El verdadero núcleo del plan de Milei está en la reforma laboral, un retroceso brutal que busca hacer desaparecer conquistas del movimiento obrero y disciplinar a las nuevas generaciones.

Como dictara aquel poema o famosa frase que se le adjudica a Bertolt Brecht, el gobierno va montándose en estereotipos instalados hace tiempo y va construyendo enemigos para avanzar sobre reformas estructurales. Más temprano que tarde va a quedar en evidencia la penosa Argentina que están queriendo construir: la de los trabajadores y trabajadoras que laburan catorce o dieciséis horas para llegar a cubrir lo mínimo y necesario, la que quiere terminar dando por tierra las cajas jubilatorias y descarta a los viejos, chicos y chicas, y personas con discapacidad.
Pero este jueves 18 vamos a la calle. Marchamos porque la historia nos convoca, porque a nosotros nunca nadie nos regaló nada. Porque el gobierno de Milei quiere barrer con más de un siglo de derechos conquistados.
El DNU y la Ley Ómnibus son apenas la punta del iceberg. El verdadero núcleo del plan de Milei está en la reforma laboral, un retroceso brutal que busca hacer desaparecer no solo las conquistas del movimiento obrero, sino también disciplinar a las nuevas generaciones e impedir cualquier forma de organización. Esa rara idea de libertad en la que participar de una asamblea sea motivo de descuento en el salario o denuncia penal, está plasmada en este proyecto.
No es sólo un ajuste. Es un intento de aniquilar la Argentina de trabajadores dignos con derechos. Sabemos que millones están afuera de la regulación protectoria del trabajo, y que ese gravísimo problema se debería haber enfrentado antes. Pero es una burla del gobierno promover equiparar para abajo y decir que en una crisis como la actual, en la que cierra una fábrica cada día, esta reforma generaría más empleo.
Quieren borrar el 14 Bis de la Constitución. Suprimir la estabilidad laboral, las licencias, las indemnizaciones, la negociación colectiva. Quieren dejar a nuestros adultos mayores sin sistema previsional, a nuestras infancias sin cuidados, a las personas con discapacidad sin protección. Mientras eximen de impuestos a los que más tienen.
Es como legalizar la exclusión y el reparto desigual de la riqueza. Como si nos dijeran que este modelo ya no nos necesita. Que no hay lugar para nosotros. Que sobran las escuelas, los hospitales, los sindicatos y los trabajadores y trabajadoras.
Pero no vamos a aceptar esa condena. El 18 empieza una nueva etapa. Porque la salida es colectiva. Porque la unidad del movimiento obrero se está construyendo en la calle.
Queremos un país con industria, con trabajo digno, con un Estado presente, con universidades abiertas y en la que puedan estar todos, con ciencia y tecnología, con jubilados cuidados y niños y niñas con futuro.
No queremos volver al siglo XIX. Hacernos cargo de nuestra historia es saber que todo lo que tenemos no nos lo regaló nadie, lo ganamos con nuestra sangre. Hay que parar esta reforma y frenar este proyecto de miseria planificada.
El 18 volvemos a estar de pie. Como tantas veces. Y todas las veces que sea necesario.
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