Ligas Agrarias: la resistencia del cooperativismo rural en la dictadura

Por: Agencia ANSOL

La historia de la persecución, secuestro y desaparición de los dirigentes campesinos que conformaron las Ligas Agrarias. La complicidad empresaria.

Dijeron que murieron en un enfrentamiento, pero en verdad los habían fusilado. La historia de la persecución, secuestro y desaparición de los dirigentes de Ligas Agrarias aún se sigue contando: la de los pequeños productores, campesinos y cooperativistas rurales que apostaban al campo que alimenta en medio del avance del plan neoliberal y de extermino de la última Dictadura Cívico Militar.

En los últimos 10 años, hubo justicia. Las unidades de Derechos Humanos del Ministerio Publico Fiscal en Chaco y Corrientes lograron arrojar luz sobre el avance militar asesino en el norte argentino y condenar a varios de los culpables.

Ligas Agrarias fue uno de los principales blancos de la Dictadura. Es que en la década del 70 representaron a un gran sector de productores rurales, tanto colonos como campesinos, que viéndose marginados del modelo de desarrollo dominante, irrumpieron en la arena de la lucha política de los años 70 colocando al agro como un terreno no exento de la disputa política y militante.

Según el periodista Pablo Waisberg, las Ligas Agrarias “lograron un peso considerable dentro de la Unión de Cooperativas Agrícolas Limitada (UCAL) para 1974: 20 cooperativas en Chaco, otras 10 en Formosa y 7 en Santiago del Estero. A eso, había que sumarle dos hilanderías, dos desmotadoras, una fábrica de algodón hidrófilo, un frigorífico para almacenar frutas, 3 mil obreros y doce mil quinientas familias de productores”. El principio de cooperación a flor de piel.

Nunca se pudo probar en esta causa, pero como Ligas Agrarias tenían incidencia en el 60 por ciento del mercado algodonero argentino, se sospecha de la complicidad empresarial de Bunge y Born, el conglomerado líder agroexportador en los 70, que sufrió el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born por Montoneros en 1974, y que con la Dictadura aumentó exponencialmente su estructura corporativa.  

¿Cómo fue el origen de las Ligas Agrarias?

Existe la coincidencia que el nacimiento formal de las Ligas Agrarias fue el 14 de noviembre de 1970, cuando en Saenz Peña, Chaco, se llevó a cabo el “Primer Cabildo Abierto de Campesinos”. Allí, estuvieron jóvenes que venían de las filas de la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias y la UCAL, la Federación Agraria y, en el plano espiritual, del Movimiento Rural Católico.

Los pequeños productores, aún en la Dictadura de Juan Carlos Onganía, veían cómo su trabajo estaba afectado por una política algodonera al servicio de las multinacionales textiles. La historia era la de ahora: ellos tenían la tierra, la mano de obra y la producción. Pero lo que quedaba por todo eso eran migajas.

En diálogo con ANSOLDiego Vigay, Fiscal Federal de la Unidad de Derechos Humanos de la fiscalía de Resistencia, contó que “la mayoría de sus dirigentes eran parte de la organización social y económica, tenían tierras, camiones, producían vinos, y luchaban por el precio del algodón o el suelo”.

Por eso, los jóvenes dirigentes de las Ligas Agrarias soñaron con cambio de sistema local, que propicie la distribución de la renta campesina. Sin violencia, pero con fuerza. Y, sobre todo: trabajo y conciencia. Así, se extendieron por Corrientes, Misiones, Formosa, Santa Fe y Entre Ríos.

¿Quiénes fueron los protagonistas y víctimas de la represión?

Los nombres propios son varios, pero se destacan los de Remo Vénica, Irmina Kleiner, Raúl Ñaro Gómez Estigarribia, Enrique “Quique” Lovey, Carlos Orianski (administrador de la UCAL), Carlos Piccoli (presidente de la UCAL), Juan Sokol, Armando Molinas, Secundino Vallejos, Hugo Rogelio Vocouber, Luis Alberto Fleitas, entre otros. Algunos de ellos sobrevivieron. Otros están desaparecidos.

