Los referentes del arte local tuvieron quién los eternizara. 112 artistas plásticos argentinos elevan sus miradas, desde sus talleres, en las luminosas fotografías de Gaby Messina. Es un proyecto de retratos que comenzó en 2012; en 2016 ella expuso por primera vez las fotos en el Museo Nacional de Bellas Artes y ahora, diez años después, presenta la muestra Maestros: El Bosque y el Árbol en el Museo de Artistas Argentinos “Benito Quinquela Martín” (Av. Don Pedro de Mendoza 1835, La Boca). Objetos, herramientas y pinceles rodean a los artistas: los revelan para siempre en sus íntimos espacios de trabajo.
Luis Felipe Noé, Marta Minujín, Gyula Kosice, Julio Le Parc, Elda Cerrato, Liliana Porter y Rogelio Polesello son algunos de los artistas que Gaby Messina retrató bajo una premisa: que todos tuvieran no menos de 65 años. Y desde el 1° de agosto pueden verse las 112 fotografías, más un documental de 70 minutos con música de Gustavo Santaolalla. En esos espacios donde los artistas crean, “cada huella habla de una manera de mirar y de hacer, y nos acerca a aspectos de los artistas que muchas veces permanecen invisibles”, dice Helena Ferronato, gerenta de MuseosBA y curadora de la muestra junto con Silvina Amighini.

Hay un lazo que también es clave. La muestra Maestros: El Bosque y el Árbol establece un diálogo con el patrimonio del museo de La Boca a través del retrato “El maestro Quinquela Martín”, una obra de Aldo Sessa de 1962, allí, en la que fuera la casa y el taller de Benito Quinquela Martín, que puede visitarse los lunes de 11 a 16 y de miércoles a domingos de 11 a 18. ¿Cómo vive Gaby Messina el regreso de su muestra con fotografías de íconos del arte argentino? “A muchos yo los retraté cuando tenían 80, y es un trabajo que no tiene fin. Mientras haya vida en el mundo va a haber arte, va a haber talento y gente a fotografiar”.
-Gaby, ¿qué emociones encontrás en las fotografías, diez años después de haber comenzado este ciclo?
-Me digo, ¡fa!, qué manija que sos, porque a partir de la curiosidad de haber ido a escuchar a Ennio Iommi en una mesa redonda en un museo, me le acerqué y le dije que me encantaría hacerle un retrato. A la semana estaba yendo a su casa en Ciudad Jardín y después de ahí continué con 111 artistas más: en Buenos Aires, en las provincias y hasta en diferentes países. Cuando a mí me apasiona algo, tengo mucha energía, voy para adelante y me encanta trabajar. Si bien hace un montón que no hago este tipo de trabajo de retratista, porque estoy en otros proyectos, lo veo y digo: “¡Guau!, qué genial haber podido dejar esta huella”. Pero siento que esto ya no es mío, sino de quien lo vea.
-¿Qué reflejan en común las fotografías más allá del recorte de los 65 años y del concepto?
-Yo creo que hay un intento de complicidad con la persona que tenía enfrente y que quería retratar, porque, de alguna manera, uno tiene que intentar contar lo más honestamente posible lo que ve para que el otro o la otra se sientan reflejados. Las imágenes resultantes tienen algo de surreal, porque no muestran literalmente lo que veían mis ojos. Hay algo de la luz que a mí me trasladaba a otras dimensiones y, cuando yo les mostraba el resultado a los artistas, siempre flasheaban. Claro, porque vos estás habitando un lugar con una luz, capaz que es la luz natural de una ventana y hay algún veladorcito prendido, pero yo después agarraba y metía rojos, verdes, azules, amarillos y usaba los rebotes de luz. Se creaba otra cosa.
La mirada de Gaby Messina
Y Messina conceptualiza algo más: “El flash es invisible: no es lo mismo que la luz continua de cine, donde vos ves lo que está pasando en la escena a través del halo de luz. El flash de estudio lo que hace es disparar. No lo ves. Supuestamente podés tener una lámpara, vos la vas usando y vas viendo dónde la colocás. A mí se me había quemado y yo ya trabajaba a ojo. Entonces, ¡pum!, disparaba. Así que los artistas no veían lo que yo estaba haciendo y después, con el resultado final nos divertíamos un montón. Todos eran y son muy grossos”. Pero hace una distinción: “Yo quería ver a los artistas antes que a sus obras. Si venía con su obra de fondo, buenísimo, pero no era lo primordial. Era alucinante tomar los objetos, la mueblería, la arquitectura o lo que hubiera alrededor. Y en algún punto me olvidaba un poco de que capaz estaban enfrente Julio Le Parc, Antonio Seguí, Carlos Alonso, Marta Minujín o Elda Cerrato, por ejemplo. Me olvidaba porque ellos mismos me hacían olvidar quiénes eran y eso era genial: todos estaban muy agradecidos, y está bueno aprender de la humildad de tanto artista talentoso. Eso es lo que me llevo”.
-¿En qué te enriqueció como artista y fotógrafa el haberte abocado a estos retratos?
-Esto me abrió un mundo de posibilidades con relación a la investigación propia que tenemos los artistas: buscamos cosas constantemente y estamos en conexión con lo que pasa en nuestro hábitat. Lo que pasa terrenalmente y lo que pasa también en otros aspectos, en otras realidades… Yo siempre digo que la obra habla en la época en la que el artista vivió. Por más que haya una fantasía, en vez de un trabajo documental, por más que una obra tenga cierto vuelo experimental, hay algo que tiene que ver con relación al artista: ¿Dónde nació? ¿Dónde vive? Políticamente, ¿cómo es ese país? ¿Cómo es el contexto social? ¿Y el internacional? Por un lado, el arte es algo tan simple como lo que sentís, pero también puede ser muy complejo, porque hay que animarse a experimentar y a ir por diferentes caminos. Para mí, haber estado cuatro años visitando a estos grandes artistas fue muy inspirador.

