Mariano Loiacono: “El jazz no se entiende, se siente”

El trompetista, compositor y arreglador presentará este viernes y sábado en doble función “Vibrations”, su sexto disco, grabado en EE.UU. junto a importantes figuras del género.

Las dos noches más esperadas para este cordobés, de Cruz Alta, son sin dudas  aquellas en la que presentará su último trabajo: este viernes y sábado, con dos funciones por día, en  la calle Moreno 364, desplegará su sonido de neo hard bop. Loiacono  presentará el disco “Vibrations”, el cual grabó con un seleccionado de músicos internacionales que incluyen al saxofonista George Garzone, el pianista Anthony Wonsey , el contrabajista David “Happy” Williams, y el baterista Rudy Royston.

“Es un sueño hecho realidad. La verdad que el grupo, sacándome a mí, está formado por varios de los mejores músicos de jazz del mundo, sin dudas. Es una oportunidad de escuchar a gente que toca esta música al máximo nivel mundial. Vamos a recorrer el disco y algún otro tema que aparezca o standard que vaya cambiando para no aburrirme”, dice el trompetista, que lamenta que no pudieran venir Garzone y Williams por problemas de agenda, pero  viene el contrabajista Ron McClure y el saxofonista Antonio Hart, dos músicos increíbles, también referentes del mejor jazz de Nueva York.

–¿Cómo fue la génesis de este disco?

–Luego de “Black Soul” ( en 2015), grabado en vivo, en Thelonious, con el grupo de acá  y ser elegido el mejor álbum de jazz, empecé a pensar  que iba  a grabar y empecé a escribir cosas nuevas para meterme en un estudio. Al  mismo tiempo, se fueron dando varias  oportunidades de tocar con gente de Nueva York, muy grosa. Algunos vinieron para acá  y me llamaban para que lo acompañe o yo iba para allá a tomar clases o a estudiar, o tocar, porque a veces invitan, y se generó una buena onda, se dio una conexión. Entonces en un momento  me propuse tratar de juntarlos en un disco, pensé la posibilidad de grabarlo afuera con algunos de estos músicos  que siempre se coparon y pusieron buena onda cuando yo  les comentaba alguna idea. Siempre me decían avísame, no tengo problema, y fuimos viendo. Así fue que  empecé  a cranearlo. Después apareció Fernando Roveri, que me ayudo con la guita para hacerlo, sobre todo el estudio, porque la verdad  los músicos ganaron muy poco. Lo hicieron por amistad y amor al arte.

–¿Ir a Nueva York y entrar al estudio con estos músicos fue todo un desafío?

–Fue muy nutritivo. Me enfoque bastante en el trabajo, para estar lo mejor posible para la sesión y fue un desafío muy grande y una experiencia increíble.  Son todos muy reconocidos, y creo que el resultado no podía ser mejor. Grabamos todo en el mismo lugar, todos juntos, a modo de ensayo, solo repasamos una vez cada tema, mientras yo les iba contando de qué se trataba, y algunas cuestiones específicas, luego directamente rec y a grabar.

–¿Es verdad que terminaste durmiendo en la casa de David “Happy” Williams?

–Sí, no podía creer su amabilidad. Nos terminamos haciendo muy amigos. Pensá que son gente que yo escuchaba en discos y discos y termine teniendo una amistad súper fluida. Las cosas de esta vida, que nunca sabes donde terminas.

–Que suerte que elegiste este camino, ¿no?

–No sé, desde muy chico que me puse en la cabeza esto. Nunca tuve la sensación de querer ser otra cosa ni nada por el estilo. Desde mi secundaria, me acuerdo que todos penaban que estudiar, si convenía ser abogado  o medico, yo no tuve que pensarlo, siempre fui músico. No lo elegí, fue una  suerte. Esto es un estilo de vida todo lo que me pasa, va reflejado en mi música

–¿Cómo se creó tu relación con tu instrumento?

