“Leonor”, un diálogo en clave poética

Por: Pablo Díaz Marenghi

En su breve poemario, Pablo Andrés Rial hace dialogar a Leonor con Benicio al modo de “Abelardo y Eloísa” o “Romeo y Julieta” retomando la tradición decimonónica de escribir cartas. Un libro de poemas con cierta fibra narrativa.

La poesía requiere tiempo, lentitud y atención por la belleza. Implica un desacople de aquella pulsión por tratar de entenderlo todo. Alejarse del vértigo, apagar los celulares por un rato y acostarse a dormir sobre un verso. ¿Hay espacio para todo aquello en un mundo cada vez más acelerado, frenético y peligroso? Poetas como Pablo Andrés Rial y libros como Leonor —su último poemario publicado por la destacada editorial independiente Caleta Olivia— contribuyen a mantener encendida la llama.
Foto: Gentileza Enrique García Medina

Este breve poemario, de tan sólo 68 páginas, revalida aquel viejo apotegma de la escuela de la Bauhaus: menos es más. En un puñado de hojas le da vida a una conversación poética definida en la contratapa por la crítica Andrea Marone como una “textualidad afectiva”. Hay cierta fibra narrativa alrededor de estos poemas ya que se trata de la conversación epistolar escrita en verso de dos personajes: Leonor, quien da título a la obra, y Benicio.

Ambos bien podrían tratarse de alter egos del propio escritor. Retomando la vieja y romántica tradición decimonónica de la escritura de cartas, Rial le da vida a estos diálogos entrecruzados de amor, duda, deseo, esperanzas y miedos en donde cuando uno alienta, el otro se repliega, cuando uno avanza, el otro retrocede.

Organizados en cinco momentos (de la calidez de un hogar, del cuidado y la felicidad, de la sepultura del ángel, de la vejez, de la despedida), este hombre y esta mujer —aludida en la ilustración de la tapa como una suerte de Virginia Woolf en penumbras— comparten reflexiones y pensamientos de la mano de la poesía que, como afirma la mujer que escribe, “Tenga presente que ni la poesía ni su vida es para pensar, es para no pensar”. Allí radica la clave del poemario: la poesía como ese lenguaje otro que permite que una verdad superadora emerja, imposible de dilucidar por medio de otro lenguaje.

Recientemente, la escritora Claudia Piñeiro, en una columna publicada en Cenital titulada La poesía como dinamita  propuso algo similar: “En medio de tanta incertidumbre geopolítica, climática y tecnología, la poesía –como la prosa poética, el arte, la imaginación– no reemplaza a la política, pero sí puede demostrarnos que sigue ahí cuando todo colapsa y que puede devolverle a la política algo que perdió: la capacidad de pensar en la magnitud de lo que está en juego”.

Rial, por medio de una prosa simple pero no por eso sencilla, transita los dramas circundantes de la existencia fundando un no-tiempo. Una suerte de atemporalidad que puede interpelar a casi cualquier ser humano. Ya sea iluminado por la luz proveniente de una vela o de la pantalla de un smartphone.

Leonor y Benicio

“Se ha convertido en un hombre que vive sobre los bordes de la locura y se queda obligado a andar con una nostalgia que le aprisiona los pensamientos”, escribe Leonor llamándolo “Querido” y Benicio responde: “La nostalgia es para mí ocultarse entre los escombros de un pasado para evitar ver la destrucción”. Dicho sentimiento es uno de los predomina en estos versos. Tal vez como otro síntoma epocal que se infiltró en la poesía.“Sabe bien que la verdadera penitencia es su completa libertad”, arroja Leonor casi como clavando un puñal en la niebla.

“La radicalidad de la escritura de un poeta puede medirse, entonces, con relación a sí arremete contra la lengua o contra el lenguaje”, sentencia el lingüista peruano Mario Montalbetti en su conferencia ¿Por qué es tan difícil leer un poema? (Malba Literatura). Rial parecería interesarse por aquellas fronteras porosas, el bies, la erosión de la lengua por medio de sus propios artilugios para permitir que algunas preguntas incómodas se queden flotando en el aire cual partículas elementales.

Si bien la poesía no pretende ser entendida en términos racionales, se puede reconstruir cierto hilo conductor que entrelaza estos poemas epistolares. La angustia y la desazón que atraviesan al ser humano promedio, las dudas tanáticas y el misterio de lo insondable son tan sólo algunos ejes que rodean estos versos, como los barrotes de una celda, hasta no dejarlos salir. “Sea capaz de acostarse con la insatisfacción, abrazarla hasta lograr su confianza y estrangularla”, le escribe Leonor a Benicio engarzándose en la tradición de los amantes furtivos.

Foto: Gentileza Enrique García Medina

Cual Abelardo y Eloísa o los ya míticos Romeo y Julieta, ella cumple el rol del estímulo necesario que se convierte en creencia. Leonor intenta que Benicio realmente crea que la vida tiene sentido. O, mejor dicho, que uno es capaz de forjarlo en un sentido existencialista sartreano. Tal como el propio Rial contó hace poco en un texto publicado en la sección Mundos íntimos del diario Clarín. Allí narró su superación de una fuerte depresión a partir del amor incondicional a su pequeña hija.

La poesía puede ser, entre tantas otras cosas, el alternador que enciende la batería y energiza la existencia. El autor lo resume en un verso: “En el retorno está la muerte / en el infinito ir, la vida / De lo irreversible, la pulsión de vivir”.

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