En algún momento de 1991, Mike Patton tuvo que haber parecido una anomalía incluso para quienes ya lo conocían. Tenía poco más de veinte años, cantaba en Faith No More, una banda que acababa de descubrir que podía convertir el rock pesado en un asunto de alcance masivo, y al mismo tiempo pertenecía a Mr. Bungle, un grupo que parecía hacer todo lo posible para que nadie supiera qué demonios estaba escuchando. Mientras “Epic” convertía a Faith No More en una presencia habitual de la radio y la televisión, Patton podía pasar de un proyecto al otro como si no existiera contradicción entre ambos mundos.

El primer disco de Mr. Bungle salió en agosto de aquel año. Llegaba producido por John Zorn, una figura central de la vanguardia neoyorquina, y su aparición coincidió con uno de esos momentos en que la música popular parecía estar cambiando de piel a toda velocidad. Nirvana estaba a punto de hacer estallar Nevermind. El metal empezaba a descubrir nuevas formas de circulación. El hip hop ampliaba sus territorios. El rock alternativo dejaba de ser un asunto estrictamente marginal. Y en medio de ese movimiento, Mr. Bungle no parecía pertenecer a ninguna escena.

O, quizás, parecía pertenecer a todas. “Quote Unquote” abre el disco como si alguien hubiera arrojado una bolsa de instrumentos sobre una mesa y hubiese decidido que el accidente era una forma válida de composición. Una guitarra pesada, una batería que se desplaza con una precisión casi quirúrgica, saxos, teclados, ruidos, voces que aparecen y desaparecen. Cuando parece que finalmente va a instalarse un riff, la canción cambia de dirección. Cuando aparece un groove reconocible, algo lo interrumpe. La música avanza por acumulación, pero nunca se desborda.

Ahí está una de las claves de Mr. Bungle: el caos está trabajado. La banda no amontona géneros para demostrar cuánto sabe. Los utiliza como materiales. Funk, metal, ska, jazz, hardcore, lounge, música de circo, pop, ruido, música de películas. Todo puede entrar, pero nada queda intacto después de pasar por ese mecanismo.

Mr. Bungle: un carnaval deforme, John Zorn y las puertas abiertas del universo de Mike Patton

Trevor Dunn en el bajo, Trey Spruance en guitarra, Danny Heifetz en batería y los demás integrantes construyen una música que exige una escucha distinta. No alcanza con identificar las influencias. Hay que seguir los desplazamientos. Un compás puede durar lo suficiente para que el oído crea haber encontrado un lugar seguro y desaparecer inmediatamente después. Un pasaje parece una parodia y, antes de que el chiste termine de instalarse, aparece una ejecución instrumental extraordinariamente compleja.

El mérito consiste también en no confundir complejidad con solemnidad. Mr. Bungle puede tocar como una banda de virtuosos y comportarse como una pandilla de adolescentes maleducados. Las letras están llenas de sexo, fluidos corporales, violencia, fantasías, frustraciones y humor negro. “Squeeze Me Macaroni” convierte el deseo en una sucesión de imágenes grotescas; “My Ass Is on Fire” lleva la provocación hasta el absurdo; “The Girls of Porn” directamente decide que el mal gusto puede ser una materia estética.

Patton canta todo eso sin asumir nunca una única personalidad. Puede sonar seductor y desagradable, infantil y monstruoso, teatral y animal. No se limita a interpretar una melodía: transforma la voz en un instrumento de percusión, en un efecto sonoro, en una máscara. Grita, murmura, balbucea, emite sonidos guturales, caricaturiza. Lo que para otros cantantes sería un recurso ocasional, para él se convierte en lenguaje.

Es importante recordar que aquello sucedía antes de que el nombre de Mike Patton adquiriera la dimensión que tendría después. Para entonces ya estaba en Faith No More y su presencia allí había empezado a llamar la atención, pero todavía faltaba buena parte del recorrido: Fantômas, Tomahawk, Peeping Tom, sus trabajos con John Zorn, sus colaboraciones con músicos de jazz, electrónica, música experimental y bandas sonoras. Mr. Bungle permite escuchar el momento en que esa identidad todavía estaba formándose y, al mismo tiempo, ya resultaba evidente que aquel cantante no entendía la voz como una categoría fija.

Mr. Bungle: un carnaval deforme, John Zorn y las puertas abiertas del universo de Mike Patton

John Zorn fue una pieza fundamental para que esa anomalía llegara a un disco. Zorn produjo el álbum y su presencia no fue un simple crédito de prestigio. Desde años antes, el saxofonista y compositor había trabajado sobre una idea que resultaba natural para Mr. Bungle: las fronteras entre géneros podían ser atravesadas sin pedir autorización. Jazz, hardcore, música contemporánea, rock, bandas sonoras, improvisación. Zorn había hecho de esa convivencia conflictiva una estética.