–Mi viejo tocaba un poco la trompeta, de manera amateur, pero tocaba bien. Hay una banda en mi pueblo, que ya tiene como 80 años y  mi viejo  fue de joven y me llevaba siempre a ver los ensayos y ahí me empezó  gustar la música, de chiquito. Empecé a estudiar ahí.

–¿Qué es lo más difícil de ser músico de jazz?

–Es una empresa difícil. No  es algo que te asegura  que  vas a poder hacerlo.  Más cuando como yo, haces sólo jazz y nada más. Bueno, muy pocas cosas por fuera del género me mando, y tiene que ser porque me rinde el pago y no lo pueda rechazar, como cuando trabaje como sesionista en grabaciones con Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati y Andrés Calamaro. Pero no me pasó muchas veces, y a alguna le termine dando mi toque jazzero de manera solapada. Este es un género chico, se paga poco, no es un concierto de rock, se manejan  otros números, uno nunca es una estrella, jamás vas a dar un concierto y vivís todo el año de eso tranquilo en tu casa.  Uno va de a poco. Trabajando todo el tiempo, todas las semanas tenés que armar algo, en clubes de 20 personas, de golpe aparece un festival donde va más gente. Para nosotros es un día a día, dar clases.  Lo que tiene el hecho de vivir de esto qué es lo que a uno le gusta es  esa sensación de tranquilidad con la vida que te toco.  Yo se que nunca me voy a comprar un departamento  en Manahattan. Pero no me quejo de nada. Por suerte me alcanza para vivir y listo. No es fácil, es duro pero le pongo mucha fuerza.  Para todos los que somos músicos es igual.

–¿Que pasa por la cabeza a la hora de tocar?

–La verdad que  cada cual tiene su mundo pero hay  algo que me dijo un maestro una vez que me quedo y siento que me identifica.  Cuando  estas tocando jazz si estas pensando, estas en problemas. Si estoy viendo que nota viene, ya sé que pifio. La sensación de plenitud se da cuando tenés la cabeza totalmente en blanco, y solamente sentir. Ahí, cuando pasa, es increíble la sensación. Y una vez que lo logras el cuerpo responde solo a ese estimulo de no pensar cuando te pones en la zona, es otra cosa. El camino es estudiar,  tener clara un montón de cosas de manera técnica para en vivo solamente sentir las emociones y que salgan por la trompeta.

–¿Es el género de lo inesperado?

–Creo que el jazz tiene un factor de sorpresa, no se sabe en qué momento pasa pero pasa, se siente  en la energía que hay, siempre hay algo que se está creando en el momento. Todo lo que uno siente y le pone a la música. Creo que el público lo capta, más allá de la intelectualidad que le puede tener.  Hay gente que sabe mucho,  pero el jazz no se entiende, se siente. Cuando me describen lo que sintieron o como se sintieron me gusta más que cuando viene alguien que tira data o te describe lo que hiciste. Durante mucho tiempo se pensó que el jazz era para eruditos, que estaba mal si no sabias quien era  Coltrane, Charly Parker o Duke Ellington o Miles Davis. No es así. El jazz nace de la parte más baja de la sociedad negra, y creo que la intención era integrar. Es una música para disfrutar y escuchar. El que la entiende la entiende y el que no que este abierto a sentir.

–¿Es como probar platos  o recetas novedosos o distintos, no?

–Puede ser, la mila con frita es rica.  Y el asado, un clásico. Se podría vivir comiendo eso, toda la vida. Y los que comen  comidas elaboradas o de otros países, no son mejores, solo que tienen la curiosidad de probar. Y puede haber complejidad pero si se le da la posibilidad a  los sentidos, en este caso, a la oreja para escuchar, más chance tengo  de encontrar algo que me represente de manera más genuina. O me guste. Pero está bien, cada uno hace lo que quiere lo importante es poder conectar con la gente. Así me gusta.


Mariano Loiacono quinteto presenta “Vibrations”. Viernes 22 y sábado 23 de febrero, doble función: 21 y 24hs. en Bebop Club, Moreno 364.  

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