Este viernes el baterista uruguayo se presentará junto a su hermano Nicolás en formato de dúo. También habla del nuevo disco que preparan con Martín Buscaglia y de los ensayos compartidos con Hugo Fattoruso.

«Tuvimos la suerte de crecer en una familia de músicos -relata sobre los orígenes del grupo-. Nuestros primos eran un poco más grandes que nosotros y, cuando sos chico, los ves como tus ídolos. Ellos ya tocaban y nosotros descubrimos la música medio juntos, siendo niños. Así que enseguida empezamos a tener instrumentos, a investigar y armamos nuestro centro de operaciones en un sótano que teníamos en casa. Mi vieja nos bancó mal ahí adentro, aguantando el ruido y el ensayo constante; posta que se ganó un penthouse en el cielo por eso (risas). Todo se dio de forma muy natural. No fue una decisión fría o consciente de decir: ‘Bueno, nos vamos a dedicar a esto’.
-¿Vos qué tocabas en esos primeros años?
-Batería, siempre. Aunque estudié guitarra de muy chico, enseguida me pasé para los parches y las baquetas, sentí que ese era mi lugar. Mi hermano Nico, en cambio, siempre se inclinó por la guitarra. Después tenemos un hermano más grande, Andrés, que tocó la guitarra durante mucho tiempo y después se pasó al bajo. Pero nuestro primer contacto formal con las canciones fue a través de nuestros primos, que además de referentes fueron nuestros primeros profesores. Ellos nos enseñaron a descular los temas de los Beatles y a entender cómo funcionaba una banda por dentro.
-¿Cuántos hermanos son en total y cómo se organizan para tocar? Porque tengo entendido que no siempre se presentan los mismos.
-En total somos cinco hermanos varones y todos somos músicos. Los tres más grandes -Andrés, Nico y yo- compartimos un proyecto madre que se llama Trío Ibarburu. Por otro lado, tenemos dos hermanos más chicos, de otra mamá, que también están en la música: Agustín, que es tecladista, y Gastón, que es baterista. Muchas veces, cuando los planetas se alinean y podemos, hacemos cosas los cinco juntos. Lo que pasa es que Andrés vive en Praga desde hace unos doce años; viene a Uruguay una vez por año y ahí aprovechamos para juntarnos, ensayar y meter alguna fecha todos los hermanos.
-¿Por qué esta vuelta decidieron este formato de dúo?
-La idea original de esta gira era que fuéramos Nico y yo solos para explorar una veta más íntima. La integración de la banda va cambiando según las necesidades artísticas y la disponibilidad geográfica de los integrantes. Vamos a hacer un set entre los dos que mezcla composiciones instrumentales del trío y canciones del proyecto solista de Nico.
-¿Cómo fue que arrancaron con Jaime Roos?
-Teníamos apenas 19 años cuando Jaime nos llamó para formar parte de su banda. Él nos había visto tocar en los circuitos montevideanos con unos proyectos de música instrumental que teníamos en esa época. Se ve que le gustó la química que teníamos. Nos llamó a Nico, a mí y a Gustavo Montemurro, que era el tecladista que tocaba con nosotros. Fue tremendo, porque casi que agarró a nuestra banda entera y se la llevó a tocar con él. Imaginate lo que significa que a los 19 años te llame Jaime, que para nosotros ya era un referentazo y un ídolo absoluto. Fue como vivir un sueño en tiempo real. Y lo loco es que, de alguna manera, todavía seguimos formando parte de su estructura musical; ya pasaron 32 años desde aquel primer llamado.
-¿Y por qué decidieron hacer un proyecto más personal?
-Nos tocó la hermosa tarea de acompañar a grandísimos artistas durante mucho tiempo; nuestro crecimiento profesional se dio custodiando las canciones de otros. Pero la inquietud de hacer algo propio siempre estuvo latente. Creo que nace, principalmente, de una necesidad artística. Obviamente que está la cuestión laboral de querer depender de uno mismo y autogestionarse, pero el motor es el pulso creativo. Acompañar a tipos que son unos capos es un aprendizaje descomunal que te hace crecer un montón, pero llega un punto en la vida donde querés tener la última palabra en un proyecto, firmar las decisiones y mostrar lo que te brota de adentro.
-A grandes rasgos, la música uruguaya tiene dos vertientes: la canción con el faro de Eduardo Mateo y el candombe más carnavalero y más masivo de Rada o Roos. Ustedes parecen inscribirse más en la primera línea.
-Tanto Jaime como el Negro Rada son pilares imposibles de eludir si hacés música en Uruguay. Pero Nico, que es el principal compositor de este proyecto, tiene una sensibilidad muy ligada a la canción que dialoga directamente con el universo de Eduardo Mateo o de Hugo Fattoruso. Lo de Nico es profundamente uruguayo en su ADN, pero capaz que no tiene ese pulso explícitamente carnavalero; va más por el lado del cuidado minucioso de la estructura de la canción, las texturas acústicas y el clima íntimo.
-¿Después de Buenos Aires cómo sigue la historia?
-Nico está con varios temas de un disco nuevo; ya hemos estado ensayando. De hecho, hoy (por ayer) tocamos acá en Uruguay con su banda y está con pilas de ilusiones para empezar a producir el disco. A su vez estamos ensayando con Martín Buscaglia, que lo va a producir junto con Nico. Toda esta semana estuvimos ensayando todas las mañanas en la casa de Hugo Fattoruso, que fue una bendición, un sueño, con Martín Buscaglia, Nico, Hugo y yo. Se viene un discazo. Hugo también va a participar; fue una bendición porque es un musicazo. El disco se está cocinando, se graba en agosto.
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