Si bien sobre el líder de la patota que atacó a Tiempo Argentino recaen dos pedidos de captura internacional, fue apresado en un proceso migratorio. La semana que viene deberá asistir a una audiencia para definir su situación.

Su abogado, Alejandro Sánchez Kalbermatten, explicó que renunció a su defensa hace dos o tres semanas porque Martínez Rojas no le pagó los honorarios pactados por su gestión. Pero que previo a ello le había tramitado una visa especial como refugiado, por razones humanitarias y políticas, y que esa visa le había sido concedida provisoriamente por seis meses. Luego de ello, Martínez Rojas debía asistir a una audiencia con las autoridades migratorias para definir su situación.
En ese contexto, fuentes del Ministerio de Seguridad informaron que la detención se produjo en el marco de un proceso migratorio, probablemente derivado de ese visado especial que estaba gestionando. En todo caso, el empresario que dice tener kilos de pruebas sobre presuntos casos de corrupción y sobre quien pesan dos pedidos de captura internacional de tribunales argentinos, tiene aún una posibilidad de evitar la deportación, en una audiencia que tendrá lugar probablemente entre lunes y martes de la semana próxima.
Sánchez Kalbermatten dijo desconocer quién es el actual abogado del empresario. Sea cual fuere su situación, ya no se trata de un problema legal puesto que no fue detenido con fines de extradición. Es decir que la detención, según la información que proviene desde Miami, no es en cumplimiento de las órdenes de captura emanadas de los tribunales argentinos. Curiosamente, los jueces locales se enteraron primero por los medios de comunicación que por las autoridades (argentinas o estadounidenses) sobre la situación.
Sobre Martínez Rojas existen cinco notificaciones a Interpol sobre los requerimientos de la Justicia argentina, pero sólo cuatro de ellas están con una figura similar a las alertas rojas que, por ejemplo, aún pesan sobre los iraníes acusados por la voladura de la AMIA.
Si las autoridades norteamericanas resolvieran la deportación, Martínez Rojas sería expulsado de los Estados Unidos y, en situación normal, debería ser enviado libre a su país de origen. Al llegar a la Argentina debería ser inmediatamente detenido, en cumplimiento de las órdenes de captura que están vigentes.
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