El presidente replicó y luego borró un tuit que pedía la invasión a la provincia gobernada por Axel Kicillof. Las críticas llegaron de todos los sectores.

En la red social X, el presidente replicó un mensaje que pedía explícitamente al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y al Ejército de Israel bombardear la provincia de Buenos Aires. El gesto, breve en apariencia, desató una tormenta.
La escena se vivió como un episodio de surrealismo político: un presidente que, en medio de tensiones internacionales, decide amplificar un llamado a bombardear su propio país. El retuit fue borrado rápidamente, pero el daño ya estaba hecho. La captura circuló, se viralizó y quedó como testimonio de un estilo de gobierno que confunde provocación con liderazgo.
Más allá del gesto puntual, lo que se expuso fue una forma de ejercer el poder: gobernar desde la red social, sin medir consecuencias, con un tono beligerante que erosiona la institucionalidad. La crónica de este episodio no es solo la de un retuit, sino la de un presidente que parece dispuesto a dinamitar los límites de lo aceptable en la política argentina.
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