Mel Brooks, la risa como arma contra el miedo y el poder

Por: Adrián Melo

El documental "El hombre de los 99 años" repasa la vida y obra del gran comediante. Del "Superagente 86" a "El joven Frankenstein", un recorrido por el genio que convirtió la parodia en arte.

Mel Brooks ¡El hombre de los 99 años! comienza con una intervención del propio Mel Brooks en un viejo programa de televisión, que funciona casi como una declaración de principios del documental. En la transmisión, quien puede considerarse el último de los sobrevivientes de los capo-cómicos de la era dorada de Hollywood afirma: “Ya estoy aquí, soy Melvin Brooks. Vengo a robarme el show. No soy un galán, solo un payaso, pero en sus corazones me quedo yo”.

Y, efectivamente, poco importa que el documental pergeñado por Judd Apatow y Michael Bonfiglio para homenajear al legendario guionista, director y actor de comedias tenga una estructura clásica y convencional. Poco importa que en Mel Brooks ¡El hombre de los 99 años! no haya innovaciones en términos formales y estilísticos y se reduzca a una bien compaginada compilación de entrevistas realizadas a Brooks desde el pasado hasta el presente (donde, casi centenario, conserva una lucidez que haría palidecer de envidia a Mirtha Legrand); a materiales de archivo con fragmentos de sus series y películas; y al testimonio de familiares directos y amigos que lo admiran y adoran —Adam Sandler, Ben Stiller, Conan O’Brien, Jerry Seinfeld, Dave Chappelle, Sarah Silverman, Nick Kroll, David Lynch, David Cronenberg, Amy Schumer, Jimmy Kimmel, entre otros—. Invariablemente, cada vez que Melvin Brooks aparece en pantalla cautiva y encanta el alma del espectador e, indefectiblemente, provoca la carcajada o la emoción hasta las lágrimas.

De esa manera, los 217 minutos del documental  pasan casi tan rápido como una película del propio Brooks, aunque, en ocasiones, disten mucho de ser una comedia. Es una película que narra de manera cronológica una vida extraordinaria que supo conocer las cumbres del éxito, pero también se vio directamente afectada por las tragedias del siglo XX, aquel que no en vano el historiador Eric Hobsbawm caracterizó como el más violento de la historia.

Brooks, un ícono inconfundible.

Porque, en la existencia de Melvin James Kaminsky (tal su nombre real) no todo fueron risas y diversión. Proveniente de una familia de sectores algo menos que populares, Melvin creció en un barrio humilde junto a una madre sola que, con escasos recursos, debió criar a sus cuatro hijos tras la prematura muerte de su marido por tuberculosis. Pobre, judío, raro y burlado en el barrio, supo resistir desde la más tierna infancia con el humor como antídoto. Eso queda bien claro cuando en una entrevista televisiva le preguntan al ya consagrado Mel Brooks si perdió a su padre de pequeño y él contesta muy serio: “No, él murió”. Tal como destaca el actor Ben Stiller, en Brooks “el instinto cómico para escapar al dolor es muy fuerte”.

A su vez, un veinteañero Melvin, junto a sus hermanos, fue alistado y vivió en carne propia los horrores de la Segunda Guerra Mundial. En el momento en que evoca esa contienda que lo marcó para siempre, Brooks se quiebra (como nunca en las incontables entrevistas que brindó en su larga vida) y señala que solo pudo seguir adelante dejando esos dolorosos recuerdos en un rincón.

Tal como registra el documental, es al regreso de la guerra cuando Mel decide ser artista: por un tiempo oficia de baterista y pianista, hasta que finalmente un amigo, Sid Caesar, lo contrata para escribir los chistes de una serie televisiva para la NBC.


El resto es material para la leyenda. Basta mencionar el zapatófono, el cono del silencio, el robot Jaime, Kaos y Control, la 99, y se nos viene a la mente un hito de la cultura popular y uno de los argumentos que partió en dos la historia de las comedias televisivas del siglo XX. En efecto, El Superagente 86 (1965-1970), la genial creación de Mel Brooks, devino una de las mejores y más subversivas parodias jamás realizadas sobre la Guerra Fría y el heroísmo estadounidense, a tal punto que corrió el riesgo de ser prohibida por ser considerada contraria a los «valores» estadounidenses.

No fue la única vez que Brooks se burló de aquello que no parecía material de broma. Lo propio hizo en su primera incursión cinematográfica como guionista y director, cuando se atrevió a reírse de Hitler en la comedia Los productores (1967). Después de que el mundo conociera los campos de concentración, nadie hacía chistes sobre el nazismo y el Führer. Pero Brooks fue pionero: no solo tuvo la intuición de que la risa es el mejor antídoto contra el poder (cuyo mayor sostén suele ser el miedo), sino que, a través de la comedia, se pueden decir las cosas más profundas. En definitiva, que la comedia es cosa tan seria que suele ser muy temida por los dictadores y los carceleros de la humanidad, quienes por ello frecuentemente recurren a la censura. No casualmente, cuando el nazismo tuvo su rebrote a principios del siglo XXI, Brooks metamorfoseó Los productores en una comedia musical multipremiada de Broadway.

A lo largo de su carrera, Brooks supo parodiar casi todo: a Frankenstein (El joven Frankenstein, 1974), a Hitchcock (Máxima ansiedad, 1977), a Star Wars (Spaceballs, 1987), entre tantos otros géneros y producciones.

El documental despliega a Brooks siempre punzante y carismático.

Más allá de centrarse en su carrera, el documental deja un amplio espacio para relatar la historia de amor que el cómico tuvo con la cautivante Anne Bancroft, su esposa durante cuatro décadas hasta que la muerte los separó (“Tenía un gusto exquisito para todo, excepto para los maridos”, declara Brooks).

Al comienzo de Mel Brooks ¡El hombre de los 99 años!, Brooks declara que quiere que conozcan la historia de su vida “no tanto por mí, sino por esos judíos bajitos y raros que tienen miedo de entrar al mundo del espectáculo”. Sin embargo, se puede agregar mucho más. Se puede pensar lo importante que sería un ser semejante a Brooks para parodiar los actuales poderes de ultraderecha que gobiernan gran parte del planeta y, de continuar en el oficio, el material que tendría no solo con Trump, sino también con el bochornoso espectáculo del Congreso argentino del domingo pasado. «

Pobre, judío, raro y víctima de burlas en el barrio, supo resistir desde
la infancia
con el humor como antídoto.


Mel Brooks: ¡El hombre de 99 años!

Dirección: Judd Apatow y Michael Bonfiglio. Disponible en HBO Max.

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