El Milagro salteño es uno de los acontecimientos más importantes y de profundo sentimiento que se puede vivir y compartir. Del 12 al 15 de septiembre de cada año los cientos de miles de peregrinos parten desde sus ciudades y parajes para renovar el pacto de fidelidad con sus santos patronos: el Señor y la Virgen del Milagro. Este año se movilizaron más de 680 mil personas para agradecer pero también para pedir por trabajo y salud.
Es una celebración religiosa que se volvió tradición desde 1692 cuando los sismos azotaron la zona y desde la catedral de entonces llevaron a las imágenes de Cristo Crucificado y La Virgen María en procesión. El movimiento sísmico cesó y desde entonces en gratitud los peregrinos llegan a la capital salteña, renuevan sus votos y acompañan a las imágenes en procesión en la capital salteña.
Uno de los que acompañó a los peregrinos fue el coordinador del Ente de Turismo de la Ciudad de Salta, Fernando García Soria. desde la semana anterior al Milagro estuvo en medio de la montaña por donde llegaban los peregrinos de la puna salteña hasta el paraje Alfarcito para descender por la Quebrada del Toro.
Y cuando todo terminó explicó a Tiempo que en Salta “el Milagro registró números similares a los que ocurren en un fin de semana largo”. Se refirió al 77 por ciento de ocupación en la capital desde el sábado 12 hasta el martes 15, el epicentro de la celebración. Semejante movimiento de gente impone organización. En este caso la iniciativa “Experiencias del Milagro, Vivencias de Fe” es articulada entre el Ministerio de Turismo y Deportes de Salta, la Municipalidad de la Capital, el Arzobispado y la Catedral Basílica, instituciones que ponen todo en una agenda que abarca cientos de miles de personas.

Por ejemplo, Susana Guzmán es de la Vicaría de Salud en uno de los barrios de la capital salteña y le contó a Tiempo que desde el mes pasado se organizaron para recibir en el predio de la rural salteña a los peregrinos que llegan desde la Quebrada del Toro. “Son como cuatro mil personas, las recibimos con todo entre unas 50 personas y las donaciones de la comunidad. Los atendemos, vemos qué necesitan, instalamos las carpas con puntos de hidratación. Llegan desde Orán bajan por la Quebrada del Toro, se van juntando todas las columnas en Alfarcito y después de dos días llegan aquí”, cuenta.
Desde esta zona también llegó Carmen Lama al predio de la rural. Hace 14 años que organiza la columna de peregrinos. “Este año se ha desbordado en varios lugares por la cantidad de gente, para dormir y comer. Nos tocó un clima muy sacrificado, pero nuestra fe nos mantuvo intactos”, le dice a Tiempo y se sorprende ella misma por la cantidad de gente que participó este año “En 2011, éramos cinco peregrinos y ahora somos como ocho mil. Gracias a Dios por haberme puesto en su camino”, agradece en voz alta.

No todos son salteños. Hubo sorpresa en la mirada de una pareja de Tandil que viajó 10 días para recorrer parte de Salta y Jujuy en plan de vacaciones. La noche previa a la ceremonia central no podía creer el movimiento incesante en plaza 9 de julio. Lo mismo pasó con un grupo de motoqueros, todos amigos que desde Quilmes en el conurbano bonaerense, recorrieron la Ruta Provincial 33 por la Cuesta del Obispo para conocer Cachi y se sumaron con banderas del Milagro en sus motos para hacer su travesía.
El Milagro en Salta tiene su epicentro de la celebración el día 15 de septiembre como marca la historia. Pero desde el 13 comienzan a llegar las columnas de los peregrinos y peregrinas desde cada rincón de la provincia que arrancan a caminar desde los primeros días del mes.
Peregrinos, trabajo y salud

