Pese a la abundante liquidación de divisas por parte de los agroexportadores, en mayo la entidad sólo pudo comprar U$S 790 millones, mucho menos que lo esperado.

Las mayores importaciones, producto de una actividad económica en repunte, y el fuerte incremento en el costo de los embarques de energía fueron los que provocaron una mayor salida de divisas que condicionó el resultado final. De hecho, fueron los pagos por compra de energía los que influyeron para que en el último día hábil de mayo el Central tuviera que desprenderse de U$S 190 millones, el resultado negativo más amplio en varios meses.
El balance es magro si se tiene en cuenta, además, que el segundo trimestre del año es la época de abundancia de divisas por la venta de la cosecha gruesa. CEC y CIARA, las cámaras que agrupan a las empresas agroexportadoras, informaron este miércoles que las empresas del sector liquidaron en mayo U$S 4.231,7 millones, un 33% más que en abril. Sin embargo, a pesar de la obligación de vender esos dólares en el mercado oficial, el Banco Central no logró retener ni el 20% de esa suma.
El dato no sorprendió a los mercados, que vienen haciendo un seguimiento constante de esas variables, pero acrecentó las dudas sobre el cumplimiento de las promesas que el gobierno le había hecho al FMI. En el acuerdo firmado en marzo, se fijó una meta de acumulación de reservas de U$S 5.800 millones para todo el año, de las cuales U$S 4.100 millones iban a ser obtenidas antes de que terminara el primer semestre. Se necesitaría un hecho fortuito para poder cumplir ese propósito: por ejemplo, que se destrabe el Fondo de Resiliencia que el FMI viene anunciando hace varios meses y Argentina acceda a un financiamiento extra por cerca de U$S 1.400 millones.
“La meta de reservas actual implica que habría que acumular U$S 3.000 millones en sólo 30 días, muy poco probable”, estima el CESO (Centro de Estudios Scalabrini Ortiz) en su último informe. “La relación con el Fondo va a entrar en un terreno de incertidumbre cada vez mayor en las próximas revisiones en la medida que se dificulte el cumplimiento de las metas. En caso de hacerlo, el gobierno deberá presentar un waiver en el que se disculpa y justifica las razones por las que no logró el objetivo asumido. El waiver le llega al directorio del FMI que debe resolver si acepta o no ese pedido y, en función de eso, decide si realiza o no los desembolsos previstos”, explica el documento.
En Washington ya conocen la situación y por algo, apenas firmado el acuerdo, la directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva, habló de que posiblemente hubiera que “recalibrarlo” por la alteración del orden internacional que provocó la guerra entre Rusia y Ucrania. “No consideramos que dicho incumplimiento tome por sorpresa al FMI, si partimos de un acuerdo que desde sus inicios parecía ambicioso, aunque llama la atención lo temprano que llega, especialmente en un contexto de precios internacionales a favor”, agrega otro informe del Grupo Cohen.
Aun cuando la novedad sea aceptada por el Fondo, se tratará de una complicación para los planes de Martín Guzmán. El ministro de Economía se había mostrado reacio a modificar el programa celebrado con la entidad porque cree que el cumplimiento de las metas acordadas es el ancla más eficaz (y a esta altura casi excluyente) para calmar las expectativas y moderar el proceso inflacionario. Tiene un mes de tiempo, hasta fines de junio, para mejorar los resultados.
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