La situación social de muchos de ellos es delicada ya que su único ingreso estable era el municipal y por la cuarentena no pueden trabajar con público. "La orquesta era el Estado presente", dijo Clara Parodi, su directora.

“Hemos relevado que en 15 casos de nuestros compañeros y compañeras despedidos, su salario en la Orquesta Municipal era su único ingreso estable”, dijo a Tiempo Clara Parodi, directora de la orquesta, que estaba compuesta por 41 músicos, de los que sólo quedaron tres.
La conductora indicó que la cuarentena impidió a estos músicos despedidos volver a la práctica habitual de manera independiente, por caso tocar ante el público en las estaciones del subte porteño. “Se han quedado sin sus ingresos alternativos y realmente la están pasando mal”, agregó Parodi.
“Hemos hecho un fondo entre nosotros para ayudar a los casos más complicados”, indicó.
Tiempo intentó comunicarse por diversas vías con autoridades de la Municipalidad de José C. Paz para conocer su visión de los hechos, pero no obtuvo respuesta.
Trabajo territorial
Parodi destacó que la orquesta acumulaba nueve años de vida, seis de ellos bajo la órbita del municipio. “La orquesta se caracteriza por un fuerte trabajo territorial”, detalló.
Su plan mensual habitual incluía cuatro ensayos por mes, uno de ellos abierto para alumnos de escuelas secundarias y nocturnas, y dos conciertos en centros comunitarios. El año pasado incorporaron la actuación en escuelas primarias y en jardines de infantes, adonde realizaban, además, un trabajo pedagógico y didáctico. “La orquesta tenía presencia en distitnos espacios de formación y realizaba un trabajo adecuado a cada uno de esos espacios”, describió la conductora.
“Era una de las manifestaciones del Estado presente, en este caso para garantizar el acceso a la música a la población, especialmente a la más vulnerable”, subrayó.
En ese sentido, Parodi recordó el recital que dio la orquesta en el barrio Vucetich, ubicado a unos 5 kilómetros al oeste de la estación José C. Paz del ferrocarril San Martín. “Fuimos a un descampado que hay en ese barrio, que es un lugar muy golpeado. Tocamos temas de Johan Sibelius y de La Mona Jiménez. La respuesta de los vecinos fue impresionante. Nos pedían que nos quedáramos. Todos quedamos muy emocionados”. Era el atardecer del 23 de diciembre, un día antes de la Navidad de 2018.
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