En dos semanas, la ciudadanía brasileña digitará sus preferencias electorales en las urnas electrónicas que, a lo largo de todo el país, irán configurando el mapa político que marcará las condiciones bajo las cuales deberán gestionar los gobernadores y quien se quede con la responsabilidad del Ejecutivo nacional. Todas las encuestas muestran un escenario de alta polarización, donde Luiz Inácio Lula da Silva estaría liderando la contienda con un 44,1% aproximadamente, frente a Flávio, el hijo del exmandatario Jair Bolsonaro, que en los últimos días recuperó preferencias y se encuentra cerca del 41,7 por ciento.

Si bien no está descartada una victoria de Lula en primera vuelta, las posibilidades son remotas, por lo que todo apunta a un balotaje para el 25 de octubre, momento en que la contienda será un frente a frente contra Flávio Bolsonaro. De hecho, en esta semana, Lula puso todo el eje de campaña en el debate contra el hijo de Jair. Atento a que Danielle Marques, la referente en economía de Flávio, sostuvo que la línea a seguir era el modelo de Milei, los spots de campaña mostraron las consecuencias sociales de la «motosierra» libertaria, llamando mucho la atención la alusión al aumento del consumo de carne de burro en Argentina como algo intolerable para Brasil.

En el balotaje de 2022, Jair centró su ataque a Lula en confabulaciones acerca del peligro para la familia tradicional y la propiedad privada. En tanto, ahora Flávio se orienta a otro terreno. Paradójicamente, apuesta a la judicialización, los escándalos y las acusaciones de corrupción, justamente el universo que acompaña su propia trayectoria política. El mismo excoordinador de la campaña de Jair, Julian Lemos, calificó a Flávio como el «más corrupto de la familia».

Lo cierto es que la estrategia de Flávio apunta a fortalecer su núcleo duro de votantes y tensionar las opiniones de un caudal electoral que podría tener la llave de la elección.

Es un electorado que hoy no votaría por ninguno, pero en simulaciones de segunda vuelta, cuando se pone como única opción elegir entre Lula o Flávio, la distancia electoral entre ambos se reduce a un empate técnico absoluto (con diferencias de entre 1 y 2 puntos, como señalan encuestas de Datafolha o Nexus-BTG).

En definitiva, una parte considerable de quienes rechazan ambas opciones terminaría definiendo la contienda eligiendo el «voto menos malo».

El equipo de Lula entiende que cuanto más se acerque al 50%, menor será el caudal de votos necesario para obtener el balotaje. Sus estrategas analizan el escenario del segundo turno visualizando segmentos del electorado, sabiendo que hay pocas expectativas de atraer votantes del resto de los candidatos, dado que la mayoría se ubica en un perfil de centro derecha a derecha. Existe un espectro liberal-conservador que prefiere al outsider Renan Santos o al gobernador Ronaldo Caiado (rondan el 4% de las preferencias cada uno), buscando ser una alternativa a la gestión actual sin la carga de la crisis institucional vinculada a Bolsonaro. También hay un 5 a 6% de perfil intelectual y urbano, que opta por Augusto Cury.

Los grupos focales a los que presta atención el equipo de campaña de Lula son aquellos que presentan un «doble rechazo»: tienen difícil revertir un voto favorable a Bolsonaro y manifiestan su negativa a votar al actual presidente, así como rechazan al hijo de Jair. Ese electorado realiza una crítica moral a los candidatos, considerándolos corruptos a ambos y viéndose influenciado por casos como los que involucran al hijo de Lula, al hermano de Bolsonaro o al propio Flávio como factores de desencanto político, ubicándose en el centro del espectro partidario.

Estos grupos están geolocalizados en los suburbios de San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais, y están compuestos por ciudadanos de centro —preponderantemente mujeres y sectores urbanos de ingresos medios— que reprueban la polarización.

Ante este escenario, en conversación con Valter Pomar, del directorio nacional del PT, sostiene en forma optimista: «Habrá segundo turno, es obvio. La diferencia será muy pequeña, también. No obstante, Lula vencerá gracias al voto de los trabajadores pobres, de mujeres y de las y los afrodescendientes. «