No cesan las protestas y huelgas. Mientras, la jaqueada presidenta volvió a pedir el adelantamiento de las elecciones y reconoció que la democracia de su país es "la más frágil de Latinoamérica".

Las distintas caras de la realidad peruana confluyen en una crisis interminable y sin presagio de solución a corto plazo. Mientras la presidenta Dina Boluarte insiste una y otra vez, casi con desesperación, sobre una salida consensuada que incluya el adelantamiento de elecciones y a la par que justifica la represión, admite «excesos». La cuestionada mandataria citó a la prensa en la limeña Casa de Pizarro, el palacio presidencial, para mostrar una imagen forzada de conducción y unidad en su gabinete, aunque acabó reconociendo que la del Perú es una «democracia frágil» y no dudó en calificarla como «la más frágil de Latinoamérica». Por otro lado, admitió que hubo «excesos» en la represión de las manifestaciones, tanto en las calles como en las comisarías, aunque luego los relativizó: «no son pacíficas: salen con palos, huaracas y piedras».
También continúan las disputas encarnizadas en el Parlamento nacional entre los distintos frentes políticos. Solo se pusieron de acuerdo para aprobar por mayoría (102 votos, ocho abstenciones, sin oposiciones) el proceso de acusación por cargos de corrupción contra Martín Vizcarra, expresidente entre 2018/2020. Se lo acusa por la compra de 1,4 millones de pruebas serológicas para detectar el coronavirus, realizada en marzo de 2020, favoreciendo a dos empresas «amigas». «
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