«El lenguaje de la música popular»: el libro de Gabriela Pastor que se pude leer y también escuchar

Por: Patricio Féminis

La profesora del Espacio de la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA) publicó este libro en base a sus clases de Lenguaje Musical: un gran proyecto sobre la materia sonora, lleno de ejemplos interactivos.

“Hay que cantar. El músico popular tiene que poder cantar. No importa la voz con la cual nació: es una herramienta. Y luego trabajar la rítmica desde el cuerpo”, dice Gabriela Pastor, profesora de Espacio de la Práctica Docente en la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA) y autora del libro El lenguaje de la música popular (Editorial Mil Campanas). Lo comenzó a escribir hace muchos años, para tener un apunte de clase para sus cursos de Lenguaje Musical, y por fin lo terminó: para que otros y otras también puedan resonar.

Gabriela Pastor fue la primera egresada femenina de la carrera de Guitarra Jazz en la EMPA y allí se formó como Maestra de Música y Profesora de Educación Musical. Dirigió el Área de Tango, se formó en guitarra tanguera y a los 58 años estudia el bandoneón. Su acervo docente y su experiencia en la EMPA fueron clave para escribir El lenguaje de la música popular, un libro que releva lo que aparece a nivel pedagógico sobre el tema. Es un vívido material lleno de ejemplos sonoros interactivos con códigos QR: se puede leer y escuchar.

Con lenguaje llano y buena cadencia, El lenguaje de la música popular se organiza en temas que guían al lector a través de conceptos y pentagramas: El sonido, Intervalos, Escalas y Modos, Tonalidad Mayor y Menor, Cadencias, Progresión Armónica, Intercambio Modal, Modulación, Relación Melodía-Armonía, Ampliación de la tonalidad, Los acordes disminuidos y Forma. Y los ejemplos de distintas épocas -del folklore, del tango y de la canción popular- dinamizan el aprendizaje: Gabriela Pastor sintió goce al poderlo redactar.

Cómo se gestó El lenguaje de la música popular

“La idea original no era un libro -confía la docente-. Yo me daba cuenta de que no había mucha conceptualización en los estudiantes y escribía apuntes, que se iban acumulando. Y me los empezaron a pedir los alumnos y mis compañeros, y un par de amigos me decían ‘¿por qué no escribís un libro?’. Yo dudaba, pero en un momento lo empecé a pensar en serio. Me llevó mucho tiempo y ahora, al verlo publicado, me encanta. Aparte, la edición es divina. Mi objetivo era tener un material de clase adecuado: poder armar el rompecabezas”.

Gabriela Pastor lo había notado: “Yo estaba enseñando un montón de cosas de las cuales no encontraba en su momento los ejemplos musicales adecuados -asume-. Así que a mi propia práctica la empecé a orientar en el sentido de tratar de enseñar lo que efectivamente estaba sucediendo en la música. Y en el libro El lenguaje de la música popular traté de no ser tan teorizante, sino más bien ejemplificadora. Espero haberlo logrado”.

En el prólogo, Pastor dice: “Espero no haber llegado tarde con estas páginas, ya que los tiempos han cambiado. Muchos creen que la inteligencia artificial puede enseñarnos mejor que los humanos; la pandemia nos ha dejado unos estudiantes diferentes a los de la pre y a veces siento que estoy escribiendo para unos chicos que ya no existen”. Y lo explica: “Cuando ya estaba muy metida en la corrección del libro, me decían: ‘¿Por qué no hacés una app?’. Pero ella persistió y siguió buceando en sus cursos de Lenguaje Musical: “Luego de la pandemia, ahora siento que en lo vincular estamos volviendo a la normalidad”.

Y si en algún momento se preguntó “¿quién se va a poner ahora a leer un libro de lenguaje musical?, luego también pensó: “Yo ya estoy embarcada y no me voy a echar atrás”. Lo más difícil “fue encontrar ejemplos reales. Entonces agarraba las partituras, analizaba, escuchaba las versiones y muchas veces veía que en webs o en otros métodos se explicaban muy a la ligera algunos contenidos. Por eso hice un largo trabajo de escucha: hubo muchas horas de análisis de las partituras. Fue un arduo trabajo, ya que el libro tiene más de 250 ejemplos”.

