Además de tocar el piano, Macron estudió Filosofía en la Universidad de París X – Nanterre, Ciencias Políticas en el Instituto de Estudios Políticos de Paris (IEP) y es egresado de la Ecole Nationale d’Administration de Francia. Dejó la prestigiosa Inspección de Finanzas para ser socio de la Banca Rothschild. El controlador pasa del lado del controlado. Desde entonces combinará cargos públicos, como secretario adjunto de la Presidencia al principio del gobierno de Francois Hollande y más tarde ministro de Economía, con la docencia y la oportuna proximidad a empresas privadas. Creó ¡En Marcha! en 2016, un partido que aspira a representar tanto la izquierda como la derecha –incluso con las propias iniciales- y publica el libro Revolución, que es reflexión y proyecto. Llega a la presidencia de Francia en 2017 gracias al “cordón sanitario” contra la extrema derecha de Marine Le Pen. Es electo en 2022 con la misma metodología.
Pero ganar las elecciones es una cosa y gobernar es otra. Este joven presidente se presenta como social-liberal y apuesta por la flexi-seguridad en el empleo. Tantas palabras compuestas no son de buen augurio, pues buscan expresar algo que no existe. Así las privatizaciones de algunas empresas importantes, como ALSTOM que pasa a General Electric, la permisividad para el sistema UBER (cuando era ministro) y las bajas de impuesto a los más pudientes no vayan en el sentido del interés general. Ni hablar de “los chalecos amarillos”. Quizás Macron habita la idea que un país debe ser manejado como una empresa, una idea que condimenta el debate francés desde los años ’80. De los siete libros autoría de Macron, algunos de entrevistas, uno sostiene que el Estado debe funcionar como una start-up, esas nuevas empresas que brindan bienes y servicios en base a las nuevas tecnologías, en especial digitales. Parece errado creer que los problemas políticos tengan soluciones técnicas. Ni que las contrataciones mil millonarias de consultoras privadas, de McKinsey a Capgemini, encargadas de reducir lo público y preparar medidas de gobierno desde lo privado, al menos según el informe del Senado francés en 2022.

Francia transita varios conflictos. El más vistoso hoy es la movida protagonizada por los estudiantes secundarios. Reclaman por la falta de docentes, poco mantenimiento de los edificios, escaso financiamiento y contra Parcoursup. Es la reforma educativa que Macron lanzó en 2018, una única plataforma que recibe los pedidos de inscripción en las universidades. Poco transparente, es acusada de reforzar los sesgos sociales ya existentes. Los movimientos estudiantiles suceden cada tanto en Francia, contribuyen a la politización generacional como un rito iniciático a la vida civil, además de ser un problema para el gobierno. Ese déficit de política también existe en la baja del poder adquisitivo de los empleados públicos, en el aumento de los combustibles, en la próxima presentación del presupuesto que prevé más recortes en las áreas sociales.
El frente externo brinda otros problemas. Francia provee entrenamiento, armamento y munición a Ucrania contra Rusia, acusada de todos los males que sufre el pueblo francés. Bueno, casi, también Irán y los hutíes son responsables del encarecimiento de la nafta, por lo que Macron manda algunas tropas para defender Yanbu, puerto saudita sobre el mar Rojo que saca crudo. Encima, si escuchamos a los gobiernos de Burkina Faso, Malí y Níger, atrás de los ataques de los terroristas islámicos que atacan la región está la mano de Macron, que no soporta haber “perdido” el Sahel.
Esa es la Francia que encuentran Javier y Karina Milei, además de la comitiva. De Macron a Milei, nada parece unir dos personalidades tan diferentes, sobre todo cuando los pergaminos del visitante consisten en un diploma de la Universidad de Belgrano y un doctorado honoris causa del garito de Benegas Lynch. Macron es un orador, Milei… ya sabemos. Pero Francia no despliega la pompa y circunstancia de la République en vano. Sabe cómo ponerse en escena, tienen con qué. Y sabe adecuar el protocolo en las dosis necesarias para cada delegación que reciben. Hasta parece que tienen un baremo (palabra francesa), pues las visitas del Carlos en los noventa requerían los mismos gastos que la de jeques árabes. ¿Será el caso?

Quizás esté en filigrana la venta de material militar para la Argentina, en particular submarinos. ¿Y por qué submarinos? Remontemos a 2021, cuando Francia acordó la venta de doce submarinos convencionales para Australia. Pero el Reino Unido y los Estados Unidos crearon el AUKUS, una alianza entre los tres países contra China. En el marco de tal acuerdo, Australia denunció el contrato ya firmado. Más allá de la grave crisis diplomática del momento, hay ingeniería sin vender. Y ya Milei dijo que compraría submarinos franceses. Esas comisiones no se cobrarán solas. En las memorias, Charles de Gaulle decía “sin el Estado, Francia no existiría”. También dijo “la política de Francia no se decide en la Bolsa de valores”. En la hora de la barbarie libertaria, esas son las inspiraciones para buscar al borde del Sena. O tempora, o mores. «
Horacio Calcagno
4 October 2026 - 03:48
Sabe de lo que habla porque estudio allá,es palabra autorizada,gran análisis