El trío oriundo de Minsk visitó por segunda vez la Argentina. Una noche en C Art Media repleta de post punk, cold wave, electrónica minimalista y brutalismo. Un soviet bailable.

El trío oriundo de Bielorrusia anda de gira global presentando Belaya Polosa (2024), su último disco. Dosis desparejas de post punk, cold wave, electrónica minimalista y otros ritmos maquinales condimentados con estética y poesía sombría, brutalista, muy nostálgica, algo desencantada. La banda de sonido de otra gran novela rusa.
Reina el color negro en el boliche para recibir a la banda nacida y criada en Minsk, la capital de la “Rusia blanca”. De rojo bolchevique se tiñe el escenario cuando salen al ruedo los tres barbudos. Toman el Palacio de Invierno con“Kolesom”, “Ty Zhe Ne Znaesh Kto Ya” y “III”. En el campo se baila como en una revolución.
Egor Shkutko canta y danza en trance al frente. La santísima trinidad se completa con Roman Komogortsev acariciando la guitarra y los sintetizadores y Pavel Kozlov machacando el bajo y otras máquinas. Un ejército rojo ataviado en tonos darks.
La deriva tiene paradas en S krysh nashikh domov (2017), Etazhi (2018) y Monument (2020), el tridente de discos que erigió este monumento sonoro repleto de sintetizadores fríos, bajos punzantes y voces monocordes. Aires a Joy Division, Bauhaus y Kinó, banda emblema del rock eslavo en tiempos de la Perestroika, entre la última URSS de Gorbachov y la Rusia de Yelstin, el gran puticlub del hampa universal.
Para grabar Belaya Polosa, los pibes dejaron atrás la madre patria -se mudaron a la yanqui Los Angeles- y un poco su esencia híperminimalista para tirarse de cabeza en un synthpop ochentoso a la sombra de Depeche Mode que borra fronteras e idiomas. Los Molchat Doma te llevan de paseo por un dancefloor de Minsk con “Discoteque” o despegan al espacio como Yuri Gagarin con “Na Dne”, “Kletka” y “Toska”.
Una hora y monedas de infierno encantador. Con “Tacevat” el campo se derrite. “Spasivo”, agradecen los Molchat Doma el calor de la hinchada. La última carga de caballería de los cosacos es con “Sudno”. Se baila hasta que las piernas no dan más. Somos eternos mientras Shkutko recita su mantra: “Vivir es duro e incómodo, pero morir es cómodo”. Poema bello, plebeyo, desde Bielorrusia con amor.
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