El Centro cultural Espacios, en Villa Ballester, inaugura su temporada de clásicos y novedades en forma remota y a la gorra. La nueva normalidad atraviesa a todas las obras.

Hay propuestas diferentes para este festival online. Todas piezas poéticas creadas en el contexto de la cuarentena: obras cortas, otras completas, canciones, todas disponibles de manera virtual y a la gorra. “En este año tan especial, en Espacios decidimos no cobrar entrada de acceso a la programación. Si querés y podés, colaborás; si no podés te invitamos igual. Porque todos estamos complicados nos pareció justo que el aporte sea voluntario y estará destinado exclusivamente para los artistas de cada una de las propuestas, con la única forma posible de monetizar su trabajo”, dice Omar Alvarez quien encabeza el equipo del centro cultural Espacios, ubicado en la calle Witcomb, en el corazón de Villa Ballester, partido de San Martin, uno de los más afectados por el coronavirus.
“Esta pandemia no nos puede paralizar, sobre todo por ellos, los chicos y chicas que deben estimularse para que el proceso de de crecer sea mejor y el cambio de habito que tuvimos en estos meses no los afecte mal. Soy de la idea que con los chicos se puede abordar cualquier tema porque a ellos transitan el mundo real sin anestesia, ni poesía que atempere lo que pasa. Seguro la pandemia debe estar bastante presente en sus vidas, por eso quisimos acercarnos de la manera que hoy pueden relacionarse con el mundo de la fantasía, pero llevar mejor lo que nos toca”, afirma Omar Álvarez, quien subirá al catalogo tres espectáculos propios: “El viento entre las hojas”, obra que fuera galardonada con el Premio de la Asociación de Teatristas para Niños y Adolecentes de Argentina como el Espectáculo más destacado de la década 2005-20015, y que cuenta con voz en Off de Norma Aleandro (siendo esta la única interpretación en la carrera de la gran actriz argentina en el género del teatro para niños); también Hansel y Gretel, basado en el texto original de los hermanos Grimm y voces interpretadas magistralmente por Soledad Silveyra y Raúl Rizzo; y El niño de arena (Ilusiones y mareas), con el que recorrió varios continentes.
“La experiencia de ver una representación teatral en video no es comparable con la de ver obra en vivo. Sin embargo esta es la oportunidad posible de volver a disfrutar ( ó descubrirla si es que no la viste en aquellos tiempos) el arte de los títeres. Tal vez, una de las pocas ventajas de no poder presentarnos en el escenario, sea la oportunidad de volver al material que llenó de aplausos nuestro pequeño teatro”, cree Omar.
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