“Regalan al país y a nosotros nos matan de hambre”. “Quieren destruir la salud pública. Si no podés pagar, te morías", fueron algunas de las definiciones de los manifestantes.

“Regalan al país y a nosotros nos matan de hambre”, dice Julia, pensionada que subsiste con la calamitosa mínima y haciendo changas de costura. “Gastan más en balas, que en remedios para el PAMI”, reflexiona con sabiduría la señora arrimada al ágape desde el suburbio del suburbio de Claypole. Sobre Rivadavia, la amable doña Julia agita un cartel tatuado a mano en prolija imprenta. Advertencia para los policías infiltrados: “Jubilada patotera”.
Su compañera Beatriz Blanco, la jubilada golpeada por los cosacos de Patricia Bullrich durante la represión de la pasada semana, también estuvo presente. “Ahora y siempre”, agitó la combativa pensionada. A unos pasitos, los hombres de negro la miraban con rabia. “Qué feo, qué feo, qué feo debe ser. Pegarle a jubilados, para poder comer”, cantaban las columnas contra los milicos.
Por las nubes, un helicóptero de las represivas fuerzas del cielo surca el barrio. Las fuerzas del suelo no se achican. Orgas de jubilados, sindicatos, estudiantes, laburantes de a pie cantan que “La patria no se vende”.
Pedro Núñez la defiende en el Hospital Garrahan. El pediatra cuenta que faltan insumos y sobran pacientes. “Quieren destruir la salud pública. Si no podés pagar, te morías. Esa es la política de Milei”, diagnostica el galeno. Radiografía de la Argentina en terapia intensiva.
“A dónde está, que no se ve, esa famosa CGT”, gritan las gargantas poderosas sobre Yrigoyen. “Que pongan la fecha, hermano, esto no se aguanta más”, pide Gonzalo, laburante gráfico precarizado venido desde Avellaneda. Luce una remera de Hermética que reza pesadas verdades: “Víctimas del vaciamiento”.
Hay hinchas de Estudiantes, Temperley, Boca, River, Chacarita, All Boys, Racing, Independiente, Deportivo Morón… otra vez hermanados en un grito de corazón: “Si tocan a los viejos / Qué quilombo se va a armar”.
“Justicia por Pablo Grillo”, dicen los carteles pegados en las vallas. Los compañeros reporteros gráficos laburan equipados con casco, antiparras, máscaras como en un frente de batalla. Más postales de la Argentina libertaria.
Las columnas desconcentran cuando cae pesada la tarde. Un grafiti pintado en la fachada de la Biblioteca del Congreso es lectura obligada: “Contra la represión, solidaridad y acción”.
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