Liliana Felipe: el dolor en el alma por la Argentina de hoy, su compromiso antiespecista y el mundo de los jardines de infantes Jeffrey Epstein

Por: Sebastián Feijoo

La gran artista vuelve a Buenos Aires con "1976–2026", un show atravesado por la memoria y el presente. Con su reconocida agudeza, cruza política, militancia y experiencias personales sin filtros.

Cantautora, pianista y figura incómoda por definición, Liliana Felipe construyó una obra tan filosa como inclasificable. Exiliada en México desde la última dictadura cívico militar de la Argentina -tras el secuestro y asesinato de su hermana-, convirtió el desarraigo en poética y el escenario en trinchera. Su alianza artística y vital con Jesusa Rodríguez potenció un teatro musical de sátira política, erotismo y herejía gozosa, donde conviven Bach, el cabaret y la denuncia.

Dueña de un humor ácido y una precisión quirúrgica para el lenguaje, Felipe escribe y canta como quien desmonta discursos: ridiculiza el poder y lleva su militancia -hoy expandida al antiespecismo- hasta las últimas consecuencias. Entre la carcajada y el escalofrío, su obra persiste como una anomalía lúcida, una forma de resistencia que no pide permiso.

En su regreso a Buenos Aires, Liliana Felipe ofrecerá dos funciones del ciclo que bautizó: 1976–2026. Las citas serán este 27 y 28 de marzo en el Teatro Empire. Antes de subirse al escenario, y fiel a su estilo indómito incluso para lo logístico, aceptó dar una entrevista con Tiempo bajo condiciones estrictas: nada de llamados, nada de encuentros, todo por escrito y vía mail.

-Tu concierto “1976–2026” tiende un puente entre la memoria de la dictadura y el presente. ¿Cómo ves la Argentina de hoy, con tanto negacionismo y hasta rumores de indultos a genocidas?

-La Argentina de hoy duele en el alma; la de entonces, también. Y si entonces intentaron desaparecer los cuerpos, ahora intentan desaparecer el intelecto. Ninguna de las dos cosas es posible. Contra el negacionismo, tenemos los doce cuerpos identificados en el campo de concentración La Perla, en Córdoba, que acaban de aparecer tras las excavaciones; y contra la estupidez que hoy gobierna, están la inteligencia y el afecto.
La delincuencia siempre trata de minimizar, confundir o esconder las evidencias porque se sabe culpable. La verdad siempre encuentra el camino. No sé cómo, pero la Argentina siempre resurge de las cenizas.

¿Qué repertorio vas a hacer?

-Es un secreto profesional. Pero ninguna del Chaqueño Palavecino.

-La desaparición de tu hermana Esther marcó tu vida. Hoy, tantos años después, ¿cómo aparece esa ausencia en tu música y en tu militancia?

-Esa ausencia vive conmigo y me ha enseñado a responsabilizarme de mis actos y, como dijo Henry David Thoreau, a tratar de no hacer lo mismo que condeno. Es un pensamiento que a mí me ha llevado a inquietantes profundidades y que les recomiendo a todxs lxs activistas, de la causa que activen. La ausencia de mi hermana aparece en esta canción, como una eterna pregunta:

Otro adiós sin Dios (para mi hermana Ester, fusilada en el campo de concentración La Perla en 1978, Córdoba, Argentina)

¿Cómo fue la bala?
¿Dónde estaba el cielo?
¿Qué montaña ya no pudo más besar tu pelo?
¿Dónde estaba Dios?

¿Dónde estaban todas las naranjas?
¿Dónde estaba yo cuando esa bala te dio, te dio?
¿Dónde estaba Dios?
Ahí no estaba Dios.
Otro, otro, otro adiós sin Dios.

¿Qué tan azul era el azul?
¿La sangre sangra o lanza luz?
¿Te dio en el pecho?
¿Te dio en la espalda?
¿Tuviste almohada?
¿Tuviste calma?

¿Cómo es la bala al penetrar,
es chueca, mancha, da qué hablar,
es cariñosa, es irritante, es muy miedosa,
es elegante o fue tu amiga y fue tajante?

¿Cómo es dejar de respirar
frente a un señor que viste un pobre,
un triste cuerpo militar,
un soldadito sin destino, un empleadito:
un argentino.

