Siempre los festivales son una forma de encuentro y de celebración colectiva: sirven para encontrarse, bailar, comer algo, compartir un momento y, en este caso, tener una tarde para recordar que la solidaridad también puede tener ritmo. El Murgapalooza es un evento que no tienen fines de lucro, sino una idea concreta de ayudar. Este sábado 12 de septiembre, de 13 a 21, en la Escuela Normal Superior N° 2 Mariano Acosta, en 24 de Noviembre 280, se realizará la sexta edición, con ocho murgas, feria, comida, sorteos, juegos y actividades para chicos y chicas. Todo será a beneficio del Proyecto Malimán-Huaco.

Detrás de la organización está, entre otros, Sebastián Stagnaro, ex alumno del Mariano Acosta, estudiante de Economía y, a sus 21 años, uno de los jóvenes que tomó la posta de una actividad que ya lleva más de una década. El objetivo es concreto: reunir fondos para el viaje que cada año realiza una delegación de la comunidad educativa hacia cinco escuelas de la precordillera de San Juan. “Básicamente lo hacemos porque todos los años necesitamos una mezcla de donaciones y plata para cubrir alimentos perecederos para llevar a San Juan. Eso lo cubrimos con lo que recojamos ahí”, cuenta Sebastián.

Murgapalooza: cuando la solidaridad también tiene ritmo
La sexta edición del Murgapalooza se realizará este sábado en el Mariano Acosta

El Proyecto Malimán-Huaco funciona desde hace más de 40 años y apadrina escuelas de las localidades sanjuaninas de Malimán y Huaco. Una vez por año, docentes, estudiantes y otros integrantes del Mariano Acosta viajan hasta allí para convivir durante una semana con esas comunidades.

Sebastián ya fue tres veces y conoce los dos pueblos. La distancia, dice, no se mide solamente en kilómetros. “Es muy diferente, mucha precariedad, prácticamente un abandono total del Estado. Hay pobreza, muchísima, pero también mucho sentido de comunidad porque, aparte, el pueblo más grande tiene un poco menos de mil habitantes y entonces como que se ayudan entre ellos. Hay un descreimiento total del Estado y un poco también de la educación, por un tema de que no llega. Ese es más o menos el ambiente que hay”, describe Stagnaro.

En Malimán y Huaco, la vida transcurre entre el campo y la minería. La mayoría de los habitantes son campesinos y trabajadores rurales. Quienes trabajan en las minas pueden pasar semanas fuera de sus casas. “Las minas y el campo son prácticamente todo. Y lo que sería la clase alta de allá son los mineros, que capaz se van, viven en las minas quince días y quince días en la casa. Es como la clase alta de allá”, explica.

Para ayudar a esas escuelas, el Murgapalooza propone una fórmula sencilla: juntar a mucha gente alrededor de algo que disfruta. La música es el motor. Este año pasarán por el escenario Le Puse Cuca, Kimba Candome, Doña Janer, Basta de Cháchara, Cebadores Ilustres, La Retirada, La Ronda Mon y La Notalpié. La mayoría son agrupaciones de estilo uruguayo y también habrá espacio para el candombe.

La selección de las murgas forma parte del trabajo previo de producción. “Hay un tipo que se llama Mario, que también participa de la organización y es parte de una de las murgas. Él es el que se encarga de elegir las murgas que van a venir. Nosotros, con un par más, nos encargamos de que la escuela esté disponible para la fecha, de conseguir el espacio, el sonido, organizar todo lo que sea comida y todo eso”, cuenta Sebastián.

Murgapalooza: cuando la solidaridad también tiene ritmo
El objetivo del Murgapalooza es ayudar a escuelas de la precordillera sanjuanina

Pero el Murgapalooza no se termina cuando dejan de sonar los bombos. Durante la jornada habrá puestos de feria, buffet, sorteos, juegos y actividades pensadas para estudiantes de primaria y secundaria. No es un detalle menor: parte del proyecto consiste también en llevar propuestas lúdicas y actividades a las escuelas sanjuaninas.

La elección de la murga tampoco es casual. En general, las agrupaciones que participan tienen una mirada política y social marcada. Las letras hablan de lo que pasa alrededor, cuestionan, discuten y toman posición. Para Sebastián, ese espíritu forma parte de la identidad del encuentro. “Las letras son todas con mensajes políticos. Yo recuerdo que en los últimos años ninguna de las murgas vino con canciones de las flores y los arcoíris. Es una mezcla de combativo a la derecha, por así decirlo, y muy solidario con la gente en general”, dice.

En ese sentido, el festival también funciona como una fotografía del clima que atraviesa al propio Mariano Acosta. Sebastián lo mira ahora desde afuera, como ex alumno, pero sigue atento a lo que sucede puertas adentro. “Hay un clima combativo. El Acosta siempre tuvo medio eso de ser un centro de estudiantes muy organizado, muy presente. Este año creo que se pusieron todavía más en la tarea de representar al estudiante, en todo lo que sea. El año pasado se vio una mezcla de combate y resistencia contra el gobierno, por así decirlo”.

Las murgas llegan sin cobrar cachet. La organización solamente les garantiza la comida. Ese gesto, en un contexto económico complicado, es para Sebastián una parte central del sentido del festival. “La verdad nos parece un espacio bastante único. Las murgas vienen gratis, nosotros lo único que les damos es la comida. Y en un contexto como este, con el país como está y con el presidente que tenemos, la verdad dice un montón de la gente que participa y que viene. No es solamente ‘sálvese quien pueda’”.

Sebastián también lleva esa mirada crítica a su propia carrera. Estudia Economía y observa desde allí una realidad que muchas veces no encaja con los manuales. “No me escudo mucho en lo que dicen los manuales de economía clásicos. No es la realidad, claramente. Y justo en Economía, por lo menos, me da la impresión de que la mayoría de los estudiantes son bastante privilegiados. No es gente que tenga que romperse el culo. Muchos los mantienen los padres, muchos vienen de otras provincias y los viejos les pagan un departamento. No es gente que la esté pasando precisamente mal en esta situación”.

El Murgapalooza busca poner esas realidades en contacto. Buenos Aires y la precordillera. Una escuela y otras cinco. Una tarde de música y una necesidad concreta. El festival será el sábado 12, pero el viaje a San Juan llegará a principios de octubre, entre el 1 y el 2, cuando todo lo recaudado se transforme en alimentos y recursos para las escuelas.

La propuesta es simple y, quizás por eso, poderosa: acercarse, escuchar, bailar, comer, participar y colaborar. Las puertas abrirán a las 13 y las murgas comenzarán a presentarse desde las 16. La entrada anticipada cuesta $7000 y en puerta tendrá un valor de $10.000. Se consigue a través de la cuenta de Instagram @murgapalooza26. Una tarde de murga puede terminar en la noche. Pero lo que se junte ahí seguirá viajando mucho más lejos. Cruzará la ciudad y la ruta hasta llegar a Malimán y Huaco. Y, por un rato, hará que dos geografías muy distintas se acerquen un poco más.

Murgapalooza

Festival solidario con la participación de Le Puse Cuca, Kimba Candome, Doña Janer, Basta de Cháchara, Cebadores Ilustres, La Retirada, La Ronda Mon y La Notalpié. Entrada anticipada: $7000, a través de @murgapalooza26. En puerta: $10.000. El sábado 12 de septiembre, de 13 a 21, en la Escuela Normal Superior N° 2 Mariano Acosta, 24 de Noviembre 280.