Los hijos de Adriana Calvo relataron los tormentos que sufrieron en la última dictadura cívico militar

Por: Nahuel De Lima

"Nací desaparecida y torturada", dijo Teresa al Tribunal. Declararó el martes en la audiencia donde se juzgan los crímenes de lesa humanidad cometidos por 17 represores, contra 500 víctimas, en la década del 70.

Una nueva audiencia virtual del juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús contó esta semana con los testimonios de Teresa, y sus dos hermanos, Martina y Santiago, hijos de Adriana Calvo. Relataron el terror que vivieron bien de cerca durante la última dictadura, que revivieron en 2006 con la desaparición de Jorge Julio López.

Cuando Adriana Calvo parió a su hija Teresa, con una venda en los ojos y las manos atadas detrás de la espalda, en un patrullero rumbo al Pozo de Banfield, parió también la promesa que la acompañó toda su vida: buscar justicia. Adriana falleció en 2010, pero su testimonio (que también fue escuchado en este juicio) fue central para reconstruir lo ocurrido en esos centros de detención y brindar información sobre el nacimiento de muchas de las y los nietos buscados. En Banfield, compartió cautiverio con otras detenidas embarazadas: María Adela Garín, Silvia Muñoz, Cristina Navajas y María Eloísa Castellini, Silvia Isabella Valenzi y Cristina Marrocco.

Adriana Calvo estaba en pareja con Miguel Ángel Laborde y, si bien eran oriundos de Lomas de Zamora, tenían pensada una vida en La Plata. De hecho, se conocieron en el transporte, camino a la ciudad de las diagonales, donde estudiaban. Tuvieron dos hijos, Martina y Santiago, pero esperaban la llegada de un tercero cuando fueron secuestrados el 4 de febrero de 1977. “Ese proyecto se vio interrumpido por una patota que entró a la casa y se llevó todo”, relata Martina, quien tenía 4 años al momento del secuestro. Ella no estaba en la casa ese día porque se había ido a dormir a la casa de una abuela. “Me quedé sin mis viejos, sin casa, sin mis cosas y sin mis amigos del jardín”, precisó ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata.

Fue a vivir a la casa de su tía Marta, quien la anotó en un jardín de Adrogué. Hizo hincapié en este asunto y advirtió que “era común en esa época que se anotaran chicos sin papeles ni padres”, era parte de la “normalidad de una Argentina bastante enferma”. Remarcó la complicidad de los medios de comunicación que lograron “la naturalización” de situaciones como ésta, que se pasearan civiles armados a bordo de autos Falcon, que haya un centro clandestino de detención a cuadras de las casas.

Adriana, su mamá, estuvo secuestrada en la Brigada de Investigaciones de La Plata, pero también pasó por Arana, la Comisaría quinta de La Plata y el Pozo de Banfield. Fue justamente durante este último trasladado en el que nace Teresa. “Mi vieja dio a luz con los ojos vendados y las manos atadas. La trataron como a un perro”, aseguró Martina. Una “coraza” de las compañeras de detención impidió que se llevaran a la beba y finalmente, fue liberada.

“Nací desaparecida y torturada”, se presentó Teresa, quien también quiso poner el foco en esa “muralla humana” que permitió que ella se quedara con su mamá y no se convirtiera en uno de los cientos de nietos apropiados , muchos de los cuales aún hoy no conocen su identidad. “Habían tirado una pastilla de Gamexane pero mi mamá no me soltó“, continuó con el relato. Y ella, esa beba que se convertía en esperanza, pasaba de mano en mano y de celda en celda. “Tenían amor para darme, ternura y alegría”, apuntó.

Adriana Calvo, junto a Teresa, fue liberada tres meses después. Fue presidenta y cofundadora de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), desde donde realizó una investigación sobre los centros clandestinos, a partir de los datos aportados por las víctimas sobrevivientes.

“Crecí con un miedo intravenoso”, describió Teresa. “A pesar de sentirme tan afortunada y de celebrar siempre la vida, tenía miedo. El cuco no era una leyenda, el hombre de la bolsa estaba a la vuelta de la esquina, podía ser un cura, un policía, un empresario o dueño de un canal de televisión“, apuntó. Se fue a vivir a Cuba y en 2006 volvió a la Argentina, embarazada de ocho meses. El 17 de septiembre nació su primer hijo y el 18, Julio López salió de su domicilio en el barrio Los Hornos de La Plata, para presenciar la audiencia de alegatos que se desarrollaba en los Tribunales Federales de esa ciudad, y nunca más se lo volvió a ver. Al día siguiente, Miguel Etchecolatz fue condenado a reclusión perpetua.

La desaparición por segunda vez de Julio López dejó una cicatriz en los hijos de Adriana. Los tres lo dejaron en claro durante el testimonio de este martes. “Decile a tu mamá que se quede tranquilita, que deje de buscar a López porque te va a tener que buscar a vos y a tu hijo”, le dijeron a Teresa por teléfono. “Me aterroricé un montón, agarré al bebé y salí caminando”, admitió.

Martina también señaló que “con la desaparición de Julio López volvieron los miedos”. “Lo desaparecieron por perseguir justicia, lo mismo que estaba haciendo mi vieja. A mi hermana la llamaban amenazándola, querían hacer desaparecer a mi hermana Tere”, explicó.

Santiago tenía 2 años cuando sus padres fueron secuestrados y también hizo foco en el Juicio a las Juntas, por la exposición de Adriana, y la desaparición del albañil. “Con López, volvió el miedo y las amenazas. Fue un hecho que marcaba lo endeble de todo. Yo la veía a mamá y sus compañeras de asociación (AEDD) como heroínas, que no las paraba nadie, pero lo de López fue un cimbronazo”. “El punto fue redoblar la apuesta y aquí estamos, juzgándolos 40 años después en su casa. Son muy pocos los que están en cárcel común”, señaló ante el TOF.

En ese sentido, admitió que “40 años después, los que tienen vergüenza de llevar el apellido de sus padres son ellos”. “Nosotros no tenemos nada que esconder. De la vergüenza que tienen, se tienen que cambiar el apellido y de eso no hay retorno. Nosotros nombramos a mamá y a papá de frente, sin bajar la cabeza”, resaltó.

“La Justicia llega tarde y a cuentagotas”, reclamó, por otro lado, Martina, quien señaló que “nunca se juzgó a civiles, periodistas, empresarios, curas”. “Sin ellos la dictadura y el genocidio no hubiese sido posible. Lograron justificar lo injustificable, que la sociedad naturalice la violencia y están todos libres y siguen ostentando el mismo poder de antes. Mientras no se juzgue a esos responsables, no creo que cambie mucho en el país”, reflexionó.

Teresa se expresó en sintonía: “Hasta que no se haga justicia efectiva, va a seguir pasando”, dijo, y se preguntó “¿qué impedimento jurídico hay para que no vayan a la cárcel o se allanen los lugares donde hay información, sobre todo de los bebés apropiados?”. “Si hay tantos testimonios que dicen que iban y eran torturados por curas, por qué no van a ver si hay registro. Nada se los impide”, reclamó.

El juicio se reanudará el martes 5 de abril, con una audiencia semipresencial (la segunda) convocada para las 8.30. 

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