¿Qué tan azul era el azul?
¿Tu sangre hoy lanza pura luz?
¿Te dio en el pecho?
¿Te dio en la espalda?
¿Tuviste almohada?
¿Tuviste calma?

-Vivís en México desde hace varias décadas. ¿El exilio terminó siendo una forma de resistencia o también fue una herida que nunca cerró?

-El exilio fue mi realidad, no tenía otra opción. Un día me dolía y otro día me alegraba o me daba alguna razón para continuar. Es una forma rápida de aprender sobre el desapego. Yo preferí usarla, entenderla, aprovecharla en vez de sufrirla. Quizás porque era joven o porque mi entorno, México, era y es demasiado tentador, demasiado exuberante, para estar metida en un rincón, deseando algo que está a 6.140 kilómetros de distancia. Un día estaba por cantar en Lille, Francia, y me acompañaba un bandoneonista que estaba tristísimo de estar allá, donde no había dulce de leche. “Pero hay otras cosas”, le dije. “Si abrieras esa puerta… quizás encontrarías algo”. Yo había conseguido los boletos de avión y el pago por el concierto, pero él estaba triste porque no tenía dulce de leche. Desear lo imposible es lo mismo que no desear.

-Hablaste de México como un “segundo exilio”. Si no estuvieras con Jesusa Rodríguez, ¿seguirías viviendo allá?

-Vivo México como un destino inevitable y magnífico.

-Si hoy te instalaras nuevamente en la Argentina, ¿sentís que habría un lugar para tu música y tu forma de militancia?

-Esperaría que sí.

-Cuando escuchás la música popular actual, ¿qué te provoca: curiosidad, entusiasmo o más bien distancia?

-En general, me cuesta mucho entender lo que dicen.

-Alguna vez dijiste que la industria musical banalizó la música. ¿Hasta qué punto es responsabilidad del mercado y hasta qué punto del público?

-El arte vuelto industria en general se vuelve banal.

-En tus canciones aparecen palabras poco habituales -“endodoncia”, por ejemplo- que rompen con el lenguaje típico de la canción. ¿Qué buscás cuando usás esos recursos?

-Las palabras son construcciones de sentido, están ahí para usarlas todas y, cuando encuentro la que necesito, soy muy feliz.

-El humor es una marca muy fuerte de tu obra. ¿Lo usás como arma política, como mecanismo de defensa o simplemente porque sin humor no podrías decir ciertas cosas?

-El humor y el amor para mí son lo único importante en la vida. La letrista en general suele ser Jesusa, mi compañera, que es una experta en humor y en predicciones políticas. Algo así como una vidente del devenir político.

-Vivimos en un mundo más violento y prepotente que nunca. Venezuela, Gaza, Groenlandia, Irán, quizás Cuba… son solo algunas víctimas de un imperio feroz. ¿Pensás que esto empeorará o Trump encontrará un freno?

-Yo prefiero poner mi energía en la violencia que podemos desarticular, en la violencia de la que somos partícipes y cómplices, y no en la violencia de los dueños de la violencia, de quienes venden armas, de quienes imponen guerras. La guerra es un negocio, comer animales también. Ambos son legales. Yo no tengo ni tendré ninguna injerencia sobre las fábricas de armas, o sobre los clubes de caza, o los clientes del Monsieur Pelicot en Francia, la mutilación del clítoris o sobre quienes deciden tener en arresto domiciliario a Cristina Fernández. Pero si en algún momento has pensado que matar 6.000 seres únicos e irrepetibles por segundo en el mundo, si la palabra carnicería te desazona, si prefieres no llevar a tus hijxs al matadero, si cada diez pasos hay una pollería, si tu pareja te obliga a que le cocines “carne”, o simplemente te sientes mal en tu cuerpo y tu médico no le atina, creo que mis canciones pueden servirte. En cuanto a lo demás, espero que muy pronto ese señor naranja se trumpiece.

-Viviste el feminismo de los ‘70. ¿Qué cosas te entusiasman de la actualidad y cuáles te generan dudas?

-El feminismo es la mejor respuesta contra el patriarcado criminal. El feminismo que no es antiespecista no solo me genera dudas, sino que lo considero estancado sobre sí mismo.

