La emisión de "Tuttle Twins", una serie estadounidense de propaganda ultra liberal, marca un giro ideológico radical en la grilla de la señal pública infantil. Basada en los libros del conservador Connor Boyack, promueve el "libre mercado".

La serie está basada en la colección de libros de Connor Boyack, activista de ultraderecha y presidente de la Fundación Libertas, un think tank que promueve la desregulación económica y la privatización de servicios públicos. El programa fue producido por Angel Studios, una compañía ligada al activismo religioso conservador, conocida por financiar contenidos a través de crowdfunding con fuerte impronta ideológica. En Tuttle Twins, los protagonistas -Ethan y Emily- viajan en el tiempo con su excéntrico tío para aprender lecciones sobre el libre mercado, los peligros del colectivismo y el valor supremo de la propiedad privada.
No hay zonas grises en el universo narrativo de la serie: el Estado aparece como una figura opresiva, los impuestos como un robo y la intervención gubernamental como la fuente de todos los males. Con un estilo narrativo didáctico y caricaturesco, el programa busca «despertar» a los más chicos frente a lo que considera una peligrosa «adoctrinación estatista». El mensaje es claro y martillado con insistencia: cuanto menos gobierno, mejor.
La decisión de emitir Tuttle Twins en la televisión pública generó sorpresa —y alarma— entre docentes, especialistas en educación y antiguos integrantes del canal. En redes sociales, la historiadora y exdirectora de la señal Cielo Salviolo expresó: “No es libertad de expresión, es propaganda antiderechos en horario infantil”. La reacción da cuenta del quiebre que significa esta programación para una señal que, durante años, promovió valores de inclusión, justicia social y construcción colectiva.
El giro ideológico coincide con los lineamientos del actual gobierno nacional, que desde su asunción impulsa un recorte drástico del Estado y una ofensiva cultural contra lo que denomina “el adoctrinamiento progresista”. En ese marco, la incorporación de Tuttle Twins en la grilla de Paka Paka parece menos una decisión editorial que una declaración de principios: una apuesta por disputar el sentido común desde la infancia, con dibujos animados como punta de lanza.
Detrás de las aventuras de Ethan y Emily, se filtra una pedagogía del sálvese quien pueda. En lugar de explicar cómo se construye una comunidad, se enseña cómo defender la propiedad individual; en lugar de mostrar derechos, se promueve el miedo al Estado. No es una metáfora: en uno de los episodios, los protagonistas conocen a Karl Marx -dibujado como un villano sin matices- y lo enfrentan en una batalla de argumentos sobre el valor del capitalismo.
En otros tiempos, PakaPaka celebraba la historia de los pañuelos blancos, la ciencia pública y los movimientos sociales. Hoy, en su pantalla, los hermanos Tuttle enseñan que los impuestos son una forma de esclavitud moderna. La señal que nació para ampliar derechos parece hoy reducida a una versión animada del Ministerio de Desregulación.
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