El líder de Estelares habla sin épica de los excesos, el desgaste y las alarmas del cuerpo. Hoy disfruta de la naturaleza, del silencio y la música más que nunca.

Estudió medicina y arquitectura en la UBA, pero dejó ambas carreras, ya que a los veinte años, inspirado por Lou Reed, Talking Heads, King Crimson, Luis Alberto Spinetta y Miguel Abuelo, empezó a tocar la guitarra. En 1991, ya radicado en La Plata, nació el germen de lo que hoy es Estelares.
-El rock está asociado con excesos. ¿Qué pensás al respecto?
-No pienso: yo estuve muchos años ahí, la pasé brava, muy brava. Lo atravesé. No hay mucho que transmitir, depende de cada uno. Creo que hay que tratar de cuidarse, porque si no, te prendes fuego y te quemás. Pero bueno, no es fácil a veces parar la pelota.
-¿Cuándo tuviste tu primera guitarra?
-Podría decir que a los 12 años me compré una guitarra propia y tenía fascinación por el objeto: me encantaba, pero nunca pude hacer el ejercicio del aprendizaje como corresponde si querés que suene. Me gustaba escuchar música, pero nunca le dediqué tiempo a la práctica. Me atraía lo que representaba, pero no lo desarrollé en serio.
-Pero terminaste siendo músico.
-Hice todo al revés, tomé otro camino más largo, con más vueltas, hasta que se terminó convirtiendo en una tarea inevitable. Me convertí en lo que soy y me gusta lo que soy. Me expreso en letras y melodías para no enloquecer, morir de tristeza o para compartir la euforia de la vida.
– ¿Qué te alejaba de tocar y aprender música de entrada?
-El fútbol. Jugaba mucho. Hasta los 19 años sentía que ocupaba gran parte de mis pensamientos. Luego dejé, pero volví a jugar, ya en cámara lenta, ahora de grande.
– ¿Fútbol 5?
-No, no, cancha grande. El papi me gusta, obvio, ¡pero qué lindo es jugar al fútbol de once! El pasto, el sol, los espacios… es algo que me encanta. Es una especie de arte.
– ¿En qué posición te gusta jugar?
-Cuando corría, era ocho. Volante por la derecha, en un clásico 4-3-3. Algunas veces jugaba de cinco, hasta de 10, pero siempre en el medio. Ahora, jugando en cámara lenta, hacemos lo que podemos. Pivoteamos, toque rápido, sin trasladar mucho y evitando chocar. No podemos hacer otra cosa, ya no somos chicos.
-¿Cómo te iba en el colegio? -Siempre tuve mucha facilidad. Mi método era prestar atención a la clase y luego repasar: nunca me esforcé demasiado, pero siempre me iba bien. Me gustaba ir al colegio.
-Sos lector, según declaraste muchas veces. ¿Hay algún libro que te hubiese gustado escribir?
-No sé si escribir, pero hay algunos que son tremendos: Bullet Park, de John Cheever; El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad; y El espectáculo del tiempo, de Juan José Becerra. Son los primeros que se me vienen a la cabeza.
-¿Qué es lo primero que pensás si te digo que me recomiendes una serie o película?
–The Wire, de David Simon. Es increíble, me parece infernal, igual que Los Soprano. Pero The Wire tiene todo: humor, política, policial, amor, sexo, drogas… todo. Es un registro social enorme, un verdadero tratado social. Para mí es inigualable.
– ¿De cine?
-Si tengo que decir una película, no sé, hay miles. Pero justo el otro día hablaba con un amigo de El francotirador, dirigida por Michael Cimino y protagonizada por Robert De Niro, Christopher Walken y Meryl Streep. Tremenda. Eran dos VHS largos, pero qué película. Siempre me pregunto cómo pudo filmar una historia con semejante intensidad. Es de esas imperdibles, como las tres de El Padrino, de Coppola. También me gusta Casablanca, maravillosa. Todas las de Brian De Palma y las de Martin Scorsese. He sido muy cinéfilo; últimamente no tanto, pero vi muchas.
– ¿De Argentina?
-Puedo nombrar Nueve reinas, es una gran película argentina; o Los últimos días de la víctima, de Aristarain, otra gran película. Todo de Leonardo Favio es una maravilla. Favio, para mí, está entre los 100 mejores directores del mundo, de la historia del cine. Soñar, soñar o Crónica de un niño solo son obras de arte.
-¿Tenés algún color favorito?
-Sí, no puedo evitarlo, soy tan hincha de Sarmiento que te digo: el verde.
-¿Hay un momento del día predilecto para vos?
-Sí, me gusta mucho la mañana, entre las 9 y 10, cuando amanezco.
-¿De mal humor?
-No, al contrario. Tengo esa ventaja. Entonces me preparo un mate, a las 9:30, y me siento en el parquecito de mi casa a tomarlo como si nada más importase. Es la gloria. Es de esas pequeñas felicidades que tenemos. Está ahí: mirar el cielo tranquilo, con un día despejado, ver el sol entre pájaros que cruzan y cantan, todo con árboles alrededor.
-¿Qué se siente hacer un hit?
-Es como hacer un golazo. Lo hacés, lo disfrutás y luego es muy grato recordarlo. Siempre el cariño de la gente te demuestra lo que significa. Vamos a México, Colombia, Madrid, incluso París, y terminás tocando esa canción que canta todo el mundo. Es espectacular. Muchas de nuestras canciones acompañan a la gente en diferentes situaciones: algunas gratas, otras más complejas, pero todo el tiempo la gente te agradece eso, y eso ya es muy groso. «
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