Su relación con Patton también era algo más que circunstancial. Ambos compartían una curiosidad musical que terminaría profundizándose durante las décadas siguientes. Para el cantante, Zorn representaba la posibilidad de que el rock no tuviera que ser el centro del universo. Había otras tradiciones, otras técnicas, otras formas de entender el ritmo y la composición. Para Zorn, Patton era una voz capaz de moverse dentro de ese territorio con una libertad poco frecuente.

El primer Mr. Bungle funciona entonces como una especie de cruce de caminos. Está el metal que se endurecía y se sofisticaba, está el funk que había entrado en el rock pesado, está el jazz de vanguardia, está la cultura del hardcore, está el humor deforme de Frank Zappa y está, sobre todo, una voluntad de no aceptar la obligación de elegir.

En 1991 esa decisión tenía algo de provocación. El rock estaba construyendo nuevas escenas y, como suele ocurrir, también nuevas fronteras. Mr. Bungle no necesitaba pertenecer a una de ellas. Su música parecía hecha para sabotear cualquier intento de clasificación. Eso explica en parte por qué el disco tardó en encontrar su lugar y también por qué terminó encontrando tantos herederos.

Su influencia se puede rastrear en buena parte del metal alternativo y experimental de las décadas siguientes. Pero reducirla a una lista de bandas sería perder lo esencial. Lo que dejó Mr. Bungle fue una autorización. La posibilidad de que una banda pesada incorporara humor sin convertirse en una banda cómica; de que un músico virtuoso pudiera tocar música absurda sin esconder su virtuosismo; de que una canción pudiera cambiar de género varias veces sin necesidad de justificar el procedimiento.

Mr. Bungle: un carnaval deforme, John Zorn y las puertas abiertas del universo de Mike Patton
John Zorn, saxofonista y compositor de free jazz y música contemporánea, fue el productor del disco.

También dejó una lección sobre la escucha. El disco no pide admiración inmediata. Pide atención. Hay canciones que parecen una sucesión de bromas privadas hasta que aparece un pasaje instrumental que obliga a volver atrás. Hay momentos de virtuosismo que podrían resultar insoportables si no estuvieran atravesados por una imaginación tan juguetona. Hay una tensión permanente entre el placer de tocar bien y el placer de arruinar lo que acaba de funcionar.

Treinta y cinco años después, esa tensión sigue siendo el corazón del álbum. Escuchar Mr. Bungle hoy implica reconocer cuánto de aquella extravagancia terminó siendo incorporado por el rock posterior. Pero también significa descubrir cuánto permanece irreductible. Hay sonidos que envejecieron, referencias que quedaron pegadas a los primeros noventa, provocaciones que perdieron parte de su capacidad de escándalo. Lo que no envejeció es la sensación de libertad.

Patton seguiría buscando esa libertad durante toda su carrera. Nunca se conformaría con ser “el cantante de Faith No More”, del mismo modo que nunca aceptaría que una técnica vocal tuviera que estar asociada a un solo género. Su trayectoria posterior puede leerse, en buena medida, como la expansión de aquella intuición inicial: la voz podía ser melodía, ruido, actuación, percusión, personaje, textura. Podía cantar una canción pop y, unos minutos después, convertirse en algo que ya no parecía pertenecer al vocabulario del rock.

Pero todo eso todavía estaba por venir. En Mr. Bungle, Patton tenía poco más de veinte años y una banda formada con amigos de Eureka, California. No había todavía una leyenda que confirmar ni una carrera extraordinaria que justificar retrospectivamente. Había un grupo de músicos que había descubierto que podía hacer prácticamente cualquier cosa si encontraba la manera de hacerla sonar bien.

Quizá por eso el disco conserva esa energía tan particular. No suena como la obra de artistas que ya conocen su lugar en la historia. Suena como el trabajo de quienes todavía están descubriendo hasta dónde pueden llegar. Y llegan bastante lejos. En 1991, mientras buena parte del rock buscaba el próximo sonido, Mr. Bungle decidió que podía haberlos todos. Fue una extraordinaria manera de empezar.

«Mr. Bungle» – Mr. Bungle

1 – «Quote Unquote»
2 – «Slowly Growing Deaf»
3 – «Squeeze Me Macaroni»
4 – «Carousel»
5 – «Egg»
6 – «Stubb (A Dub)»
7 – «My Ass Is on Fire»
8 – «The Girls of Porn»
9 – «Love Is a Fist»
10 – «Dead Goon»