Hay eternos impactos de bombas y mucha sangre latente bajo pañuelos blancos en la plaza. Plaza, que aunque sus rondantes protagonistas, dueños de la sangre, de sus caras no hayan selfies; siempre nos marcarán la ronda y el camino. ¡Presentes...ahora y siempre!

La casa con el patio
Aquel disfraz,
La plaza con el perro
Los abuelos
Y los falsos retratos
Ya en la escuela,
Que enseñaban un mundo de postal…
Los retratos ya no necesitan de un marco o espacio en una pared, ni siquiera sobre una mesita de luz, en el escritorio del trabajo fuera de casa, o en el bautizado home office actual. No, que bah…si hoy con las selfies, los registros de momentos, en algunos casos forzadamente, y en otros tomados con las fotos curiosa e indiscretamente con el celu, son tan insostenibles como a su vez intangibles. Ni siquiera existe recordar en una tapa de diario los goles de tu equipo, hecho cuadrito, o ese campeonato tan deseado. Todo transcurre en lo inmediato, viralizado o recreado en cuestión de segundos.
…Retrato el tuyo, el que se besa
Cuando la luna viene o se va.
El único retrato que se huele
Al que uno no le da vergüenza hablar…
Y yo que antes me quejaba cuando pensaba en lo que duraba con una misma camiseta un crack -si supiste jugar a las figuritas, lo sabés-, porque en el trecho del lanzamiento a la pared, me imaginaba a que el jugador de la foto ya tendría puesta otra, de colores y país distintos: «Tiempos mendigos de corazones, laten bolsillos con celulares…», escribí para un tema que le dediqué al Enzo.
Vamos quedando cada vez más fuera de foco, que curiosa comparación. Hoy un retrato es quimera del pasado, la distopía del recuerdo, un fogonazo de moda antigua en donde el retrato, no sólo de personas, sino de situaciones familiares en particular o sociales en general, queda para vestir santos o paganos baúles con sus cargas de olvido y lentitud de transformaciones que hoy en día se suceden a segundos de la medianoche del mundo. Se acabó el don de la nostalgia, aquel sentimentalismo en ruedas de mate, en la barra de un bar o simplemente en una esquina de impensados encuentros. Si es normal que a tu hija o a tu vieja las vean en las redes y se sabe en qué andan o se lo han contado. Ni siquiera el chisme tiene hoy garantía de mentira o verdad. Malos tiempos para la memoria… Para la memoria y para el olvido, menos, eso sí, que los archivos ocupan espacio y el gugleo garantiza en su nube tormenta de información sin garantía de encuentros.
…todo presente lleva su retrato
La barra o extranjeros
En el bar, que suenan tan a barrio
En el futuro, mientras otros sonrientes
En la foto, te mandan a un sicario con puñal…
Son tan malos estos tiempos en donde la visión alucinada, las intuiciones poéticas, las anticipaciones concentradas de una mente privilegiada no alcanzan para avisarnos de Trumps o de Mileis, tortugas secretas del abismo en descomposición cultural humana que nos muerden los pies y detienen la marcha que los guerreros trashuman. Otra de las hecatombes climáticas de lo existencial en este gran hermano de oscuras ramificaciones que se filtran o no, para destruir más que para ambientar al mundo agradablemente. Malos tiempos hasta para la impunidad de quienes incluso le sostienen la vela al poder hegemónico, retratos fijos clandestinos, y ahí si que conservan el poder de sentirse un objeto de cambio y chantaje, que va mucho más allá de lo sentimental, por supuesto.
…Retratos sin pincel y sin un flash
Pantanos al jardín
Del corazón,
Disparos en la paz
De los arroyos
Adonde irás buscando
Retratos verdaderos,
Nunca será lo mismo que ir ¡tras lo real!…
No hace tanto, intenté hacer entender a mi hija el poder que ejercen para alguien de mi generación, esos retratos cuando aparecen en papel casi liquidados por el paso del tiempo, o hasta un retrato oral que podría decirse de una cinta de cassette y escuchar desde él las voces de sus abuelos ausentes. Una foto mía en épocas de colegio contra decenas en archivos dentro y fuera de un celular de ella misma. Su voz registrada en videos, sus monerías, los sitios de juego y diversión, las navidades, en fin… No sé si lo ha captado, pero yo quería que aprecie el valor de la emoción, no al exceso de sentimentalismo, sino el poder de la memoria que en este caso, tengo la sospecha, nos ha hecho vislumbrar el crecimiento y los lazos que nos unen en la sangre, Y que hoy en día pasan de largo en una especie de combustión interior al mismo tiempo social… Es todo, todo tan fugaz… como esa curda, aunque se beban batidos de chocolate o latas de speed. Pasamos de aquel deseo sesentista de «la imaginación al poder» a el poder, nunca la imaginación.
Siendo músico también, cito una ejemplo de escenario: cuando un colega cualquiera tiene un modo de presentar, o gesticular histriónico, que es ya marca de la banda, inmediatamente se viraliza y no hay leyenda. Si en cambio eso ocurría en épocas de Gardel, hoy sería motivo de búsqueda sobre archivos y afines, para que buceadores académicos ofrezcan una respuesta cabal de esas actitudes a la humanidad contemporánea, y para que la IA hiciera de las suyas… Por un rato, me adueñaré de una palabra de moda y seré algo contrafáctico (con perdón de su recontra uso…). Ayuden a detener quemando la nave en la que estamos viajando a 85 segundos de la medianoche y aunque sea con luz de vela apagar el celular, leer este periódico en papel y que la muerte no sea una mera mecha palpitante de olvido, para honrarnos unos instantes con la sabiduría de aquel ave que citaba Borges en uno de sus bestiarios, a la que no le importaba adonde iba y volaba para atrás, construyendo su nido al revés porque le importaba más adonde había estado, que adonde iba. Esa construcción implica la importancia del pasado, esta semana por ejemplo, cuando pisemos otra vez la Plaza de Mayo marchando, que no es cualquier plaza. Habrá una fuente que la inspira de novedad en patas constantemente. Hay eternos impactos de bombas y mucha sangre latente bajo pañuelos blancos en la plaza. Plaza, que aunque sus rondantes protagonistas, dueños de la sangre, de sus caras no hayan selfies; siempre nos marcarán la ronda y el camino. ¡Presentes…ahora y siempre!
Besos de esquina y abrazos de cancha. «
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