Mario Santucho: “Estamos ante una ultraderecha que tiene la iniciativa histórica”

Por: Leonardo Castillo

El periodista y escritor explica su tesis de la “posdemocracia” y sostiene que sólo es posible crear una alternativa pensando con nuevas categorías. La comparación con los ‘90 y el escenario global.

El triunfo electoral obtenido por el gobierno de Javier Milei en las elecciones del pasado 26 de octubre motivó la formulación de varios análisis frente a un resultado que evidenció la vigencia de un nuevo paradigma político en Argentina y el mundo. Bajo esas premisas, la revista Crisis publicó en su último número un ensayo sobre las “cinco hipótesis de la posdemocracia”, en el cual se describe esta nueva era, signada por “la hegemonía de la ultraderecha”.

“Estamos ante una etapa distinta. Por eso debemos dejar de pesar con categorías previas porque estamos ante un autoritarismo de lógica no democrática”, señaló en diálogo con Tiempo Mario Santucho, sociólogo, periodista, escritor e integrante del colectivo editorial de Crisis.

Hijo del líder y fundador del ERP, Mario Roberto Santucho, asesinado durante la última dictadura cívico militar (trabaja en la actualidad en un libro sobre la caída de su padre a manos de las fuerzas represivas) afirmó que “la tarea de hoy es reconstruir a las fuerzas populares a partir de la emergencia de cuestionamientos que surgen desde abajo”. Y  citó como antecedente los escraches que la agrupación HIJOS hizo en los años ’90, como una experiencia que puede inspirar nuevas formas de representación popular que sean capaces de cuestionar al poder.

A lo largo de la charla, Mario admitió que, en un futuro cercano, “las cosas pueden ponerse peor” para el campo popular, pero insistió en alejarse de la resignación. “No podemos quedarnos en pasiones tristes que nos dejen presos del miedo y la depresión”.

-¿Considerás que estamos ante una época que recién está empezando?

-Creo que sí. La idea de Cinco hipótesis sobre la posdemocracia es alertar sobre un cambio de situación. Seguir operando y actuando con los parámetros de la situación anterior explican la ineficacia del campo popular. Tenemos que hacer un reseteo crítico y darnos cuenta de que cambió el escenario. Estamos ante una ultraderecha que tiene la iniciativa histórica y que está siendo la principal fuerza política del momento. Esto supone asumir que estamos yendo hacia un autoritarismo de lógica no democrática, por eso hablamos en Crisis de posdemocracia. El gran objetivo es tomar nota de la nueva situación y empezar a actuar. Para eso tenemos que salir de categorías previas. No podemos quedarnos con la idea de que esto es una pesadilla; un mal sueño y que podemos volver al escenario anterior. Dejar esa lógica de paréntesis.

-¿Y cómo se hace?

-Tenemos que asumir que estamos ante un poder que opera con una dinámica de guerra, por fuera de la lógica de la política democrática, en la cual existen adversarios que dialogan y resuelven sus diferencias en elecciones bajo un horizonte de construcción de consensos. La lógica de la violencia queda excluida. Estamos ante otra cosa. Hay que asumir que existe una concepción de enemistad, en la que se considera que hay sectores de la sociedad que son enemigos, aunque ellos, los que son señalados, no se entiendan como tales. Se empieza a ver en el horizonte una lógica de guerra. La ultraderecha tiene un proyecto muy claro y una virtud. Dicen lo que piensan y hacen lo que dicen.

-¿Tan sorpresivo fue el triunfo electoral de Milei en las elecciones de medio término?

-Sí, fue sorpresivo y estaba reñido con el análisis político habitual. Por eso creemos que estamos ante un escenario en el cual las reglas tradicionales del juego político democrático ya no funcionan. El elemento clave de la consolidación de Milei se basa en la relación ideológica que tiene con (Donald) Trump. La intervención de Estados Unidos en el mercado de cambios fue decisiva, al igual que sus declaraciones sobre que iba a salir del país si ganaba la oposición. Un imperio intervino en la sociedad y generó consensos que hoy parecen inamovibles. Necesitamos un pueblo muy consciente para atravesar un momento muy difícil.  

-Hoy parece muy difícil

-Creo, de todos modos, que fue una elección (la de medio término) muy racional. Para no ser gorila hay que bancarse que el pueblo es el soberano. Hace dos años, la gente votó entusiasmada por un cambio que iba contra una forma de status quo y expresiones progresistas que estaban en una postura conservadora. En 2025, el electorado votó ante un poder descarnado, con capacidad de hacer lo que dice, con capacidad de amenaza. Por eso, lo que primó fue el miedo. El poder actúa hoy de manera descarnada. Se puede ver en la intervención de Estados Unidos a Venezuela, donde se aplica una dinámica que remite a la metáfora de la zanahoria y el garrote. Quieren el petróleo y para eso es mejor que gobiernen los chavistas, después de haber sacado a (Nicolás) Maduro. Es un disciplinamiento muy grande para toda la región. Es un poder que renuncia a la idea de dar una justificación moral. Hay que ver cómo eso se sostiene en el tiempo.

-Integraste la agrupación HIJOS y participaste de los escraches a los represores en los ’90, cuando estaban vigentes los indultos y las leyes de impunidad. Propones esa experiencia como un antecedente que puede impulsar la construcción de una alternativa.

-El momento actual me recuerda un poco a lo que se vivía en los años 1992 y 1993, cuando el menemismo estaba fuerte en el poder, el peronismo cooptado por el liberalismo, se había caído el Muro de Berlín y estábamos en un contexto de derrota muy grande. En ese marco, el escrache surgió cuando un consenso antidemocrático impedía juzgar a los genocidas por miedo a las rebeliones carapitadas. Surgió entonces una construcción social desde abajo que desarmaba eso, una contestación que fue clave para avanzar luego con las políticas de memoria, verdad y justicia. Algo similar sucedía con el 1 a 1 que era algo que no se podía tocar y que el estallido del 2001 puso en cuestión. No digo que hoy haya que salir a escrachar, pero tenemos que seguir de cerca algunas experiencias de sectores que resisten para recuperar una construcción de representación que vaya más allá de la democracia formal. No sé de dónde vendrá ahora, pero tiene que aparecer en algún momento un sujeto popular que cuestione al poder y muestre otra mirada, una alternativa de transformación.

-¿Entonces aún hay aún margen para el optimismo?

-Creo que es el momento de remitirse a la famosa frase de Antonio Gramsci, que tanto se repite, y propone tener una mirada basada en el “pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad”. Si tengo que analizar los factores políticos, el pesimismo es total. Se viene una época difícil con una derecha que avanza y es muy posible que esto vaya a empeorar. Pero desde la voluntad, digo que no podemos quedar presos de las pasiones tristes, del miedo y la depresión. Hay que desplegar vitalidad y hacerlo con alegría. Una fuerza nueva no puede surgir sin optimismo de la voluntad.

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