Y lo que más disfrutó fue “tener que escuchar toda esa música con ese nivel de concentración y de focalización, y pensar: ‘Ojalá que los estudiantes, o a los que les interese, lo puedan disfrutar como lo disfruté yo’. Esa parte me encantó”. Aquí, entonces, está el fruto de años de construcción pedagógica: “Empecé muy chica a dar clases, construyendo prácticamente desde la nada, porque cuando empezás a enseñar tenés incorporados algunos modelos y a veces trabajás por imitación de ellos, hasta que te replanteas cosas”.

Hoy al libro El lenguaje de la música popular “tal vez le agregaría un apéndice acerca del entrenamiento auditivo: de jugar un poco más con el sonido. Sucede que no es muy fácil poner eso en un libro. Tendría que pensar cómo exponer esa parte desde un punto de vista vivencial”. Hay que pensar en la gran magia de la música popular: “El mayor valor es tocar con otros -dice Pastor-. El músico popular es un ser social y eso se ve todo el tiempo en los pasillos de la EMPA. Y está bueno interesarse por escuchar todo tipo de música”.

¿Cuál de los conceptos del libro reviste mayor dificultad? “Son distintos niveles de complejidad -contesta la autora-. Por ejemplo, para hablar de ‘modulación’ tuve que fusionar todo lo que está dando vueltas, porque según cada escuela y cada autor las cosas se llaman de distintas formas. Y yo, con eso y los análisis de las obras, hice un compendio del tema: tuve que probarlo muchas veces con los estudiantes y me parece que funciona”. Otro concepto complejo “es la ‘forma’, porque cada autor analiza las cosas de diferente manera. Pero creo que mi capítulo de ‘forma’ es súper importante. Espero haberme explicado”.

Federico Rey, un ex ayudante de su materia, ayudó a Gabriela Pastor en la corrección del libro. “Yo elegí escribir lo más parecido a como hablo cuando clases. Lo que sí falta es la interacción con el alumno”, sabe ella. “Otro desafío que tuve fue inventar tareas que le sean útiles al estudiante, para que se pueda autoevaluar. Eso me dio bastante trabajo, porque no es lo mismo mandar una tarea y corregirla, cara a cara con el estudiante, a que el estudiante tenga que corregirla solo. Entonces yo traté de ser sencilla. Ojalá que lo haya logrado”.

Con todo lo que fue leyendo en los últimos años, Gabriela Pastor dice: “Los que más me influyeron fueron unos libros de un autor que es canadiense, Gordon Delamont, que lamentablemente no está traducido al castellano: él era profesor en una escuela de música popular en Toronto. Y me sentí bastante identificada con él: me gustaba cómo Delamont te mostraba ejemplos y te mandaba un ejercicio. Se notaba que era un profesor y que generaba material para la clase. Es el que me dio el puntapié para decir ‘nos falta algo así”

La verdad la tiene la música

Ahora, con el libro terminado, Pastor es consciente de lo que le gustaría que los que recorren el libro incorporen, a la par de los conceptos y de su dinámica: “La idea de que la verdad la tiene la música. Que las cosas son al revés: no es ‘te enseño este concepto y después escribí música con ese concepto’. En realidad, veamos qué pasa en la música y a raíz de ello extraigamos un factor común que esté apareciendo. Estudiémoslo, analicémoslo y después compongamos, o hagamos lo que queramos. Pero nuestro material es la música”.

Allí están, entonces, sus múltiples ejemplos volcados en el libro: basta abrir los códigos QR para que la música se materialice ante los oídos de los lectores. “Hace poco, un estudiante me dijo: ‘¿Te acordás cuando nos dabas los cuarenta principales?’. Eran cuarenta temas que sí o sí tenían que escuchar y trabajar -cuenta Pastor-. Desde ya, no tenía ejemplos de todo: tuve que buscar y escuchar música, buscar y escuchar música. Eso fue lo más lindo”.

Hoy, la autora dice que vive su “mejor etapa” con la docencia: “Al no tener tantas horas y no tener que estar corriendo, estoy más relajada para preparar las clases y para llevar ideas que sean divertidas para los estudiantes”. A la par, toca el bandoneón en la obra de teatro Urdimbre trágica, “sobre la Semana Trágica con música de Arturo Penón, y autoría de ​​Patricia Casalvieri. Todo el sonido depende de mí, con ruidos incidentales hechos con el bandoneón. El acto de escuchar música es algo precioso: no se puede comparar con nada”.

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