Allí también está la película de 70 minutos para testimoniarlo: “Atraviesa diferentes estadios de temas y uno de ellos es cómo nace la idea, la creatividad: a veces estás haciendo cualquier cosa y decís ‘¡uy! se me vino’. Uno de los artistas dice en el documental que es como estar metiendo el carbón al fuego: estar ahí. Antonio Seguí dice en la película que la inspiración te tiene que encontrar en el taller, no en el café. Entonces, es claro: la fórmula es la disciplina, el trabajo”. ¿Qué más le quedó a Gaby Messina de todos ellos? “Me llamó la atención que gente tan grossa, con el camino realizado, todavía se preguntara por qué hace lo que hace. O si le puede llegar a interesar a alguien: ‘¿Por qué uno le está poniendo tanto tiempo?’”.
Y luego llegaba la propia respuesta de la persona retratada: “El arte es importante para la humanidad”. Así los recuerda Messina: “Era genial escucharlos hablar de todo eso, casi como riéndose de su propia obra. Después, el documental también habla de vivir del arte, o varias mujeres cuentan cómo fue elegir el camino del arte cuando se suponía que por una cuestión de género tenían que ir por otro lado. Era interesantísimo escucharlas”. Además le contaron “cómo fue hacer arte en tiempos de la dictadura. Muchos se tuvieron que ir forzadamente. Uno de los retratados cuenta que le dijeron que si a las 24 horas no se iba le mataban a las hijas”.
Pero “las entrevistas que yo hacía eran de artista a artista: yo no soy curadora, ni historiadora del arte ni periodista. Yo soy una artista con la misma curiosidad de ellos. Mi intriga era cómo piensa un creador con un recorrido como el de ellos, que constituyeron una marca en la historia del arte argentino, y muchos en el arte a nivel internacional, gracias a la valentía de haber generado algo propio sin mirar al costado -dice Messina-. Hay que animarse a hacer, decir, pensar o proponer algo, y llevarlo lúdicamente a una cuestión plástica o visual que no haya hecho nadie más. Y eso que se propone es único porque todos somos únicos. Lo importante es la honestidad para con uno mismo”.

-Una de las líneas de trabajo de tu obra son los adultos mayores. ¿Por qué?
-Cuando yo era chiquita e iba en el auto me hacía la señal de la cruz cuando veía pasar a alguna persona adulta mayor. Yo pensaba “¡ay, pobrecito, ya se va a morir!”. Quizá me quedó algo de eso: la desesperación de decir “hay que escucharte. Hay una sabiduría enorme en lo que hacés y decís, simplemente porque viviste más tiempo”. La ancianidad me llama la atención por eso. Hay algo del final de la vida que me hace decir: “Esto tiene que venir con algo más”. A veces nos olvidamos de que hay un camino que tiene un fin.
“Cuanto más cerca de la muerte estoy, más a la deriva estoy”, le dice Narcisa Hirsch. “Qué interesante, ¿no?”, piensa Messina. “A veces me pasaba que empezaba a tirar tipo titulares de notas, ponía la cámara en modo video y empezaba a grabar. Recién después hacía el retrato. Otras veces el artista estaba más vergonzoso y el retrato generaba una complicidad, un tiempo para conocerse. Y tuve que terminar el ciclo porque llegó la oportunidad de hacer la muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes: fue un sueño cumplido. Y hoy también agradezco a Cultura de Buenos Aires por haber habilitado esta muestra en el Museo Benito Quinquela Martín: ¿Qué mejor que ver a tantos maestros en la casa de un gran maestro?”.
Un proyecto para celebrar la negritud
Las prácticas de Gaby Messina incluyen fotografía, videoarte, cine documental, formatos experimentales e intervenciones site specific. Este año presenta Raíces de una Argentina afro en la Universidad de Virginia, Estados Unidos. ¿En qué consiste? “Después de mostrar las fotografías sobre los maestros de la pintura empecé a trabajar con temas de racismo, identidad, y ahora estoy con pueblos originarios, pero en ese momento era específicamente afrodescendencia en Argentina. Hice un montón de videos, retratos y proyectos lenticulares (que según los muevas forman una u otra imagen)”.
Entonces “hice un lenticular de ocho piezas y cada una es una letra y forma la palabra ‘quilombo’. Ahí lo que vos ves es gente que la está pasando bien, que es totalmente lo contrario al uso que tenemos los argentinos de la palabra quilombo. Y a medida que me fui metiendo en esos temas se me abrió una gran complejidad en relación con los manuales de historia, con la negación sistemática de los afrodescendientes. Con todo ello se mete mi proyecto Raíces de una Argentina afro”.

La muestra Maestros: El Bosque y el Árbol , de la fotógrafa Gaby Messina, puede visitarse en el Museo de Artistas Argentinos “Benito Quinquela Martín”, Av. Don Pedro de Mendoza 1835, La Boca, los lunes de 11 a 16 y de miércoles a domingos de 11 a 18. La entrada es libre y gratuita.