Arriba este lunes. El recrudecimiento de la guerra de EE UU en Irán plantea un escenario de más inflación, suba de tasas y crisis fiscal.

Un mes atrás, cuando se anunció la tregua entre Estados Unidos e Irán, la mandamás del Fondo dijo: “El anuncio del alto el fuego del domingo es bienvenido. Sin embargo, si el conflicto o las interrupciones se intensifican, esto representa un claro riesgo para el crecimiento global».
Georgieva visitará Buenos Aires en medio de una intensificación del conflicto bélico en Medio Oriente. Los ataques de EE UU recrudecieron, al igual que las retaliaciones iraníes, que esta vez incluyeron un nuevo cierre del estrecho de Ormuz y el inicio del bloqueo sobre el estrecho de Bab el-Mandeb por parte del gobierno hutí, que controla el norte de Yemén.
El cierre de ambos estrechos derivó en un renovado estrangulamiento en el transporte de petróleo, gas natural licuado (GNL) y fertilizantes, cuyos precios se dispararon por el desabastecimiento global. El barril brent ronda los U$S 100, los fertilizantes subieron entre 20 y 25% y el millón de BTU (una medida global de comercio de este producto) de GNL trepó un 50%, hasta los U$S 20 en Europa y U$S 22 en Asia.
Tal como señaló Georgieva, estos cimbronazos impactan en la posibilidad de crecimiento global. Es a través de dos vías: los mayores precios derivan en mayores costos para la economía global, con lo que se prevé un fortalecimiento de la tendencia hacia una mayor inflación. Ante esta perspectiva, la respuesta que ya se perfila por parte de los principales bancos centrales es la de una suba de la tasa de interés.
Se trata de un regreso del escenario existente a inicios de junio, cuando comenzó la tregua en el conflicto. En ese momento, el Banco Mundial alertó que dos tercios de las economías del mundo -las más pobres- sufrirían una ralentización en el crecimiento de este año.
Aunque el gobierno de Javier Milei diga lo contrario, la Argentina se encuentra en este grupo. Si bien las empresas dedicadas a la producción de petróleo se benefician con los precios más altos, el conjunto de la economía local sentirá el golpe de los mayores costos. Por su lado, un incremento de las tasas de interés implicará un stress financiero para la gran cantidad de emisores de deuda en dólares a tasa variable, desde empresas hasta gobiernos provinciales y el propio Estado nacional.
Georgieva discutirá este nuevo escenario con sus interlocutores locales. Se prevé que tenga encuentros con el ministro de Economía, Luis Caputo, y su equipo, incluido el titular del Banco Central, Santiago Bausili. Y que luego, en algún momento de las menos de 48 horas que permanecerá en la Argentina, visite al presidente Javier Milei en la Casa Rosada.
La perspectiva complica la causa principal de la visita de Georgieva: el respaldo político al presidente Milei y su gestión de gobierno. Según el exdirector del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, el sentido del viaje de la mandamás del Fondo es “85% política” y “mostrar apoyo” a Milei.
El respaldo al presidente llega en un momento en el que está urgido de ese tipo de gestos como consecuencia de una debilidad estructural de su gobierno. Los gobernadores venden cada vez más caro su respaldo a los proyectos de la Casa Rosada, la imagen positiva de Milei y de su gestión caen en la mirada popular y asoman indicios de que en el Poder Judicial fluye la idea de que es prudente pensar en una alternativa a Milei para las elecciones de 2027.
Pero Georgieva chocará con la realidad de una economía que no despega (la estadística muestra un serrucho descendente) y que tiene un frente complicado: el superávit fiscal está cuestionado y en junio hubo déficit fiscal primario (el que surge de restar los gastos corrientes a los ingresos) y el panorama es que esto se profundice. Según Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), “el cumplimiento de la meta fiscal de fin de año resulta sumamente improbable”.
Para mejorar los ingresos fiscales y reducir el gasto, Georgieva insistirá con diversas reformas, especialmente la tributaria, para lo que no cuenta con espaldas políticas, y que se profundice la quita de subsidios, lo que derivaría en una mayor inflación y una reducción aun mayor del ingreso disponible de los hogares, lo que podría redundar en una nueva reducción del respaldo popular a la gestión del gobierno de ultraderecha.
Estas decisiones, a su turno, tendrían como consecuencia un nuevo ciclo de retaceo del respaldo de los gobernadores a la Casa Rosada. Así, Georgieva buscaría la cuadratura del círculo que, como se sabe, eso es imposible.
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