Muchos de los fusilados y desaparecidos formaban parte del Movimiento Rural de Acción Católica, que hicieron un proceso dentro de Ligas Agrarias, y luego algunos también se sumaron a Montoneros”, contó el fiscal Vigay.

Fueron capturados en el 75, secuestrados y picaneados para que delaten a sus compañeros. Otros cayeron entre el 77 y el 79, como Gómez Estigarribia y Piccoli, respectivamente. Cuando las familias empezaron a buscarlos, desde el Ejército Argentino y la Policía del Chaco les hablaban de un “enfrentamiento”. La investigación judicial logró probar que ese era el “modus operandi” a lo largo y a lo ancho del país, con ejemplos emblemáticos en las Masacres de Margarita Belén o de Palomitas, en Salta, demostrándose que fueron literalmente ejecuciones sumarias con el formato de fusilamientos.

Estos dos casos fueron asesinados, enterrados, desenterrados y entregados a las familias en las peores condiciones. Otros casos, que aún se investigan, dan cuenta de cuerpos arrojados al Río Paraná con un corte importante en el abdomen para evitar que flotaran, desnudos, maniatados con alambres, cortadas las yemas de sus dedos para dificultar la identificación y con balas de plomo a modo de ejecución.

¿Qué resultados tuvo el juicio «Ligas Agrarias 1»?

Fue en el año 2019 cuando se llevó adelante un juicio conocido como Ligas Agrarias 1, por crímenes cometidos específicamente contra dirigentes y militantes del movimiento de pequeños campesinos y trabajadores rurales, entre los que están Ñaro Gómez Estigarribia y Piccoli, además de otros secuestros y torturas a trabajadores rurales que lograron sobrevivir.

Por ese juicio, fueron condenados a la pena de prisión perpetua el teniente coronel del Ejército José Tadeo Betolli; y el agente de la policía provincial, Alcides Sanferraiter, por el homicidio calificado por alevosía y número de partícipes. También se condenó al comisario General Eduardo Wischnivetzky a 18 años de prisión, por la privación de ilegítima de la libertad y tormentos agravados contra los trabajadores rurales. Por último, al comisario José Rodríguez Valiente, a cuatro años por el delito de encubrimiento.

¿Cuál era el modelo económico en disputa según la UCAL?

En un discurso en 2006, Oscar María Braceras, gerente General de UCAL rememoró la importancia que tuvo el movimiento de las Ligas Agrarias: “A la UCAL la llevamos a ser un emporio, pero no solo con treinta cooperativas, veinte de chaco, tres de Formosa, y siete ocho de Santiago del Estero, sino además con dos fábricas hilanderías poderosas, Barranqueras y Santiago”.

El dirigente, que nunca se animó a declarar en los juicios de lesa humanidad porque aún le duraba el terror, explicó que eran “cerca de tres mil obreros con doce mil quinientas familias de productores entre las treinta cooperativas, con una flota propia de camiones para exportar, con una fábrica de algodón hidrófilo para farmacias, con un frigorífico, las mejores frutas del país a los mejores precios para los colonos, y una fraccionadora de vino para traer y hacerlo nosotros”.

Braceras aseguró en los 70, la UCAL “significó el único caso en la argentina, de elaborar el 80% del producto bruto de una provincia. El 80% de la riqueza del Chaco era hecha por este conjunto, mejorando la renta de los productores que antes se llevaban los monopolios”. El éxito de las cooperativas “era una cosa que preocupaba mucho porque el resto del algodón de la Argentina era Bunge y Born, y nosotros los liquidamos en algodón”.

En aquel discurso del 6 de Mayo de 2006, con motivo del relanzamiento de las Ligas Agrarias, Braceras se la jugó ante los presentes con dichos que no confirmó sen sede judicial: “ese fue el motivo principal de que vinieron los militares acá, todos representantes, funcionarios y ministros de las multinacionales, de los directorios. Cada directorio tenía un general y esos vinieron a destruir todo esto no por cuestiones políticas: por cuestiones económicas”.

A pesar de hablar varias veces con él y su familia, el fiscal Vigay no logró que Braceras declare.

