Los drovoseki van a la ciudad de Putin

Por: Alejandro Wall

Así viven el Mundial los rusos. Una recorrida que va desde el partido inaugural con la goleada ante Arabia hasta el encuentro de este martes ante Egipto en San Petersburgo.

Pueden pagar veinticuatro mil rublos por una entrada, más de la mitad de un salario promedio, aunque a su selección la llamen дровосеки. Se pronuncia drovoseki y quiere decir leñadores, lo que en la Argentina sería picapiedras. El cinco a cero a Arabia Saudita en el partido inaugural puso en órbita a los hinchas rusos, a los fanáticos del fútbol y también a los que no, a los que miran el Mundial 2018 de reojo, en las pantallas del Metro, a los que miran la marea extranjera con algo de fastidio. Son los menos. Pero a unos y a otros lo que no los invade es la desmesura. El sitio de noticias ruso Meduza hizo un juego para comprobar cuánto sabe cada uno de fútbol, cómo hacer para tener una conversación fluída. Al día siguiente del partido con Arabia tituló con un optimismo lacónico: “Bueno, guau”.

La selección rusa juega con Egipto este martes en San Petersburgo, a la que algunos llaman con ironía Putingrado. Es la ciudad de Vladimir Putin, donde dormía con una pistola bajo la almohada porque durante la década del noventa matar políticos era algo cotidiano. La ciudad estaba copada por la mafia. Putin no irá al partido. Ni siquiera lo verá por televisión. Según su vocero, repasará los highlights, el resumen del partido. No se llevará el protagonismo de las cámaras que tuvo en la fiesta de inauguración, cuando en los goles de la selección ensayaba disculpas entre sonrisas con el jeque árabe Mohamed Bil Saman. Putin viene de meses de acercamiento con Egipto después de que en 2015 un Airbus A321 de la aerolínea rusa Kogalymavia sufriera un atentado sobre la península egipcia. Los vuelos entre Moscú y El Cairo se suspendieron, recién se reanudaron con regularidad hace dos meses.

Hay un chiste en Rusia con Mohamed Salah, el héroe egipcio que no jugó frente a Uruguay en el debut en el Mundial. Lo único que falta, dicen los rusos, es que crean que un agente del gobierno de Putin contrató a Sergio Ramos para golpearlo en la final de la Champions. Si el plan hubiera sido ese, estaríamos ante un fracaso. Salah estará frente a Rusia. Se trata sólo de una broma moscovita.

Después del Rusia, Rusia, el jueves pasado los hinchas bailaron en las tribunas con un reggae de Chaif, una banda de rock popular en el país. El tema tiene nombre de resultado: Argentina-Jamaica 5-0. Recuerda el partido del Mundial de Francia. La letra canta un lamento por los jamaiquinos. “Nuestras mujeres –dice- perdonan nuestra debilidad, nuestras mujeres perdonan nuestras lagrimas, ellas perdonan la risa y la alegría a todo el mundo, incluso a Argentina”. “Kakaya bol, kakaya bol”, repite el estribillo, “Argentina, Yamaika, 5-0”. Lo que cambiaban era los nombres de las selecciones, Rusia por Argentina, Arabia por Jamaica. Y se encendían con Seven Nation Army, de White Stripes, aunque siempre volvían a la más tradicional Katyusha.

Rusia, territorio FIFA durante un mes, no recibió a los hinchas ingleses son hooligans. Tampoco con guerrilla diplomática después de que el gobierno británico acusara a Moscú de haber envenedado a un doble agente en Londres, lo que llevó a un boicot de funcionarios y realeza al que sólo se sumó Islandia. “La calidez de la bienvenida aquí ha sido absolutamente excepcional”, dijo Lindsay Skoll, la vice embajadora británica en Rusia. Los ingleses celebraron la derrota a último momento frente a Tunez en Volgogrado, la ex Stalingrado. Antes del partido entre Inglaterra y Tunez, hubo un homenaje a las víctimas de la Segunda Guerra, ingleses y rusos, pero sobre todo rusos: la batalla a orillas del Volga, una de las más sangrientas, le dejó al Ejército Rojo un saldo de medio millón de caídos. La Alemania nazi puso 750 mil muertos.

Esa historia juega con el presente. Los funcionarios ingleses que viajaron al Mundial reconocieron la amabilidad rusa después de tantos disparos, que incluyeron la comparación del canciller británico Boris Johnson entre el Mundial 2018 y Berlín 1936, los Juegos Olímpicos de Adolf Hitler. La guerra es otra forma de pensar el futuro para los rusos. Alexander, un empleado bancario que no votó a Putin, intenta buscarle una explicación al 77% de popularidad: “Hay trabajo, hay comida y no hay guerras”. ¿Y Siria? ¿Y Crimea? “Esas –responde- son guerras profesionales”. A Rusia lo verá con amigos.

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