La dimensión que representa más de medio millón de personas caminando solo se alcanza cuando se los acompaña y se los recibe a su llegada en la entrada de la capital. Allí está el predio de la rural salteña. Es una marea humana. Todos los parajes, pueblos y ciudades llevan en andas sus imágenes y patronos. Y todos le agradecen al Señor y la Virgen del Milagro. Pero hubo un pedido que se expresó sin medias tintas: trabajo y salud.
Es el caso de José Tolaba, que desde siempre hace la peregrinación y llegó a Salta desde Cerro Negro, varios días de caminata. En uno de los escalones de la grada frente a la pista central de la rural, abrigado con un poncho salteño, el clásico de color rojo grana con el listón negro y frente a la movida del Milagro le cuenta a Tiempo que pide por trabajo “porque no hay, falta”.
Después del descanso, los más aplaudidos cuando ingresan a la Plaza 9 de Julio frente a la Catedral Basílica de Salta son quizás quienes marchan 10 días desde los puntos más extremos de la provincia como los llegan desde Santa Victoria Oeste en la frontera con Bolivia, Nazareno, Tolar Grande, Iruya, San Antonio de Los Cobres y recorren unos 600 kilómetros entre sendas y por las montañas. Pero todos saludan, aplauden y abrazan.

Desde las semanas previas se pueden divisar columnas, como la que encabezó el doctor en Ciencias Veterinarias Walter Chahin, de la finca Villa María de Cachi, en los valles calchaquíes. Bajaron desde las montañas por la Quebrada del Obispo, por la Ruta provincial 33 que une a la capital salteña y los valles con Payogasta y Cachi, y el Parque Nacional Los Cardones, entre muchísimas localidades. “Hace 18 años que empecé y cada peregrinación es una historia. Incluso estoy escribiendo un libro sobre esto. Hoy más que nunca me doy cuenta que la ansiedad es la misma y cada vez, es todo distinto. Se renueva año a año el pacto de fidelidad”, le explica a Tiempo en un alto del camino para reagruparse y descansar. “Es cuestión de Fe. No hay otra cosa”, explica y se ilumina cuando se le consulta sobre la llegada del Papa Leon XIV, que estará en la Argentina del 8 al 11 de noviembre. “Si el Papa ve esto, se muere. Esto no existe. Conozco el país entero, pero esto no lo vi en ningún lado”, subraya Chahin.
Los distintos pedidos en el Milagro

María Guaymas llegó el lunes por la mañana a la capital salteña y junto con miles de peregrinos se buscó un rinconcito dentro del predio de la rural de Salta. “Pido por todo, por toda la gente y por el mundo entero”, le cuenta a Tiempo. “Oramos por la paz y por muchos trabajos que estamos pidiendo y más por la juventud”, dice y comenta que este año hay más gente que otros años y se lo acredita a que “muchos necesitan, mucha gente está enferma y mucha juventud no tiene trabajo ni le alcanza para pagar el estudio y vienen a pedir por eso”, concluye.
Curas y frailes
El pueblo es todo. Desde chicos hasta madres que llevan a sus pequeños en la espalda y gente grande. Todos peregrinan. El intendente de Campo Quijano, Lino Yonard, le dice a Tiempo que “todo el camino se suman peregrinos de distintos parajes, que son unos 20 parajes”, explica. Hay gente de todas partes. Ernesto Carlos Ferraro es cura en San Nicolás en la provincia de Buenos Aires y hace tres años viene a la Peregrinación del Milagro. “Fue una promesa que en un momento le hice al Cristo del Milagro de bajar con peregrinos y acá estamos. Iba a venir una sola vez, y ya es el tercer año. Es de una magnitud impresionante”, le contó a Tiempo.

Jesús Gómez es fraile, nació en Tartagal, Salta y trabaja en la Casa Jovenes Hermano Francisco en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires. “Recibir de la bondad de dios expresada de en tantos y tantas que salen al camino y generosamente comparten de lo suyo”, le dice a Tiempo como reflexión de lo que se siente al compartir la peregrinación.
“Es un esfuerzo inmenso, pero también es la esperanza la que te conduce, la que te ayuda, y la gente cómo se apoyan unos a otros. Hubo un momento de frío, de llovizna, jugó un poco en contra, pero el ánimo no decayó”, le cuenta a Tiempo el fraile. “Hoy sin duda nuestro país está pasando una situación sumamente compleja. Los cristianos nos aferramos al pedido y a la súplica del trabajo, del pan, de que estemos un poquito mejor, involucrándonos, pero pidiendo el auxilio y la ayuda de nuestro Dios”, resume.