La relación entre la «Contraofensiva» y Ligas Agrarias

La historia de Ligas Agrarias y el vínculo de algunos de sus dirigentes con Montoneros toca también el hecho histórico conocido como “La Contraofensiva”: los dirigentes del grupo revolucionario planificaron entre 1978 y 1979 la entrada clandestina de las y los militantes desde el extranjero para realizar atentados y acciones de propaganda en el país. El resultado fue espantoso.

Más de doscientos montoneros y montoneras ingresaron en secreto con el objetivo de alimentar un descontento social que para 1979 no terminaba de madurar. Cerca de noventa de ellos resultarían asesinados y desaparecidos en la clandestinidad, entre ellos dos de las Ligas Agrarias, Vocouber y Fleitas.

Ambos fueron detenidos el 22 de septiembre de 1980 en el Aeropuerto de Mendoza al intentar ingresar al país y se encuentran desaparecidos desde ese momento. La reconstrucción se pudo realizar a partir de los testimonios de familiares, compañeros de militancia, legajos CONADEP y en último lugar un listado confidencial del Ejército.

Los casos de Vocouber y Fleitas fueron remitidos por razones de competencia y fueron parte del Juicio Contraofensiva que llevo adelante el Tribunal Oral de San Martin provincia de Buenos Aires y donde fueron condenados a prisión perpetua los oficiales de inteligencia del Ejército Argentino Jorge Apa, Roberto Dambrosi, Luis Firpo, Jorge Bano, Eduardo Ascheri y Marcelo Cinto Courtaux.

Mientras tanto, continúa en trámite la causa Ligas Agrarias 2 “Sacerdotes”, que trata de cuatro víctimas, entre ellas los curas Joaquín Núñez y Gianfranco Testa de las parroquias de Quitilipi y Machagai, quienes fueron torturados en un sector de oficinas de la Alcaida Policial de Sáenz Peña en el mes de abril de 1974.

Están imputados el Gabino Manader, de la Dirección de Investigaciones de Resistencia; y el Comisario, Eduardo Wischnivezky, y están identificados pero fallecidos los comisarios Carlos Alcides Thomas y Wenceslao Ceniquel, y el agente José María Cardozo.

La causa tiene la proyección de demostrar la represión contra las Ligas Agrarias desde inicios del año 1974, la persecución contra sacerdotes de la Diócesis de Sáenz Peña y la Alcaidía de Sáenz Peña como centro clandestino de Detención.

¿Cómo sigue la búsqueda por la verdad?

Foto: CTA-A

El fiscal Vigay le adelantó a este medio que se encuentran trabajando en un nuevo expediente, Ligas Agrarias 3, “que investiga los operativos del interior donde detuvieron y torturaron a pequeños productores para lograr la posterior eliminación de los dirigentes, era una persecución para obtener información, y mientras tanto nos quedan tres casos de desparecidos que aún no pudimos ubicar”.

Este viernes 20, como parte de las acciones de la Central de Trabajadores de la Argentina Autónoma (CTA-A) y sus sindicatos al conmemorarse el cincuentenario del golpe, se realizó una charla-debate con  Irmina Kleiner y Remo Vénica, sobrevivientes de las Ligas Agrarias.

Ambos fueron perseguidos durante la última dictadura militar y lograron ocultarse en el monte chaqueño, donde pasaron cuatro años siendo buscados por patrullas, subsistiendo gracias a la caza y a la solidaridad de los campesinos. Finalmente, en 1979, lograron salir del país dejando a su hija al cuidado de manos amigas.

En su intervención, Irmina, referente de las luchas campesinas, rescató la preexistencia de la organización rural que permitió la constitución de las ligas: “En aquel tiempo y ahora siempre hay experiencias colectivas; debemos destacar ese trabajo de capacitación que se realizaba desde el movimiento rural”.

Por su parte, Remo Vénica destacó: “Este es un encuentro de voluntades y esfuerzos por una patria que cobije a todos en un proyecto común, con la necesidad de vivir dignamente. Ojalá nunca más exista una dictadura en Argentina”.

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