-¿Creés que la música puede cambiar la forma en que pensamos la justicia, o más bien sirve para acompañar cambios que ya están en marcha?

-Todo está interconectado. Si tú cometes una injusticia y haces muy buena música, de todos modos eres injusto y tu música se verá afectada por ello.

-En tu camino pasaste de militar por los derechos humanos a defender los derechos de todos los animales. ¿En qué momento sentiste que esa ampliación ética era inevitable?

-Incluir a los demás animales simplemente es ampliar, expandir nuestros sentimientos y conocimientos. Salirnos del centro. Dejar de considerarnos “especiales”. Bajarnos del pedestal y asumir que el dios que el Vaticano SA de CV promueve es un producto de la fermentación de un vino de mala cepa. Ese dios que solo sirve para castigar, culpabilizar, quemar mujeres en la hoguera y para —como dice una canción— “matanza de animales, para cada santo, siempre matanza, matanza de animales”, en nombre de un individuo que entró al templo a expulsar a los fariseos, porque lo tenían convertido en un matadero, y ahora en su nombre no paran de acuchillar animales. Irónico, ¿verdad? Es como si hiciéramos una universidad vegana que se llamara Sociedad Rural Argentina.
O un jardín de niños Jeffrey Epstein.

-Alguna vez dijiste que la humanidad convirtió el planeta en “un campo de concentración y un matadero”. ¿Cómo se revierte eso?

-La palabra y el concepto de superioridad nos pueden ayudar mucho aquí. A veces pensamos que salvar a lxs monxs, chimpancés o demás primates es más importante que salvar a los cerdos, porque somos más parecidos. O hay que salvar a las ballenas porque son más grandes. Pero hay un día en que entiendes que “ninguna vida es más importante que otra”. Ahí se te cae la carne de la boca y se desmorona tu familia con el “asadito”, las amistades indiferentes, lxs profesionales ignorantes, lxs luchadorxs discriminadores, y comienzas a construir una nueva comunidad basada en la empatía y el respeto irrestricto, ilimitado y real. Los argumentos como “solo me quedo con un poco de miel” o “no mato a la gallina para quedarme con su huevo” demuestran cómo va tu progreso moral.
Llega un día en que sabes perfectamente que el huevo es de la gallina, la miel de la abeja y que hay una única manera de acabar con este centro de exterminio de animales humanos y no humanos en el que hemos convertido al planeta: acabar con el supremacismo. Afortunadamente es más fácil de lo que creemos. Lo decides y lo haces.

La militancia antiespecista suele incomodar incluso a sectores progresistas. ¿Te resultó más difícil que otras luchas que atravesaste?

-Esta lucha comienza contra tus propios prejuicios, de alguna manera contra ti misma. Y además cuestiona el “confort”, y eso para mucha gente es peor que cuestionar la “fe”. Si luchas contra la privatización del agua, la invasión de tierras, el desmonte, la ley de glaciares, dependes de las decisiones de Estado. Son cuestiones sobre las que podemos gritar, juntar firmas, pero en general se tomarán decisiones sin escucharnos.
Si luchas contra la violencia hacia las mujeres y/o los niñxs, se lucha directamente contra el agresor. En todas estas luchas, somos las víctimas.
Pero el veganismo y la militancia antiespecista tienen un ingrediente diferente: las víctimas son otrxs, y lo primero que ocurrirá, cuando adhieras a esta lucha, es que perderás privilegios, o lo que crees que son privilegios, porque el crecimiento moral es el regalo de la vida.
¿Luchas por lo que te afecta a ti? ¿O por lo que es más justo para todxs? Y este es el punto: ¿ese “todo” qué incluye? Porque, por ejemplo, para lxs ecologistas, los demás animales no existen o son tan parte de un “todo” en el que su vida no cuenta.
Sebastián, lamento haberte quitado la inocencia. Como dijo Stephen Hawking: “Antes podíamos decir que no lo sabíamos. Ahora ya lo sabemos: los demás animales también tienen conciencia”.
Comer animales, usarlos, es un crimen y un suicidio masivo, pero además es algo tan fácil de evitar que seguirlo haciendo da vergüenza.






Liliana Felipe en concierto – 1976–2026

Funciones: 27 y 28 de marzo. A las 21 en el Teatro Empire, Hipólito Yrigoyen 1934, (CABA).

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