Mientras intenta mostrarse como un dirigente opositor perseguido, el ex presidente está en diálogo permanente con sus abogados. La relación con el asistente.

Lo cierto es que desde su mansión situada en las barrancas de Acassuso, el ex presidente se empeña en transmitir una actitud distante y contemplativa, como si él fuera simplemente un espectador, ante el escándalo por el espionaje ilegal desplegado durante su gobierno. Y es probable que sus abogados, Pablo Lanusse y Alejandro Pérez Chada –quien en esto también patrocina al ex “Señor 5”, Gustavo Arribas–, lo hayan instruido en tal sentido. Semejante ajenidad es difundida en artículos publicados por medios amigos, y siempre en base a testimonios de presuntos allegados a él.
“Mauricio está tranquilo, porque sabe que no mandó a espiar a nadie. Y preocupado por la catástrofe económica que viene”, supo consignar el diario La Nación en una nota del 23 de junio.
Ahí también se afirma: “En la intimidad, Macri deja trascender que ‘no conoce’ a Susana Martinengo, la ex secretaria de Documentación Presidencial, a quien los espías señalan como la encargada de ‘recolectar’ la información obtenida de seguimientos ilegales”.
Una prosa notable. ¿En la “intimidad deja trascender” que no la conoce? ¿Acaso se desliga de las graves sospechas sobre él mientras juega al bridge por Internet? Su vida, al parecer, discurre en medio de una serenidad casi zen.
Pero alguien sabe que eso no es así. Y que esta historia lo preocupa sobremanera. Y que las comunicaciones por WhatsApp con sus abogados son permanentes. Y que la imposibilidad –en razón a la pandemia– de abandonar inmediatamente el país lo tiene a mal traer.
Esa persona es nada menos que su (aún) secretario privado, Darío Nieto.
Hubo un tiempo en que la peor tragedia de este joven fue una pequeña lesión en un talón, ocurrida en un partido de fútbol.
“No te preocupes. Te cuidamos el lugar. Mejorate y volvé pronto”, le dijo Macri diez días después de asumir el poder.
Dicho y hecho. Una vez recuperado, el tal Nieto volvió a ser la discreta y silenciosa sombra del entonces mandatario. El tipo con quien compartía las mañanas; el tipo que le coordinaba la agenda y hasta le elegía las camisas.
Nieto seguía asistiéndolo tras el final de su mandato en las oficinas que había alquilado en Olivos, a pocas cuadras de la quinta presidencial.
El jueves pasado a Macri le extrañó que Nieto no se comunicara con él. Luego sabría que fue por motivos de fuerza mayor.
Nieto andaba con un problema.
“¡No les voy a dar el celular!”, les chilló a los policías que acudieron a su casa de Palermo con una orden de allanamiento.
Entonces se encerró en su automóvil con el aparato aferrado entre sus dedos como si fuera una pequeña biblia.
En tales circunstancias le mandó a su esposa un mensaje: “Me están por detener”. Y ella –según se dice– retransmitió la novedad al propio Macri. Pero sin recibir de su parte ninguna respuesta.
Nieto al final no quedó detenido. Pero en ese allanamiento –ordenado por el juez federal Federico Villena– la policía se llevó dos computadoras de mesa, una notebook, varios pendrives, algunas agendas y aquel celular.
Su vinculación con esta causa surge de registros a su vez secuestrados a espías del grupo de la AFI autodenominado “Super Mario Bros”. En uno de los audios a la señora Martinengo se le pregunta si los mensajes llegaban al “número uno” (Macri); ella asegura que sí, que recibía todo a través de Nieto.
En otro mensaje, enviado por ella a Jorge “El Turco” Saez, un miembro de aquel grupo, se la escucha decir: “Dale, dale, si vos tenés un informe que no los comprometa, yo se lo paso a Nieto, el secretario privado, como hice la vez anterior… ¿viste?”.
De modo que Martinengo –sobre quien hay audios y foto que acreditan su lazo con Macri– era el nexo entre el grupo de la AFI y la Casa Rosada, en tanto que Nieto era la correa transmisora de los informes de inteligencia entre Martinengo y el ex presidente.
En la actualidad, las estrategias exculpatorias del universo de imputados y sospechosos en estas causas por espionaje (cuatro, por el momento) perecen obedecer a las leyes de la Física: los ex funcionarios de mediano y alto rango pugnan para que el espeso líquido de la investigación no sobrepase la figura del detenido Ruiz, mientras que el propósito de la mano de obra del fisgoneo es que dicho fluido pueda llegar hasta la cúspide misma de la pirámide.
Por ahora –según una fuente con acceso al expediente– la hipótesis del juez Villena es que esta organización criminal enquistada en el Estado durante el régimen de Cambiemos la encabezó el propio ex presidente (como jefe de la asociación ilícita), seguido por Arribas y Silvia Majdalani (como mandantes del espionaje ilegal por su calidad de cabecillas de la AFI). En un tercer plano resaltan Martinengo, Nieto y el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis (por ser el superior de estos últimos, además de haberse reunido con los espías Javier Bustos y Jonatan Nievas); a continuación figura Ruiz. Y por último, el elenco estable del Grupo Súper Mario Bros. La Patria Fisgona en su peor momento. «
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