El presidente presentó un método de confección del gasto público que se basa en no superar los ingresos restado el pago de los intereses de la deuda pública.

Milei intentó demostrar que en 2025 “y en todos los ejercicios subsiguientes”, como reza el artículo 1 del proyecto de ley de Presupuesto, el pago de la deuda pública estará, como hecho de decisión política, antes que el pago de las jubilaciones, los salarios de los estatales, y las partidas para cubrir las necesidades populares de salud, educación y seguridad.
Antes, incluso, de las necesidades del Estado de seguridad y defensa.
El presidente lo dijo con detalle al momento de explicar en qué consiste el déficit cero. Todos los gastos estarán sujetos a una ecuación que se compone de dos elementos conocidos: los ingresos corrientes menos el pago de la deuda. Lo que quede será para el resto del gasto.
Milei metió todo en la bolsa de gastos sujetos al pago de la deuda. Explicó que los gastos se dividen en dos partes: de un lado, los que están vinculados a la inflación; y del otro, los que son discrecionales. Milei aseguró que si los fondos disponibles no alcanzan para pagar todos los gastos, comenzará a reducirlos gastos discrecionales, pero que los que tienen movilidad (como las jubilaciones) por ley también podrán ser ajustados.
La “novedad histórica” que presentó Milei no es más que una nueva versión de la ley 25.453 de junio de 2001, impulsada por el gobierno de Fernando de la Rúa, que establecía el “equilibrio fiscal” para lo cual establecía una “programación” trimestral de gastos que debían ajustarse a los ingresos.
Más allá de que Milei no explicó el detalle de cómo piensa ejecutar el método, con qué ritmos y con qué excepciones, lo cierto es que el diputado José Luis Espert dijo que el año que viene el gobierno podía llegar a dar aumentos (se supone que por encima de la inflación) de salarios a los docentes y a los trabajadores de la salud, y de haberes a los jubilados.
Eso habla de un intento de reducir el nivel del ajuste. Sin embargo, la pretensión deberá superar la prueba de la depresión económica, que impedirá que la recuperación del año próximo recupere todo lo perdido en este. Por eso, lo de Espert llamó la atención por lo etéreo.
La certeza del pago de la deuda debería influir en forma directa en el riesgo país, que es la percepción que tienen los especuladores sobre un posible default argentino: “Sos riesgoso, si querés que te presté, te cobo más”, dicen los dueños globales del dinero. Y esa percepción de riesgo es el riesgo país, compuesto básicamente por la cotización de los bonos argentinos que se transan en Wall Street.
Milei se esforzó por dejar en claro que quería reducir el riesgo país. Contradijo al vocero Manuel Adorni, que en el 16 de julio se había animado a decir que “no nos ocupa el riesgo país”.
Para Milei, una reducción del riesgo país ayudaría a atraer inversiones y a reducir la volatilidad de la moneda. La garantía del pago de la deuda está al servicio de ese objetivo porque Milei precisa del capital extranjero para viabilizar cualquier intento de revalorización de los bonos públicos en moneda extranjera y en manos de fondos de inversión y especulativos.
Solo así se entienden exageraciones de Milei como «Blindar el equilibrio fiscal para siempre». Nada es para siempre, decía Fito Paez con la compañía de Fabiana Cantilo. Milei no se enteró.
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Pensar "primero cuánto tenemos que ahorrar, para después ver cuánto podemos gastar" es un disparate sin lógica alguna! Nunca sabremos cuánto tenemos que ahorrar si primero no estimamos a cuánto ascenderán los ingresos y a cuánto las necesidades ineludibles del estado! Y los ingresos dependen del nivel de actividad y de las medidas que se tomen para impulsarla; los ingresos nunca aumentan con más recesión!