algo nuevo. Por eso el grupo de los actores jóvenes se formaba con técnicas artísticas ligadas al humor como es el clown. En el caso de Los Macocos, ellos recuerdan muy fielmente que lo que más les llamó la atención de su formación actoral fue la llegada a las cátedras de profesores como Raquel Sokolowicz. Para entrar al mundo teatral muchos actores elegían el humor.

Creo que fue una manera de hacer un duelo, de exorcizar ese pasado negro con otro gesto, el gesto del humor con el que se podía hacer crítica social, crítica de costumbres, o sea, se podía ser crítico y, al mismo tiempo, permitía separarse de los maestros de las estéticas más serias como el realismo. Esas estéticas procesaban el pasado reciente bajo la forma del drama. El gesto diferencial fue hacerlo con humor.

-Aunque no se parecen, si hubiera que nombrar a otro grupo humorístico con cierto parentesco, creo que Les Luthiers es una referencia ineludible. Los dos grupos parecen algo muy argentino. ¿Hay muchos grupos de ese tipo en .el resto del mundo?

-Hace unos pocos meses vino a la Argentina un grupo español que se llama Ron Lalá, un nombre un poco dadaísta. Ellos hacen algo parecido. Me parece que hay algo interesante con Les Luthiers porque ellos forman parte de una experiencia que ahora se vuelve repasar mucho en la historia de las artes argentinas que es el Di Tella. Si tuviéramos que hacer un parangón, creo que el Di Tella fue para ellos como el Rojas para Los Macocos, eso creo que los vinculó con una explosión de mezcla de las artes que es muy de los 60. Son el antecedente de la unión entre el humor y música, pero la actuación fue para ellos algo muy difícil, fue lo que más les costó incorporar. a

– En Atlas Macocos aparece una entrevista a Jorge Maronna que colaboró en una oportunidad con Los Macocos.

– Sí, y fue una oportunidad genial porque él se comportó con muchísima humildad. Decía que Los Macocos eran actores cómicos, mientras ellos trabajaban la actuación con mucha dificultad. Tenían un histrión que era Daniel Rabinovich. Pero fuera de eso, ellos se centraban más en la parodia a partir de los géneros musicales.

Eso fue lo que permitió que para el público de Los Mancocos Les Luthiers fueran un referente local y de lo que podríamos llamar algo muy liminal, para usar los términos de Jorge Dubatti, con artes que no eran de lo teatral dramático. Hacían algo más ligado con el varieté, con el café concert, con formas que son liminales entre el teatro de matriz dramática y otros espectáculos.

 Creo que en eso son fruto de ese momento y por eso tienen menos referentes internacionales.

Para Los Macocos son un referente y también una diferencia porque Los Macocos trabajaron con la incorporación de música pero no directamente con la parodia de géneros musicales, sino que se valieron de la música para trabajar como intermedio de lo cómico en muchos casos.

-El subtítulo de Atlas Macocos es 40 años de humor popular y contracultura. Y teatro, ¡claro! ¿El humor en general es naturalmente contracultural?

-Sí, creo que el humor es contracultural por el grado de incorrección que maneja. Es contracultural en el sentido de que siempre presenta una mirada alternativa de la realidad que nos conforma o que aceptamos.

Pero en términos ideológicos, lo contracultural del humor puede ser conservador o rebelde respecto del sistema.

Macocos y Redondos

-Los Redondos fue un grupo muy admirado por toda la generación de los ’80. ¿Qué influencia tuvieron Los Redondos en Los Macocos?

-Yo elegí pensar que si tenía que elegir unas coordenadas que definieran la estética de Los Macocos, además de la duración como proyecto grupal, que es increíble, 40 años que no tuvo otro grupo de esa época, esas coordenadas eran el humor, lo popular y lo contracultural y lo contracultural tiene como referente a Los Redondos, porque realmente generaron un culto, fueron artistas que tenían ciertos rituales incluso de iniciación de su público en el sentido de compartir ciertos principios. Un público que lo seguía permanentemente y que formaba una especie de cofradía. Quizá Los Redondos inspiraron algo que Los Macocos profundizaron, porque fueron mucho más explícitos respecto de cuál era su crítica al sistema y Los Redondos se quedaron en un terreno muchísimo más poético, muchísimo más críptico. Creo que Los Macocos dieron un paso más adelante.

La rebeldía del humor negro

-El humor negro de Los Macocos es algo en lo que ponés énfasis en el libro. ¿Crees que el humor negro es una característica distintiva del grupo? 

-Creo que el humor negro es algo que desarrollaron muy bien Los Macocos en su formación definitiva. Y creo también que el humor negro es más contracultural que otros porque es el que se pelea mucho más con las ideas de la sociedad bien pensante y Los Macocos trabajaron mucho con eso.

En Los Albornoz que es una obra que hace pareja con La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi pero en versión de decadencia nacional, creo que llegan al pico máximo del trabajo con el humor negro y por eso me gustó también pensar cómo lo contracultural fue muy elaborado a la manera “macocal”, con mayor compromiso social. Esto, obviamente es una opinión mía

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