Acompañado por Karina Milei y el canciller Pablo Quirno, el Presidente alteró su agenda institucional y postergó su discurso en la Expo Rural para encabezar en San Pablo la convención de la ultraderecha norteña a meses de los comicios presidenciales.

La visita oficial se dará en un marco de explícita tensión con el gobierno de Luiz Inácio «Lula» Da Silva, quien buscará su reelección en los comicios del próximo 4 de octubre al frente de una coalición de centroizquierda que lidera las preferencias en los sondeos de opinión. En lugar de priorizar el vínculo bilateral con el principal socio comercial y estratégico de la Argentina, Milei optó por desplegar una agenda partidaria en la que será recibido con honores militares por el gobernador paulista, Tarcísio de Freitas, en el Palacio dos Bandeirantes, donde se le impondrá la Orden de Ipiranga en el grado de Gran Cruz.
Tras la ceremonia oficial, la comitiva argentina mantendrá una reunión de trabajo cerrada junto a De Freitas, el intendente Ricardo Nunes y el propio Flávio Bolsonaro, hijo del condenado ex mandatario Jair Bolsonaro. El plato fuerte del viaje tendrá lugar por la tarde en el Mercado Livre Arena Pacaembú, donde el Presidente argentino será el orador central durante la Convención Nacional del Partido Liberal, espacio político desde el cual se oficializará el lanzamiento de la boleta opositora que intentará desplazar al actual gobierno brasileño.
El itinerario diseñado por la Casa Rosada sufrió un duro revés en el plano judicial tras la negativa del Tribunal Superior Federal de Brasil de habilitar una foto política entre Milei y Jair Bolsonaro. El juez Alexandre de Moraes desestimó un recurso presentado por la defensa del ex presidente —quien cumple prisión domiciliaria tras ser condenado a 27 años de cárcel por intentar un golpe de Estado en 2022— y ratificó la prohibición estricta de visitas políticas. La decisión judicial frustró el plan del libertario de trasladarse a Brasilia y exponer una vez más la diplomacia argentina en apoyo a figuras acorraladas por la justicia.
Esta nueva incursión del mandatario en la escena política de la región ratifica una política exterior sesgada por las afinidades de facción por sobre los intereses de Estado. Al involucrarse de forma directa en el proceso electoral brasileño para inflar la candidatura de la familia Bolsonaro, la gestión libertaria pone en riesgo el pragmatismo comercial del Mercosur y consolida un esquema de aislamiento estratégico respecto de los gobiernos democráticos del continente.
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